A nuestros compañeros y compañeras de:
el Congreso Nacional Indígena,
la Otra Campaña
y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

 

1492-2012. En este día, a 520 años (5 ciclos de 104 años solares del calendario náhuatl) del inicio del brutal choque de la civilización cristiano-occidental contra la civilización indígena de este continente, les saludamos con un antiguo poema náhuatl:

No acabaran mis flores,
No cesaran mis cantos.
Yo cantor los elevo.
Se difunden, se esparcen.

Y aunque parece que se marchitan,
Vivirán en el interior de la casa
del ave de plumas preciosas

La mixteca es una región geográfica que abarca los estados de Guerrero, Oaxaca y Puebla. Actualmente en la mixteca poblana hay pueblos en los que se hablan las lenguas: mixteca, náhuatl y popoloca. Muchas comunidades, a pesar de que han ido perdiendo sus lenguas originarias, son descendientes de las antiguas culturas indígenas que habitaron la región, la cual está regada de vestigios arqueológicos que lo demuestran. Los pueblos de los alrededores de la cordillera conocida como el Tenzo, son de origen náhuatl. Molcajá, Huatlatlauca y Atoyatempan son municipios en los que todavía se habla el mexicano. En Huitziltepec se conservan costumbres y palabras de raíz náhuatl.

En la Escuela Autónoma Emiliano Zapata (EAEZ) estamos interpretando el mundo desde la cultura náhuatl. Hemos buscado, y logrado, recuperar los valores históricos de nuestros antepasados indígenas. Por eso queremos, en este día (oficialmente el Descubrimiento de América, o sea el romántico Encuentro de dos Mundos; pero para la EAEZ, el inicio de la guerra más larga en la historia de la Humanidad, la cual continúa hasta el presente), compartirles el sentido de nuestra lucha desde este rincón de la Mixteca poblana: Huitziltepec.

Como Escuela consideramos que el debate guadalupano en México se ha centrado entre los aparicionistas y los anti aparicionistas. Los primeros defienden a ultranza la veracidad de las apariciones guadalupanas al indígena Juan Diego y el origen sobrenatural de la pintura. Los segundos (con argumentos objetivos, racionales y científicos) las niegan. Pensamos que este debate carece de sentido, pues es como hacerlo acerca de si son los santos Reyes quienes les traen regalos a los niños y niñas que se portan bien, o son los padres quienes los compran.

Nuestra Escuela está planteando la cuestión desde otra óptica, desde la visión de los vencidos. Estamos interpretando el guadalupanismo mexicano desde el mundo náhuatl. Partimos de la existencia material de dos obras de arte: la pintura que se encuentra en la basílica de Guadalupe, en la ciudad de México, y el texto, escrito en náhuatl del siglo XVI, que narra las apariciones guadalupanas al indígena Juan Diego. Luego entonces, el debate guadalupano, consideramos, debe centrarse en un hecho real y científicamente comprobable: la existencia material de ambas obras de arte.

La EAEZ afirma que ambas obras de arte, que dan fundamento y sustento al guadalupanismo mexicano, fueron realizadas por artistas indígenas. Y es que hasta ahora, los detractores de las milagrosas apariciones guadalupanas, aun los académicos e investigadores, han interpretado el fenómeno guadalupano únicamente desde la visión de la religión católica. Niegan el origen sobrenatural de la pintura guadalupana pero la reducen a una advocación más de la virgen María, la consideran un instrumento más en el proceso de evangelización de los pueblos indígenas. Los estudiosos más arriesgados ponen al descubierto la existencia de un santuario guadalupano (dedicado a la madre del dios cristiano) en España, en un pueblo que se llama Puebla de Guadalupe (palabra de origen árabe), en honor al río que a un lado pasa.

Por ahora, sólo mencionamos una característica indígena de la pintura y otra de la obra literaria:

1. En el centro de la pintura guadalupana el pintor plasmó una pequeña flor de 4 pétalos, un quincunce (cuatro puntos unificados por un centro), es un Nahui Ollin: el símbolo por excelencia de la concepción espacio-tiempo de la antigua cultura náhuatl. Este símbolo acompaña obras escultóricas de la talla del Calendario Azteca, la Coatlicue y el Huehueteotl. Por lo que, desde el arte náhuatl, la pintura guadalupana es un complejo simbólico, a la manera de los antiguos códices de palabras pintadas.

Cuentan nuestros abuelos, que antes de la era actual, hubo otras. Cuentan los más antiguos que fueron 4; que eran 4 las fuerzas o elementos que gobiernan el Universo: Tierra, Aire, Agua y Fuego. Cada fuerza se impuso violentamente sobre las otras en diferentes épocas, en periodos de miles de años; “Soles”, les llamaron nuestros antepasados. Hasta que, finalmente, se pusieron de acuerdo para existir en armonía: cada una regiría por 13 años una región del espacio-tiempo. De ahí la correspondencia entre los 4 elementos, los 4 rumbos del Universo y la diferentes horas del día. Al norte le corresponden los años que empiezan a la media noche; al poniente le tocan los que inician al atardecer; a los del sur el medio día y a los del oriente el amanecer. Abarcando las 4 un periodo de 52 años. Dos periodos de 52 años, 104 años, dan por resultado la unidad de tiempo más importante de la astronomía náhuatl, pues era el tiempo exacto en que se alineaban sus 3 calendarios: el solar (365 días), el del planeta Venus (584 días) y el ritual (260 días).

2. El autor del Nican Mopohua escribió las palabras sagradas de la antigua religión náhuatl. En su narración, hace afirmar a la Guadalupana ser la Madre de la Divinidad suprema: Ipalnemohuani, Teyocoyani, Tloque Nahuaque, Ilhuicahua, Tlalticpaque. También hace que Juan Diego se encuentre en Xochitlalpan, Tonacatlalpan. Pero lo más importante es que las apariciones ocurren en el cerro del Tepeyac pues, desde tiempos inmemoriales, los pueblos del Anáhuac habían consagrado dicho lugar a Tonantzin: Nuestra Venerada Madre, la Tierra. Según esta percepción, Juan Diego nunca existió y la Guadalupana nunca se apareció, ambos son simplemente personajes literarios, símbolos de la cultura náhuatl. En medió de una cruenta guerra religiosa, la intención de los nahuas del altiplano central fue conservar un lugar sagrado para ellos, una atentica estrategia de resistencia cultural. Ya a finales del siglo XVI fray Bernardino de Sahagún se da cuenta de lo que está ocurriendo en el Tepeyac:

“Habiendo tratado de las fuentes, aguas y montes, pareció me lugar oportuno para tratar de las idolatrías principales, que se hacía y aun se hacen… uno de estos es aquí en México donde está un montecillo que se llama Tepeyacac y los españoles llaman Tepeaquilla, y ahora se llama de nuestra Señora de Guadalupe; en este lugar tenían un templo dedicado a la Madre de los Dioses que llamaban Tonantzin……y venían a ella de muy lejanas tierras, de más de 20 leguas, de todas las comarcas de México y traían ofrendas, venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas; era grande el concurso de gente en estos días, y todos decían “vamos a la fiesta de Tonantzin”; y ahora que está edificada ahí la iglesia de nuestra señora de Guadalupe también la llaman Tonantzin…. Y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de nuestra señora, y no van a ellas, y vienen de lejanas tierras a esta Tonantzin, como antiguamente.”

En la EAEZ hemos encontrado en el guadalupanismo mexicano, en Tonantzin Guadalupe, un Rostro y un Corazón, es decir, nuestra identidad. Tonantzin es esta Tierra mexicana; su imagen, a lo largo de los siglos, ha sido el símbolo de la resistencia indígena en México. Tonantzin Guadalupe nos confirma y reafirma que los actuales descendientes de las antiguas culturas indígenas tenemos una historia propia, lo cual pone de manifiesto que no somos descendientes de Adán y Eva y que nuestra historia no es la de los judíos, por lo que nada tenemos que ver con la Biblia. Nosotros no vemos en la pintura guadalupana a una mujer judía que vivió hace 2000 años en el Medio Oriente, sino a la Madre más primera, esta Tierra, la que generosa nos alimenta y a la que al morir regresaremos; y a la que estamos dispuestos a cuidar y defender, hasta morir si es preciso.

Por pequeños y humildes que seamos, somos una Escuela autónoma. Y llevamos el nombre de Emiliano Zapata porque nuestro general era, sin lugar a la duda, guadalupano. Porque cuando Zapata llegaba a un pueblo a hablar con la gente lo hacía en lengua náhuatl, y al llamarlo a luchar por la Tierra, la nombraba amorosamente Tonantzin. Porque cuando el Ejército Libertador del Sur entró a la ciudad de México lo hizo con un estandarte guadalupano al frente.

Compañeros y compañeras, en estos tiempos de perdida de soberanía nacional con la descarada intromisión de agentes estadunidenses en labores de seguridad; del control de la economía mexicana por el capital transnacional; del territorio nacional hundido en una guerra absurda y criminal con un saldo de decenas de miles de muertos; con nuestro medio ambiente siendo atacado, contaminado, destruido y asesinado por empresas extranjeras; de darse cuenta de que cada promesa de la globalización ha sido una mentira; de la enajenación y privatización de la educación; de los ominosos intentos por ponerle fin a una sociedad laica; del obsceno control de la población por los grandes medios de comunicación; de la grosera tiranía disfrazada burdamente de democracia; de los campesinos y trabajadores abandonados a la miseria, sin derechos ni medios de producción; del ataque sistemático a la comunidades y pueblos indígenas que luchan por su autonomía… creemos que llegó el tiempo de un debate serio sobre el guadalupanismo en México y, al mismo tiempo, sobre el pasado, presente y futuro de la patria; de la cual los pueblos indígenas somos fin, continuación y comienzo.

En Huitziltepec, en el cerro de espinas negras, en la mixteca poblana, a la EAEZ nos llegó el tiempo de levantar el estandarte guadalupano para gritar con ustedes:

Hasta la Madre dice: ¡Ya basta!
Nunca más un México sin nosotros
Democracia, Libertad y Justicia
Paz con Justicia y Dignidad

 

Por la EAEZ
Maestro Filo
Octubre del 2012
Huitziltepec, Mixteca poblana