En la Mixteca poblana viven actualmente los descendientes de 3 grandes culturas: náhuatl, nguiva (populoca) y ñu saavi (mixteca). Son diferentes, es cierto, pero las tres culturas comparten la misma matriz civilizatoria, la que surgió en esta parte del planeta Tierra.

Está devastada, es cierto, pero no apenas de hace algunos días para acá, a raíz del fuerte temblor del pasado 19 de septiembre.

No. La muerte y la destrucción vienen de más atrás: del cataclismo que significó la Conquista y la ulterior colonización por parte del Occidente cristiano.

La Mixteca poblana, como todas las diferentes regiones indígenas de México vive y muere una guerra de exterminio y despojo que lleva ya 5 siglos y no termina. Una brutal colonización no sólo de cuerpos y territorios sino, y sobre todo, de pensamientos.

Un auténtico genocidio cultural, es lo que está ocurriendo: milenarias culturas están al borde de desaparecer, para siempre.

No es una exageración, apenas el siglo pasado, todavía se hablaban de manera cotidiana las respectivas lenguas de estas 3 culturas.  Pero llegaron las escuelas primarias las que,  bajo el pretexto de alfabetizar, pero en castellano, fueron responsables de prohibir el uso de la lengua originaria, so pena de castigo corporal a los niños que se atrevieran a hablarla. Hoy sólo se hablan en pequeñas comunidades, por pocas personas.

Primero se impuso el español, hoy se está imponiendo el inglés.  No hay diferencia entre los dos, ambos vienen de Europa, son parte del proceso de colonización.

Y no sólo se imponen lenguas extranjeras, también la comida, la vestimenta, formas de vivir, pensar y relacionarse con el mundo.

Hay quienes dicen que en la Mixteca poblana ya no hay indígenas. Dicen que ya no son indígenas porque ya hay carreteras, ya saben leer y escribir, los hombres cada vez menos usan huaraches y sombrero, las mujeres cada vez menos usan babero y rebozo, ya hay Internet y muchos tienen celulares, varios que se fueron a Estados Unidos ya hablan inglés. Dicen que en la región se han instalado ya el progreso y el desarrollo…

Pero basta subirse a los autobuses SCTA y AMB para darse cuenta de que la gente que la habita es indígena. Lo hacen evidente sus rostros, sus ojos medio rasgados y pómulos altos, sus diferentes colores y tonos de piel, sus acentos, sus risas, sus historias y sus miradas.

 Basta también con ir al  tianguis del Moralillo, los días martes,  para ver y entender que falta otra historia que contar: la de los pueblos originarios de la Mixteca poblana.

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Hoy, en el otoño del 2017,  ante la graves crisis cosmogónica y civilizatoria en curso -geopolítica/geoeconómica/geofinanciera-  se presenta una bifurcación, es decir, dos caminos:  por un lado, la terrible probabilidad del exterminio cultural definitivo; pero, por otro, la posibilidad del florecimiento de los pueblos indígenas de la Mixteca poblana.

Habrá que reconstruir la Mixteca poblana, habrá que reconstituirla de manera integral.

 Del cómo, dependerá el desenlace en una de las 2 opciones.

¿Acaso la única posibilidad de volver a construirla es con la misma estructura de dominación que la atraviesa en todos los ámbitos de la vida: el sistema capitalista y sus 4 pilares (explotación, despojo, represión y desprecio)?

¿O acaso, será posible otra cosa?

¿Será posible levantarla de otra forma, de manera que sus 3 grandes culturas vuelvan a resurgir, a florecer, a vivir?

Al respecto, un pequeño, muy pequeño, intento se está llevando a cabo en el municipio de Huitziltepec.

 

 

 

 

 

ZelebrArte, es como se llamó la celebración que se llevó a cabo, durante dos días, en la Mixteca poblana. ¿El motivo?

 

Ni más ni menos que 14 años del nacimiento del Caracol que canta al Universo, en el municipio de Huitziltepec.

 

El maestro Filo, guardián de ese terreno autónomo, de aproximadamente una hectárea, se reunió para platicar con los asistentes en la mañana del domingo 24 de septiembre, en el aula de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata.

 

Empezó  mencionando un comentario que el día anterior había leído en Facebook, en relación al temblor ocurrido el 19 de septiembre del 2017:

 

¡Nada de fiestas!

Estamos todos de luto.

 

 

 

 

El maestro, quien siempre porta  en público un paliacate guadalupano sobre el rostro, cuestionó:

 

 

¿Quién va a decirnos qué o no hacer en nuestro territorio?

Nosotros hemos estado aquí 14 años, en rebeldía, en resistencia. Y aquí vamos a seguir.

La Tierra ha temblado durante millones de años, y lo seguirá haciendo.

 

 

Pasó entonces a contar su experiencia con el pasado temblor:

 

Yo me encontraba chambeando, desenyerbando frente a la Pirámide guadalupana, junto a un mezquite. De repente oí un ruido que parecía un fuerte viento o gran remolino, venía del poniente, de la dirección de la serranía del Tenzo. El sonido fue velozmente aumentando de intensidad. Entonces sentí cómo la tierra empezaba a  vibrar, a moverse. Solté la pala. Caí de rodillas sobre el suelo. Coloqué las manos extendidas sobre la tierra,  la sentí, sentí su impulso vital. Observé con atención  la Pirámide y los cerros, las nubes y el cielo, el Sol y el árbol de mezquite. Y me solté a llorar. Una y otra vez repetía: ¡Qué hermosa eres!, ¡Qué hermosa eres!….

Entiendo que la misma experiencia puede tener sentidos diferentes para diferentes personas. No es lo mismo estar aquí en el campo  que en un pueblo viendo la iglesia  y casa caerse, o en una ciudad viendo edificios derrumbarse.

Pero definitivamente la Madre Tierra no es responsable de este desastre.

Este temblor abrió una enorme grieta, por la que se puede ver que el responsable de toda esta muerte y destrucción ocurrida, es el sistema que se nos impuso para vivir así. Es un sistema en el que una cuantas familias, una ridícula minoría,  se adueña de toda la riqueza y la mayoría vive en la pobreza y la miseria. Un sistema corrupto en el que las empresas  construyen edificios donde no debe hacerlo, y los hace de pésima calidad. Un sistema cuyo afán de ganancia le hace destruir y atacar, sin remordimiento alguno,  la naturaleza, la vida. Un sistema que para subsistir necesita hacer pruebas nucleares y sacar petróleo y gas de las profundidades de la tierra. Un sistema que sólo puede  funcionar  con gobiernos corruptos y asesinos, y gobernantes mediocres y sanguinarios; que están siempre listos para reprimir, encarcelar, asesinar o desaparecer al pueblo, pero completamente ineptos para auxiliar a la población cuando se requiere.

 

También habló de la diferencia entre la caridad y la solidaridad;  la primera, dijo, se impone, el que regala algo decide qué, normalmente lo que  ya no le sirve y le estorba;  la segunda pregunta qué se necesita, y se realiza con mucho esfuerzo y trabajo:

 

Nos creen tan miserables, tan jodidos,  que piensan que cualquier cosa nos sirve: una zapatilla rosa (sin par), un bulto de cemento completamente hecho piedra, ropa usada de tallas extragrandes, … El racismo que hay es tanto y tan grande, que en lugar de cuestionar sus privilegios llegan a nuestras comunidades con la intención de “salvarnos”.  

 

Reflexionó acerca de la ayuda que está llegando a los pueblos: agua embotellada, comida enlatada y empaquetada, medicina de patente:

 

… las  empresas capitalistas han de estar bien contentas con el negocio que les está  resultando el temblor. Nadie cuestiona que los extranjeros nos estén vendiendo nuestra propia agua.

Los políticos  corren a los lugares más  dañados para sacarse la foto y presumirla en redes sociales.

Algunos ya empezaron a hacer negocio con los víveres recaudados, o a guardarlos para tiempos electorales.

 

 

 

Contó cómo una paisana, orgullosa, le presumió que ella ya había llevado varias cosas a un centro de acopio organizado por la presidencia municipal. Y que en tono de reclamo le preguntó si él ya había llevado algo, que él qué estaba haciendo ante el desastre:

 

Yo sólo me quedé callado. Bajé la mirada. Alcé mis manos, las observé y le respondí: más de 16 años de servir, de trabajar cada día sin recibir paga, sueldo o salario. Ayudando, haciendo paro, apoyando…en lo que puedo y me piden.

 

Reconoció la labor de los brigadistas que anduvieron de pueblo en pueblo, llevando víveres y otros tipos de ayuda:

 

Pero al final, después de unos cuantos días regresarán a casa, a su cotidianeidad. La gente de los pueblos se queda, a enfrentar su cruda realidad. Tal vez a esperar el siguiente conflicto, el siguiente desastre, para que llegue la ayuda.

Tenemos que organizarnos nosotros mismos, la gente sencilla y humilde de los pueblos de la Mixteca poblana, para nosotros mismos llevar a  cabo la reconstrucción de nuestro mundo.

No. De nuestra parte, nosotros por ahora no podemos ir a ayudar, tenemos broncas aquí. Somos muy pequeños. Pero creceremos, nos haremos más y más fuertes. Y llegará el día en que podamos ir con nuestros vecinos  y hermanos aquí en la Mixteca  poblana y preguntarles en qué y cómo apoyarles.

Sí,  tan sólo eso: que a través de la enorme grieta que ha abierto el reciente temblor nos atreviéramos a ver y darnos cuenta de que no los necesitamos a ellos: a los políticos y a los empresarios, a los marinos, militares y policías.

 Y que la única manera de  cambiar la terrible injusticia en que vivimos es la destrucción del sistema capitalista. Pero que para hacerlo no son suficientes  unas horas o unos días, sino dedicar por completo a ello nuestras pequeñas vidas.

 

 

 

 

 

 

Habló de la historia del Caracol que canta al Universo.

 

Dijo que, como maestro,  el Congreso Nacional Indígena ha sido la escuela más grande que le ha tocado conocer; pues en ella ha aprendido de la historia y lucha del yaqui, del purépecha, del wirrarica…. Y, claro, de los zapatistas, las zapatistas.

 

Recordó que desde 2001 hasta 2003 se dedicó a dar clases en las escuelas públicas de la comunidad de Santa Clara Huitziltepec: en la primaria, la telesecundaria y el bachillerato; pensando, ingenuamente, que era posible “cambiar las cosas desde adentro”. Les deseó sinceramente buena suerte a quienes todavía así piensan.

 

Pero el surgimiento de los caracoles zapatistas y sus respectivas Juntas de Buen Gobierno en agosto del 2003, le hizo ver que para ejercer plenamente la autonomía era, es, necesario tener un territorio, grande o chico,  donde construirla, donde crear opciones para un pueblo.

 

Fue así como en el equinoccio de otoño del 2003 nació el Caracol que canta al Universo, y con él y en él se fueron levantando las construcciones que hoy ahí se observan. La más reciente es el comedor que ya tiene techo, pero le faltan piso, puerta y ventanas:

 

Todo esto se ha ido levantando lenta, silenciosamente, como de por sí hacen los caracoles.

 

 

Habló del papel que el arte y la ciencia tendrán en la reconstrucción del mundo náhuatl.

 

Sobre el arte afirmó que el símbolo más sagrado e importante del mundo náhuatl es el Nahui Ollin,  cuatro puntos unidos por un centro, pues es éste el nombre de la era actual, la del Quuinto Sol, la de los mazehuales. Desveló que la pintura que se encuentra en la Basílica de Guadalupe fue realizada por un pintor nahua, Marcos Zipactli, con el fin de esconder ahí, a la vista de todos, este símbolo; y que lo dibujo ahí en el centro, sobre la túnica, como una pequeña e insignificante flor de cuatro pétalos. Afirmó contundente que el resurgimiento de la cultura náhautl está ya en proceso, y que a partir de esa pequeña flor de 4 pétalos, será posible reconstruir el calendario y los antiguos mitos. Dio a conocer que el 18 de diciembre próximos saldrán en peregrinación, pasando entre los volcanes, hasta el cerro del Tepeyac. Y que como hace un año, no llegaran a la cima de aquel milenario lugar sagrado a pedir milagro alguno, sino que ya en la cima le dirán a la Madre Tierra que no se rinden, que no se venden, que no claudican,  que ya están listos ya para lo que se viene y que por cuidarla y defenderla están dispuestos hasta morir si es preciso.

 

Sobre la ciencia aseguró que en este universo no existen los milagros ni las fuerzas sobrenaturales, ni dioses celestiales o terrenales. Todo lo que existe hoy como lo conocemos (el Universo, el mundo, la vida) es resultado de 4 interacciones: gravedad, electromagnetismo, fuerza fuerte y fuerza débil, estas dos últimas a nivel subatómico. Mencionó que a cualquiera se le puede ocurrir la más disparatada teoría para explicar algún fenómeno, pero que  es necesario tener un marco matemático para sustentarla, si no de poco sirve. Como ejemplo habló de la luz, preguntando qué es, de qué está hecha; también de  su aspecto dual y las ecuaciones de Maxwell.

 

Agradeció a los presentes por haber asistido al Caracol que canta al Universo en la difícil y compleja situación actual, dejando a un lado sus deberes y obligaciones, compromisos y responsabilidades.

 

 

Los primeros asistentes empezaron a llegar  como al mediodía del día anterior,  sábado 23 de septiembre la reja de entrada del caracol se abrió en punto de las 0800 horas. Se fueron reuniendo en una habitación en proceso de construcción, la que muy probablemente llevará el nombre de Castalia. Será a la vez cafetería, pulquería y tlakualoyan (lugar donde se come).

Durante el día varias personas (del estado de México, Puebla y ciudad de México) llamaron o mandaron mensajes disculpándose por no poder asistir pues se encontraban en las brigadas ciudadanas que se formaron para ayudar a los damnificados por el temblor.

Después de comer, y acompañados de un buen pulque, empezaron las músicas y canciones; las cuales se extendieron hasta la media noche. Todos tocaban algún instrumento: armonica, teponaztle, guitarra, pandero, claves, sonaja… y hasta un galon que  hizo las veces de tambor.

El último participante fue precisamente el maestro Filo, quien cantó la canción “La Historia de cómo la Coatlicue se transmutó en Guadalupe en 5 movimientos”, de su propia autoría. Para lo cual pidió a los asistentes lo acompañaran a cantarla frente a la Pirámide guadalupana. Luego se cenar, uno a uno se fueron yendo a dormir.

A lo lejos, en los pueblos de Santa Clara y Dolores, se dejaba escuchar la escandalosa música del par de ostentosas fiestas privadas que se  festejaban en esos momentos.

Fue a la mañana siguiente, después de desayunar, que la plática en el aula se dio. Para finalizarla, el maestro les dio a conocer las actividades pendientes: la presentación del Robin Juglar, un rapero de la región; un ritual de siembra de nombre náhuatl y una pequeña obra de teatro japonés.

El joven rapero propuso cantar frente a la Pirámide Guadalupana, así que ahí fueron instaladas las bocinas,y se echó a anadr la planta de luz. Varias canciones de protesta, rebeldía y resistencia interpretó el talentoso Robin. Justo cuando estaba por terminar su presentación, llegó la familia cuya pequeña hija, le iba a  ser sembrado su nombre por la tradición náhuatl.

Después de algunos preparativos, al toque de un caracol marino, dio comienzo el solemne ritual.

 

 

 

 

 

Para empezar, se explicó que la bebé, de escaso año de edad, había nacido en el calendario náhuatl en un día 1-Zipaktli de un año 4-Tekpatl, y que está fecha volvería a repetirse sólo hasta 52 años después. El ritual consistiría en dar nombre a la niña y con éste  presentarla y darle la bienvenida al mundo náhuatl.

 

 

El ritual comenzó  cuando el maestro Filo se paró frente a la pirámide con el estandarte guadalupano que tanta polémica ha causado en el Congreso Nacional Indígena. Al momento, un sahumador se aproximó y una gran nube de humo de copal envolvió al estandarte.

 

El huehuetlakatl, quien dirigía el ritual, subió al adoratorio en la cima de la pirámide para hacer oración. Bajó la copia facsimilar del códice Borgia, el antiguo libro sagrado prehispánico que fue pintado precisamente en la Mixteca poblana, y fue colocado ahí, con sus páginas abiertas en la sección del Tonalpohualli, el calendario ritual de 260 días.

 

 

 

 

 

Enseguida se dieron dos actos simultáneos. Mientras algunas personas formaban un glifo con flores de colores sobre el altar circular  que se encuentra frente a la Pirámide guadalupana, un numeroso grupo de danzantes, señores y niños, originarios de Quecholac, danzaban alrededor. Fue una danza pequeña, sencilla, pero llena de símbolos y significados.

 

 

El  embriagante perfume del humo de copal no paraba de inundar la atmosfera alrededor, la cual momento a momento se enrarecía con el delicado ambiente de lo sagrado.

 

 

El glifo que se formó con coloridas floresfue nada más ni nada menos que el de Ollin, que significa movimiento pero también temblor o terremoto; le colocaron 4 montones circulares de flores en las esquinas, por lo que claramente podía leerse como: Nahui Ollin, 4 movimiento.

 

Fue precisamente  éste símbolo-palabra, del antiguo sistema de escritura náhuatl,  lo que se ofrendó a Tonantzin, la Madre Tierra.

 

Ya luego se saludó a los 4 rumbos del Universo, al arriba, al abajo y al centro. Para pasar entonces propiamente a presentar a la niña al Universo.

 

El maestro Filo dirigió antiguas palabras, tomadas directamente de los huehuetlahtolli, a Zitlalmina.

 

 

La madre procedió entonces a entregar a la niña al padrino, el maestro Filo, quien la tomó entre sus brazos y levantándola, todos procedieron a decir en voz alta su nombre náhuatl: Zitlalmina. Al tiempo que sobre su cabecita caía una lluvía de pétalos de flores blancas.

 

 

Mojando la punta de una larga pluma en agua, uno de los danzantes la pasó suavemente por las 13 coyunturas de Zitlalmina

 

 

 

 

 

Acaso la parte más emotiva, fue cuando  todos los asistentes se congregaron alrededor del altar circular para ser testigos de  una especie de diálogos ceremoniales. El maestro Filo agradeció a los padres de Zitlalmina por haberse fijado en él;  de lo serio e importante que significa ser “compadres” para la gente de pueblo;  de la gran responsabilidad que implica ser padrino; de la enorme diferencia entre una bautizo por la tradición católica y una siembra de nombre por la tradición náhuatl. En su turno, la madre y el padre de Zitlalmina expresaron sus sentires y razones, sincera y respetuosamente, para haber llegado,  desde sus pueblos con su pequeña, hasta ahí. Terminaron abrazándose, compadre y padrinos, cordialmente dándose mutuamente las gracias.

 

 

 

El estandarte guadalupano sólo observaba, callado, mudo. Mientras, una tierna brisa, apenas perceptible, caía del cielo.

 

Ya para finalizar, se ofrecieron un par de danzas al fuego y a la tierra.

 

El padre de Zitlamina procedió a servir pulque a los presentes. Después de brindar todos pasaron a echarse un taco en el comedor. La comida era sencilla y humilde, pero llena de alegría y generosidad.

 

Como último acto del día, un artista de la ciudad de México, el Clon, presentó su obra de teatro estilo japonés.

 

 

La gente se empezó a despedir y retirar, mientras, como fondo, se escuchaba la canción de Víctor Jara: “El derecho de vivir en paz”, la cual se repetía una y otra vez.

Minutos después de las 20 horas, la reja de la entrada del Caracol que canta al Universo se cerró. Y así, fue como se cumplieron y celebraron 14 años de alegre rebeldía, 14 años de colorida resistencia en Huitziltepec, en un pequeño rincón de la Mixteca poblana.