Kuilonyotl: Primer Encuentro de la Diversidad  Sexual Anticapitalista

Caracol que canta al Universo, Aula de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata.

Huitziltepec, Mixteca poblana

1 de Julio del 2017

 

 

Nos desprecian tanto, que ni siquiera nos creen capaces de posicionarnos políticamente ante la guerra y el desastre actuales.

 

Así se dejó entrever en los comentarios, racistas y homofóbicos,  que aparecieron en Facebook, en respuesta al anuncio de la realización de este evento.

 

¡Pinches indios comunistas! ¡Jotos rojos! – nos llamaron.

 

¡Váyanse a vivir a Cuba o a Corea del Norte! – nos demandaron.

 

¡No se enteraron que el muro de Berlín  cayó hace años! – nos cuestionaron.

 

¡Si estuvieran en la URSS ya los habrían mandado a los campos de concentración de Siberia!- nos amenazaron.

 

¡Quieren dividir a la opinión pública! – nos acusaron.

 

Y no es una simple reunión de “raritos” lo que despertó sus agrios y airados comentarios en contra de este evento; es el adjetivo de “anticapitalistas” lo que despertó su odio y rechazo.

 

Permítannos entonces 2 comentarios en respuesta a todos esos comentarios en nuestra contra.

 

Van.

 

 

  1. Ser anticapitalista es ser… ¿¡Socialista!?

 

Dijeron que el imperialismo era la última  fase del capitalismo. Y hubo quien se lo creyó.

 

Sobre esta base se estableció una especie de división internacional de la lucha anticapitalista en la que el llamado Tercer mundo debería tener una lucha nacionalista, antiimperialista y anticolonial; sólo así podría aspirarse a ser “anticapitalista”.

 

En términos prácticos, esto significaba que los países “en desarrollo” debían alinearse con la URSS en su guerra contra Estados Unidos.

 

El análisis científico se convirtió en una especie de comando central de la revolución mundial y se instaló en la URSS.

 

La ciencia de la historia, la economía política, dejó de ser ciencia y abandonó el análisis científico, supliéndolo por la consigna.

 

El pensamiento crítico pasó del análisis a la justificación, y los tropiezos y errores se cubrieron con la coartada del enfrentamiento contra el imperialismo internacional.

 

El mal llamado “bloque socialista” se enfrascaba en una tercera guerra mundial, la que la historia oficialista llamó y llama Guerra Fría.

 

En Asia, África y particularmente América Latina, las luchas transcurrían sin mayor relevancia para esa guerra, la única que importaba.

 

Después de la muerte de Lenin, el fracaso de todas las revoluciones europeas y la consolidación del Poder de Stalin, la URSS se transformó en su opuesto, en una sociedad capitalista de Estado.

 

Desafortunadamente Trotsky, un importante líder de la Revolución rusa y oponente de Stalin, no pudo analizar esta transformación económica contrarrevolucionaria. En cambio, comparó la propiedad nacionalizada con el socialismo.

 

 

 

Posteriormente, gran parte de la izquierda revolucionaria, incluida la izquierda antistalinista,  no comprendió la naturaleza de clase  de la transformación de la Revolución rusa en su contrario, la cual utilizaba un lenguaje “marxista” para justificarse.

 

Definir la diferencia entre el capitalismo y el socialismo en términos de formas de propiedad –en donde la propiedad privada supuestamente equivale a capitalismo mientras que la propiedad nacionalizada a socialismo- más que en términos de relación de producción reales es un error fatal de análisis, y ha tenido consecuencias en el mundo real, particularmente en el mundo afro-asiático-latinoamericano.

 

No hay que perder de vista que el capitalismo descansa sobre el trabajo alienado como mercancía que produce valor y plusvalía, al cual se opone el trabajo libremente asociado, el trabajo cooperativo como base para construir el socialismo.

 

Para el trabajador, el obrero, no importa si el jefe es un capitalista privado, General Motors, Carlos Slim, etc. o es el Estado (así con “E” mayúscula) y sus administradores; la realidad es la misma: su fuerza de trabajo pertenece a otros, y así las relaciones capitalistas de clase continúan.

 

Y no se trata sólo de que haya sido un error histórico el no haber analizado el carácter de clase de la URSS, sino que afecta el aquí y ahora, en la América latina de hoy, donde la construcción del “socialismo del siglo XXI” se ha convertido en una cuestión de nacionalización, con el Estado como la supuesta fuerza motriz, en lugar de la actividad de las masas de diversos países.

 

En otras palabras: una tendencia hacia el capitalismo de Estado –que se ve como una “transición” al socialismo en lugar de una continuación del capitalismo en una nueva forma- ha envenenado el pensamiento y la práctica “progresistas”. Testimonios de esto son Bolivia y Venezuela, entre otros países.

 

Fue esta transformación en su opuesto la que se convirtió en la base de la manipulación y vulgarización del marxismo y el socialismo que la Rusia de Stalin emprendió.

 

Así mismo, fue la base para que el dogma de la “división internacional de la lucha anticapitalista”, así como para seguir sin ponerle atención al Tercer mundo afro-asiatico-latinoamericano, ya que se insistía en que todas las luchas “anticapitalistas” tenían que alinearse con Moscú.

 

Podríamos abundar sobre los casos concretos de Cuba, Corea del Norte y demás geografías, pero creemos que con lo aquí expuesto es suficiente para ilustrar nuestra postura.

 

Y es que todo esto no es “historia antigua del siglo XX”. Es el aquí y ahora, la realidad, lo que está en juego.

 

Es la necesidad de darse cuenta de que la rebeldía y la resistencia en México contra los muros del capital, no es hoy sólo contra el capital privado, incluyendo su forma neoliberal, sino contra el capitalismo de Estado.

 

Por supuesto, el “capitalismo clásico” del imperialismo estadunidense debe verse vigorosamente combatido, pero, al mismo tiempo,  es necesaria la resistencia a todas las formas de sociedad de clase capitalista.

 

 

 

 

  1. Además de marxismo hay… ¡iximachokatzin!

 

 

Iximachokatzin: no tiene sus antecedentes ni en Grecia ni en Roma, ni en la lengua griega ni en la latina.

 

No tiene sus antecedentes en esas lenguas,  pero en ellas están implicadas sus orígenes. Ya que el griego y el latín son fundacionales para el pensamiento imperial en la Europa cristiano-occidental a partir del siglo XVI.

 

Así, el griego y el latín no son el antecedente del iximachokatzin, sino parte de la violencia que provoca y genera la  necesidad de este pensar descolonial.

 

Lo que provoca el iximachokatzin es la simultánea formación en el siglo XVI, consolidación y proyección global desde entonces, pasando por la invasión de Irak por  Estados Unidos y del Líbano por Israel, hasta la actual y compleja situación de Siria.

 

Nuestro pensamiento desde el mundo náhuatl en resistencia, el iximachokatzin, es contrario a la formación salvacionista en la que se funda la idea de modernidad y la oculta necesidad de control, explotación, represión,  desprecio y muerte, de la lógica de la colonialidad, escondida bajo la retórica del triunfalismo salvacionista de la modernidad.

 

El iximachokatzin surge del pueblo nahua en resistencia, con sus mundos material y espiritual invadidos y destruidos por la invasión del occidente cristiano.

 

Hay, pues, una vertiente del pensamiento descolonial que surge y acompaña la historia imperial-colonial moderna, es decir, CAPITALISTA.

 

Pero, ¿En qué consiste  el iximachokatzin? ¿Cuáles son sus características y cuál es su singularidad frente a otros pensamientos disidentes y críticos que ha generado la humanidad, como el marxismo, por ejemplo?

 

En primer lugar: el desprendimiento epistémico.

 

Pero…¿Qué diablos significa eso del desprendimiento epistémico?

 

El desprendimiento del eurocentrismo es nuestro primer paso.

 

Se puede aclarar diferenciando el pensamiento descolonial de la crítica de Karl Marx al capitalismo, o sea, diferenciar el iximachokatzin del marxismo.

 

Porque, según nuestro humilde entender, Karl Marx empleó los instrumentos analíticos de la ciencia del momento (mediando el siglo XIX) para develar la lógica que explica la diferencia en la acumulación entre el empresario y el obrero.

 

Marx descubrió, ni más ni menos, que la lógica del capital.

 

El hecho de que Marx haya sido judío, es decir, víctima del colonialismo interno en Europa, puede explicar, al menos en parte, la sensibilidad que lo llevó a producir conocimiento para la liberación del sujeto en lugar de hacerlo para el desarrollo capitalista.

 

Por eso mismo Marx fue crucificado por la inteligencia que promueve la civilización occidental, el progreso, el desarrollo, las buenas costumbres y la normatividad cristiana, blanca, masculina y heterosexual.

 

Ahora bien, antes, mucho antes de que Marx descubriera la lógica del capital, nosotros, los pueblos indígenas de México descubrimos, pues lo hemos vivido y muerto en carne propia durante siglos, la lógica de la colonialidad.

 

O sea que la historia de la cacería fue escrita por los cazadores y no por leones, como dice un dicho popular entre los afro andinos.

 

Así, vemos 2 principios básicos para el pensamiento descolonial:

 

El primero, la complicidad imperial, en el comercio de esclavos, entre España, Portugal, Holanda, Inglaterra y Francia. Hay una lógica común en la política imperial de estos países que sobrepasa las diferencias nacionales y comerciales entre ellos.

 

El segundo, el comercio de esclavos convirtió a seres humanos en mercaderías y, en consecuencia, en entidades desechables, descartables. Las vidas humanas desechables y descartables tienen su retórica justificativa en el racismo y constituyen el lado oscuro de la colonialidad que se mantiene hasta el día de hoy, y se propaga: comercio de mujeres, comercio de niños, comercio de órganos de los cuerpos humanos, normalización de las muertes de estudiantes, campesinos, indígenas, mujeres, homosexuales, transgéneros…

 

Así, el principio fundamental en la descolonización del Estado y la sociedad, es que la soberanía no debe establecerse en la relación de la persona con el Estado (puesto que el Estado estaba y sigue relacionado a una etnia y por lo tanto a un concepto limitado de lo humano y de la humanidad), sino de persona a persona; es decir, no hay persona que tenga el derecho de controlar, poseer, dominar a otra persona.

 

En fin, que estos ejemplos nos ayudan a establecer la diferencia entre la crítica eurocéntrica al eurocentrismo en la obra de Karl Marx, por un lado, y la crítica descolonial al eurocentrismo en nuestro pensamiento propio, el iximachokatzin, por el otro.

 

En resumen, la crítica de Marx no sólo se realiza en el interior de la lógica epistémica que critica, sino que responde a la misma formación subjetiva (es decir, al sujeto moderno) que critica.

 

Tanto el obrero como el patrón, tanto la familia burguesa como el patriarcado y el machismo, constituyen la diversidad de lo mismo.

 

Porque nosotros, los pueblos indígenas del México de hoy, somos ajenos a la subjetividad del sujeto moderno (tal vez por eso nos consideran símbolo de atraso) y tangenciales a las categorías de pensamiento forjadas a partir del griego y del latín y explayados en las lenguas modernas e imperiales.

 

Como pueblos originarios conservamos elementos, códigos, símbolos, ideas y sentimientos que nada tienen que ver con la vieja y decadente Europa.

 

El desprendimiento proviene entonces de pensar en la experiencia de sujetos fracturados  por la colonialidad y en categorías ajenas a las del griego y del latín y de sus lenguas secuaces modernas, entre ellas el castellano y el inglés.

 

En tal sentido, los mazehuales del presente (los descendientes de los antiguos nahuas)  con nuestra iximachokatzin, somos pensadores fronterizos; construimos una epistemología fronteriza, que es la metodología del pensamiento descolonial y la conducción necesaria del desprendimiento epistémico.

 

 

 

El proceso histórico de los pueblos indígenas de México y de este continente americano, hoy, comienza un proceso de desprendimiento epistémico y político.

 

Sí, escucharon bien: p-o-l-í-t-i-c-o.

 

¿O acaso no siguieron las noticias en los medios de comunicación? Nacionales y extranjeros, grandes y chicos, libres y de paga; por televisión, radio, prensa e Internet. Todos  a su modo, y ni modos, informaron de la conformación, el 28 de mayo pasado, del Concejo Indígena de Gobierno para México del Congreso Nacional Indígena; conformado por concejales de las diferentes regiones del país en donde el CNI tiene presencia.

 

Yo, el maestro Filo, su humilde servidor, soy concejal del CIG para México del CNI.

 

Como tal, nuestro trabajo y objetivo son claros: la destrucción del sistema capitalista, el cual es racista y machista por antonomasia, y levantar un nuevo país para todos, todas.

 

Lo que significa que la historia  de los pueblos indígenas no es cosa del pasado, es del presente y nuestro horizonte es el mañana.

 

Ya lo verán

 

Por ahora no les ofrecemos mucho. Sólo escuchar (ella y yo, yo y ella) atenta y respetuosamente sus historias de  por qué se rebelan, o sea a qué dicen NO, y cómo resisten, o sea a qué dicen sí; y llevar sus sentires al CIG para México del CNI.

 

Gracias