La respuesta es sí.

 

De hecho,  el proceso ya empezó.

 

Así se dejó entrever el pasado domingo 20 de agosto del 2017.

 

Sobre las ruinas arqueológicas del barrio de Tetela, en Acatzingo, en el estado de Puebla, integrantes del Congreso Nacional Indígena de varios pueblos nahuas (Huitziltepec, Acatzingo, Cuanalá y Zacatepec) ante una escultura de piedra y un estandarte bordado a mano, ambas representaciones de Tonantzin, nuestra Venerada Madre, laTierra, llevaron a cabo un tendido de flor como ofrenda.

 

Primero, 2 mujeres sauhmadoras  saturaron de humo de copal los manojos de flores a ofrendar; luego un hombre y una mujer fueron separando una a una, las flores de las ramas. Al tiempo que se las iban entregando a otros hombre y mujeres para que estos las fueran colocando sobre la tierra dando, poco a poco, la forma al símbolo más sagrado del mundo náhuatl: un Nahui Ollin.

 

 

 

Fueron entonces ordenadamente colocándolas por colores: de amarillo rellenaron  el centro, un circulo de unos 30 cm de diámetro; de morado quedaron cubiertos los 4 pétalos; fueron poniendo flores blancas como contorno de la hermosa flor de 4 pétalos; a su alrededor pusieron todos los verdes tallos, formando un marco cuadrado y sobre éste flores rojas esparcieron.

 

4 puntos unidos por un centro, un quincunce florido, es lo que ofrecieron a Tonantzin, la madre Tierra.

 

 

Los danzantes ahí reunidos ofrecieron sus cantos y sus danzas. Gente del barrio, del pueblo de Acatzingo y de otros pueblos de la región se reunieron para atestiguar, observar, mirar y escuchar.

 

Al final, una señora del barrio ofreció un taco a los asistentes, quienes habían llegado en procesión al vestigio de lo que fue, hace siglos, un  templo prehispánico, procedentes de la capilla del barrio.

 

Horas antes, en la capilla dedicada al arcángel Santiago, la cual se levanta sobre un montículo igualmente de origen prehispánico,  se llevó a cabo un evento cultural en el que los ponentes hablaron de la historia y el arte de los pueblos de la región.

 

 

 

 

En su participación, el maestro Filo, de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata del Caracol que canta al Universo, del municipio de Huitziltepec, en la Mixteca poblana,  habló del problema de la aztequización de la historia náhuatl; de lo que significó el brutal y violento (des)encuentro de 2 mundos para los últimos sabios y sacerdotes nahuas; de la sentencia de la Santa Inquisicion a Carlos Ometochtzin, nieto de Nezahualcoyotl, de morir quemado en la hoguera por negarse a aceptar la religión católica; de la dimensión de la guerra de exterminio contra los pueblos originarios y su ininterrupida continuidad hasta el presente; del antiguo sistema de escritura náhuatl, el de las palabras pintadas plasmado en los códices; de la historia y el sentido de comúnmente llamado Códice Borgia, el teoamoxtli de la Mixteca poblana;  sobre el significado del símbolo por exelencia de la cultura náhuatl: el Nahui Ollin; sobre la virgen de Guadalupe vista y entendida como una obra de arte náhuatl.

 

Lo que el maestro Filo plantea no es poco cosa. En su opinión, el culto guadalupano en México está fundamentado en 2 obras de arte náhuatl, a saber: el texto que narra las apariciones y la pintura guadalupana.

 

 

 

Sobre la historia de las apariciones.

 

De acuerdo al maestro Filo, coordinador general del Zentro de Estudios Guadalupanos Amoxkali (ZEGA), ni la virgen María se apareció ni Juan Diego existió. Ambos son personajes de una importantísima obra de la literatura náhuatl : el Nikan Mopohua (NM), el cual  fue escrito en el alfabeto latino en la lengua náhuatl, a mediados del siglo XVI.  El texto carece de título, está escrito de corrido; por lo que se ha dado por llamarlo con las dos primeras palabras con las que empieza.

 

El NM es un texto sagrado de la antigua religión náhuatl pero con interpolaciones cristianas. Éstas debieron ser colocadas para salvarla del celo franciscano en un tiempo en que todo el mundo náhuatl estaba siendo destruido por la cruz y la espada.

 

Al quitar dichas interpolaciones cristianas, el resultado es un auténtico texto sagrado en el que aparecen los más elevantos conceptos de la antigua religión náhuatl: Ipalnemohuani, in Tloque Nahuaque, in Ilhuicahua, in Tlaltikpaque,  Xochitlalpan, Mazehual, Teocali, Tlaltikpak…

 

Visto así,  Juan Diego y Guadalupe son símbolos, el primero del hombre de esta tierra y la segunda del mundo sagrado de los nahuas,  de lo que trata el NM es  entonces del encuentro entre ambos a través de flores y cantos.

 

Pero el maestro Filo va más allá, propone que además, el NM  es, también, una especie de calendario. Así lo confirman las 2 primeras palabras con la que empieza el texto: Nikan Mopohua, aquí es contado, del verbo contar.

 

No es casual que los  calendarios lleven esa misma palabra pohua. El Tonalpohualli , de 260 días) y el Xiupohualli, de 365 días, ; los mismo que el número 20, zempohualli, una cuenta completa, la base de la numeración nahua.

 

Si el NM sirve para ubicarse en el tiempo náhuatl entonces no es de extrañarse  el hecho histórico al que hace clara  referencia. Dice el NM en sus primeros párrafos:

 

Yeh yuh matlahxihuitl in opehualoc, in atl in tepetl Méxioc.

A diez años de que fuera conquistada la ciudad de México.

 

 

 

De acuerdo a las fuentes indígenas, tal evento ocurrió en un día 1- Koatl de un año 3- Kalli. Si contamos en el calendario náhuatl diez años después, llegamos al 13- Akatl. Su equivalente, en el calendario cristiano, es 1531.

 

 

 

 

 

De acuerdo a los antiguos mitos nahuas, esta era, el Quinto Sol, el Nahui Ollin, empezó a existir en un año 13 –Acatl.

 

En los calendarios nahuas  los ciclos de 52 años (xiuhmolpilli) se suceden uno tras otro.  Lo que significa que en  el pensamiento  náhuatl el tiempo no es lineal sino como un espiral, o mejor aún, como un vórtice.

 

Fue precisamente en un año 13- Akatl que este Sol, el de los mazehuales, vino a existir. 1531 es un año 13-kalli  y con ello el NM  da un punto de referencia en el calendario náhuatl. También hay que tomar en cuenta que son 4 apariciones y ocurren estas a diferentes horas del día.

 

En el NM aparecen 3 personajes principales: Juan Diego, Guadalupe y …

 

No, no es Zumárraga ni el tío Bernardino. Es, sin duda, el cerro del Tepeyac, un cerrito que parece responder a los cantos de los pájaros preciosos, es decir que aparece como un ente vivo.

 

Resulta que en la antigua lengua náhuatl sólo se pluralizan los sustantivos animados, es decir, con vida; lo que significa que los objetos no tienenterminación en plural, salvo ciertos casos, como lo es tepetl, cerro, plural tepeme, cerros. En el pensamiento náhuatl el cerro es un ente vivo, es el punto de contacto entre el cielo y la tierra.

 

Pero lo más importante es considerar que desde mucho tiempo antes de la llegada de los conquistadores, el cerro del Tepeyac ya era un lugar sagrado, un polo espiritual que a traía a multitud de gente de lejanos pueblos, quienes llegaban a ofrendar a Tonantzin, Nuestra Venerada Madre, la Tierra.

 

Sin duda, parte de la estrategia de la resistencia náhua, fue mantener un lugar sagrado propio, el cerro del Tepeyacac,  y lo lograron.

 

 

 

 

 

 

Sobre la pintura guadalupana

 

Acerca de la pintura que actualmente se encuentra en la Basilica de Guadalupe, el hecho es que no es producto de ningún milagro o producto de algún fenómeno sobrenatural.

 

La pintura guadalupana fue pintada Marcos Zipactli, uno de los pintores alumnos de  fray Pedro de Gante, a mediados del siglo XVI. Estos pintores eran nahuas. Los franciscanos los educaron en el cristianismo y les enseñaron técnicas de pintura europea. Estos pintores indígenas se encargaron de pintar imágenes de santos, cristos y vírgenes para los templos cristianos que iban fundando los conquistadores.

 

 

 

Marcos Zipactli tomó como modelo una imagen de la Virgen del coro que se encuentra en el monasterio de Guadalupe, en Extremadura, en España. La  comunidad que ahí se asienta, Puebla de Guadalupe y la virgen local deben su nombre al  río cercano que por ahí corre y que los árabes, cuando conquistaron esas regiones, nombraron en su lengua Wad-al-luben.

 

Pero el tlacuilo, el pintor nahua, no realizó una simple copia sino un original.

 

Al verla los españoles, nadie dudó que fuera una copia no muy fiel de su  virgen de Guadalupe, de la que el propio Hernan Cortes era muy devoto. Lo cual no es de extrañarse porque Cotes era originario de la misma región de Extremadura; ademásde que en aquella época el santuario guadalupano era no solo uno de las más importares de España sino de toda Europa.

 

Pero al verlas los antiguos nahuas se conmovieron profundamente, pues en el centro de la pintura, discretamente el pintor había pintado una pequeña flor de cuatro petalos, ni más que menos que un Nahui Ollin.

 

 

 

 

En un tiempo en el que miles de libros y esculturas, cientos de bibliotecas, templos y palacios, todo estaba siendo quemado y destruido no faltó quien, de los vencidos, intentara esconder obras de arte, símbolos, en los lugares más recónditos y menos imaginados por los frailes; pero por  muy bien que los escondieran siempre correrían el riego de ser encontrados.

 

Es en ese contexto que al pintor nahua, Marcos Zipactli,  se le ocurrió esconder el símbolo más sagrado del mundo náhuatl, poniéndolo enfrente de todos para salvarlo del exterminio.

 

Pero el Nahui Ollin no es el único glifo nahua que colocó en su pintura, también  plasmó glifos sobre el manto; plasmó la metáfora del atl-tlachinolli en el niño con alas de águila, quien con sus manitas sostiene la verde túnica y el rojo vestido, a los pies de la Guadalupana.

 

La pintura de la Guadalupana mexicana no es sólo un texto histórico sino un códice, y como tal debe  ser leído e interpretado desde la cultura náhuatl.

 

Mucho hay entonces por estudiar y aprender  sobre el lenguaje simbólico de nuestra (de los nahuas) pintura guadalupana.

 

Pero para empezar, baste decir que los más antiguos, los más primeros que vivieron y murieron estas tierras, decían que antes de que existiera la era actual existieron otras 4, las cuales fueron una a una destruidas.

 

 

Decían que el universo todo, como lo conocemos, es producto de la interacción de 4 fuerzas, a las cuales representaron por medio de 4 elementos: la Tierra, el Aire, el Agua y el Fuego.

 

Entonces, cada una de las 4 eras anteriores estuvo dominada por la supremacía de una de ellas.

Se refería, se decía

Que así hubo ya antes 4 vidas

Y que ésta es la quinta edad.

Y así lo sabían,

Que cuando la cimentó la tierra y el cielo,

Habían existido ya 4 clases de personas,

Cuatro clases de vidas.

Sabian igualmente que cada una de ellas

Había existido en un Sol, una edad.

El primer sol que fue cimentado,

Su signo fue 4- Atl,

Se llamó Sol de  Agua…

Se cimentó luego el segundo Sol,

Su signo era 4- Ozelotl,

Se llamaba  Sol de Tigre…

Se cimentó luego el tercer Sol,

Su signo era 4- Kiahuitl,

Sol de lluvia de fuego…

Se cimentó luego el cuarto Sol,

Se decía Nahui- Ehekatl,

Cuatro  viento…..

El quinto Sol:

Su signo es 4- Ollin,

Cuatro movimiento.

Se llama Sol de Movimiento,

Porque se mueve, sigue su camino.

En el año 13- Akatl

Se dice que vino a existir

Nació el Sol que ahora existe.

Entonces fue cuando iluminó,

Cuando amaneció,

El Sol de movimiento que ahora existe.

Este Sol, su nombre 4-Ollin,

Éste es nuestro Sol,

En el que ahora vivimos

Y aquí está su señal,

Cómo cayó en el fuego el Sol,

En el fogón divino

Allá en Teotihuacan.

Igualmente fue este Sol

De nuestro príncipe, en Tollan,

O sea de Ketzalkoatl.

 

 

Finalmente estas 4 fuerzas/elementos llegaron a un acuerdo, en lugar de buscar imponerse sobre las demás, cada una de ellas  pasó a ocupar una determinada porción del tiempo y del espacio.

 

Así fue como surgió esta edad, la quinta, la nuestra,  la de los mazehuales, su nombre es Nahui Ollin, y ésta está representada magistralmente en el centro de la pintura guadalupana.

 

Tambien  aparece  Nahui Ollin en el centro del calendario azteca y bajo los pies de la colosal escultura de Coatlicue, ambas obras de arte azteca se encuentran en el Museo Nacional de Antropología e historia.

 

 

 

 

Y no sólo, hoy sabemos que en el centro del interior de la colosal pirámide de Teotihuacan se encuentran una cueva en forma de flor de cuatro petalos.  El Nahui Ollin se encuentra también en la efigie de Huehueteotl, cuyos orígenes son anteriores a Teotihuacan.

 

No es una exageración entonces afirmar que el Nahui Ollin es el símbolo por exelencia del mundo náhuatl del ayer, de hoy y, sobre todo, del mañana.