Ya salió el Yacoñooy No. 12, correspondiente al mes de septiembre del 2012. Abajo puedes consultarlo:

 

 

 

EDITORIAL
Altavoces, Iglesia católica y Educación.

Los altavoces, de los barrios de Ánimas y de san Pedro, en santa Clara Huitziltepec, cumplen una función social: cuando buscan a alguien, cuando alguien pierde o encuentra algo, cando informa acerca de un evento.

El pasado viernes 14 de septiembre el gobierno municipal citó a los dueños de estos altavoces, con el fin de regular horarios y contenidos. Esto a petición del Instituto Luciano M. Sánchez, pues, según argumentan, el ruido producido por estos altavoces afecta el proceso de enseñanza-aprendizaje.

La crisis y el rotundo fracaso de la educación en este pueblo  rebasan en mucho la existencia de altavoces comerciales.  Además, el instituto es el menos indicado para hablar sobre educación, pues en sus aulas se llevan a cabo prácticas religiosas (misas, lecturas de la biblia, oraciones, etc.) lo cual es  mucho más grave aun que cualquier tipo de ruido.

El asunto del altavoz de la parroquia es mucho más serio, pues  no sólo es contrario a la educación sino que afecta los derechos de toda una población, que es obligada a escuchar misas, rosarios, cantos, rezos y, últimamente, conferencias católicas. Nadie cuestiona el hecho de que los católicos de esta comunidad tienen derecho a practicar su religión, pero precisamente para eso tienen la intimidad de su templo: ¿Por que la necedad de gritar sus rituales a los 4 vientos?

El asunto de la intromisión e injerencia de la religión católica en la educación es un tema a nivel nacional. Los obispos católicos  de México tienen muy claros sus objetivos. A menos de tres meses del cambio en el gobierno federal –se va Felipe Calderón y llega Enrique Peña Nieto–, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha dado a conocer la carta pastoral Educar para una nueva sociedad: reflexiones y orientaciones sobre la educación en México. No es casual el tiempo político elegido por la CEM para posicionarse en el debate sobre el tema educativo.

La carta pastoral, de 130 páginas, empieza afirmando que la educación es una responsabilidad compartida por todos en la sociedad. En esta visión tienen que articularse las familias, las escuelas y el Estado. Dicho así suena bonito, pero si leemos cuidadosamente la propuesta encontramos que no se trata de reconocer, por parte de la Iglesia católica, una responsabilidad compartida, sino de afirmar que es necesario el tutelaje educativo de la institución eclesiástica. Porque, según los obispos, todos los actores sociales están desorientados, menos ellos. He aquí una muestra: Es nuestra obligación, como sucesores de los apóstoles, dirigir palabras de verdad a un pueblo que vive horas aciagas y que, al no encontrar salida, corre peligro de perder sus valores de identidad, profundamente cristianos.

Por no ser el presente artículo sobre eclesiología, dejamos de lado el asunto de que los obispos son sucesores de los apóstoles, cuestión muy debatida y debatible. De que el pueblo mexicano vive horas aciagas no hay duda. De que para encontrar una salida a tal condición ande sediento de orientaciones por parte de los obispos, eso es otra cosa. La creciente diversificación religiosa existente en el país indica que millones de mexicanos y mexicanas están buscando respuestas a sus problemáticas en otros lados, fuera de la religión católica.

A la Iglesia católica no le queda más que continuar afirmando su verdad histórica sobre México: ha sido un país católico que por los ataques del liberalismo decimonónico ha ido perdiendo esa identidad primigenia. De ahí que siga subrayando que los de México son valores de identidad profundamente cristianos. Pero, nos preguntamos, ¿lo han sido, lo son? Esta es otra discusión interesante. En el siglo XVI, cuando Hernán Cortes desembarcó en cotas mexicanas, inició una guerra religiosa, con la concomitantes destrucción de la culturas indígenas, con sabios, sacerdotes y artistas indígenas encarcelados, torturados, asesinados y uno que otro quemado vivo. Si tomamos como fecha el arribo de Cortes, 1519, México estaría pronto a cumplir 500 años (2019) de haber empezado a ser evangelizado de manera brutal y violenta.  La historia de México abarca miles de años, por o que esos 5 siglos de catolicismo son apenas un lapso.

Las encendidas predicaciones y enjundiosos escritos de Bartolomé de las Casas (1484-1566) combatieron denodadamente la idea defendida por quienes concibieron la conquista violenta de México como bendición divina, entre otros por el filósofo y jurista Juan Ginés de Sepúlveda. Al terminar formalmente el régimen colonial –pero de todos modos la influencia política, económica y cultural de la Iglesia seguía prácticamente incólume–, personajes como el sacerdote José María Luis Mora fueron combatidos por el clericalismo de entonces debido a su propuesta de que era necesaria la separación Iglesia (católica)-Estado. Mora critica severamente la cerrazón clerical que prohíbe el libre examen y la lectura de la Biblia y escribe, en julio de 1829, que esa actitud se debe a que México es un país educado en la intolerancia. ¿Y para entonces, qué institución había sido el principal agente educativo? Pues claro, era la Iglesia católica  quien ejercía el monopolio de la educación.

La catástrofe educativa mexicana no se debe a que sea un sistema preponderantemente laico y excluyente de la educación religiosa. La posición contraria es la sostenida por el Episcopado Mexicano; se entrevera en el documento la postura de que en México hubo una época dorada, cuando la Iglesia católica tenía el poder, y que después todo ha sido erosión de aquel tiempo idílico. Como todo está en crisis, los obispos ofrecen la supuesta estabilidad y fortaleza ética de la Iglesia católica. De ahí que propongan la necesidad de comenzar a impartir educación religiosa en los centros escolares públicos.

Los intentos clericales por ganar terreno en el sistema educativo no pudieron consolidarse como deseaban en los dos gobiernos federales del PAN, pese a la cercanía ideológica entre la visión del CEM y los valores de Vicente Fox y Felipe Calderón. Las intentonas se encontraron con un espíritu laico diseminado en la sociedad mexicana de forma más fuerte que la estimada por los sectores conservadores. Ahora los obispos se posicionan para ver si con Peña Nieto pueden obtener lo frustrado en los regímenes panistas. Quieren una reforma constitucional que debilite la laicidad del sistema educativo. Bajo la premisa de mayor libertad religiosa, quieren maniatar conquistas históricas del Estado mexicano.

En resumen, la Iglesia católica busca que el Estado mexicano le haga bien la tarea que ella ha hecho mal. Busca feligresía cautiva, que ha sido incapaz de atraer por sí misma a sus terrenos. Mientras  aquí, en santa Clara Huitziltepec, el gobierno municipal es incapaz de ponerle un alto al altavoz de la parroquia.