En 2010, la EAEZ publicó un texto titulado Rebuilding the Pyramid: Our Lady Guadalupe in the Process of Revitalization of Native Mexican Cultures/Reconstruyendo la Piramìde: Nuestra Señora de Guadalupe en el Proceso de Revitalización de las Culturas Indígenas de México. Dicho titulo hace referencia a un artìculo escrito por un maestro de la universidad  eslovaca de Trnava, Radoslav  Hlúšek. Su artículo fue publicado por la universidad checa de Ostrava,en 2009, en inglés (con el fin de ser difundido en diferentes universidades y centros de investigación  en varios paìses del mundo), como parte de una antología de trabajos de campo realizados por varios investigadores acerca de los movimientos indìgenas de México. 

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El maestro Hlúšek estuvo en varias ocasiones en la comunidad de Santa Clara Huitziltepec, en la mixteca poblana. La primera ocasiòn fue para hacer un trabajo de campo sobre la cultura náhuatl, con el que realizaría su tesis de doctorado. Asì fue como entró en contacto con un Guadalupanismo interpretado desde la cultura náhuatl.

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Otro Guadalupanismo es posible:       

Nuevas interpretaciones del culto guadalupano

 

                                                   Radoslav Hlúšek

 

Introducción

 

El culto guadalupano (Nuestra señora de Guadalupe), el de la patrona de México, desde sus origenes estuvo estrechamente ligado con los indígenas de estas tierras, al igual que con los mismos españoles, sus descendientes criollos y mestizos. Para un país, con una rica tradición religiosa como es México, es comprensible, que ni en el caso tan unívoco respecto a este culto más importante y más difundido, no existiera uniformidad en las  opiniones. En forma general podemos distinguir dos líneas del culto guadalupano. La primera (la católica) es la oficial, la segunda, la de los aborígenes (el sincretismo), aunque ésta también comprende los elementos del catolicismo, se ajusta a la concepción y al pensamiento indígena. Fuera de estas dos corrientes en los últimos años  apareció la tercera. Ésta es estrictamente anticristiana y la Virgen de Guadalupe se considera  como el símbolo de Madre Tierra. Como Madre Tierra se convirtió en el símbolo  central del proceso de revitalización de la cultura náhuatl (y en el sentido más amplio, de todas las culturas indígenas  de México) y de reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas. Esta corriente  es llamada Otro guadalupanismo (otra forma de la reverencia a la Virgen María de Guadalupe) y se concentra alrededor de una sola pirámide posthispánica en México, edificada  en el municipio de Huitziltepec, ubicado en la parte central del Estado de Puebla. La meta principal de esta otra corriente guadalupana es lograr el reconocimiento de las culturas indígenas, de los indígenas de México, incluyendo la lucha por sus derechos.

El maestro Filo durante la ceremonia wixárika en Cuicuilco 

 

1.     La religión en la vida de los indígenas mexicanos y su sincretismo.

 

Si queremos hablar sobre el lugar que ocupa la Virgen María de Guadalupe en la religión de los nativos, tenemos en primer lugar que definir el papel de la propia religión en las culturas prehispánicas. Desde los tiempos  antiguos,  los nativos han sido gente muy creyente,  lo que confirman múltiples  fuentes históricas. Hasta nuestros días   contamos con varios documentos tanto de origen español, como de origen indígena, que aportan los testimonios sobre la fe de los mexicanos nativos. De todos recordaremos al menos la Historia general de las cosas de Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún, Historia verdadera de la conquista de Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, Historia de los Indios de Nueva España  de Fray Toribio de Benavente o Motolinía, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme de Diego Durán, Crónica mexicáyotl de Fernando Alvarado de Tezozomoc, Historia de la nación Chichimeca de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl o Las ocho relaciones y memoriales de Colhuacán de Domingo Chimalpáhin. Después de la conquista por los españoles, o simultáneamente a la conquista del territorio, acaece la llamada conquista espiritual: los indígenas  tuvieron que aceptar el cristianismo católico. En términos generales la evangelización del continente americano en la medida en que se conoce y ante todo a los ojos del amplio público es conocida como un proceso doloroso y despótico durante el cual los indígenas no han tenido otra opción que escoger: tuvieron que aceptar simplemente el cristianismo. La intención de los españoles de convertir a los paganos de las tierras conquistadas a la verdadera fe cristiana naturalmente no se puede negar. La conversión de los habitantes de los territorios descubiertos representaba una de las  principales actividades de los conquistadores, quienes no admitieron otra alternativa que la evangelización de los aborígenes. Pero la propia evangelización, por mucho, no fue solamente unilateral, en especial en el caso de México. De ello existen varios testimonios (por ejemplo de Motolinía, de Sahagún o de Durán) que hablan sobre  como los indígenas mismos de muchas partes y en gran cantidad se acercaban a los misioneros  para que los bautizaran [de Benavente 1994: VIII-IX]. Uno de los soldados del ejército de Cortés, Bernal Díaz del Castillo (por ejemplo) menciona un interesante relato, que no siempre le fue dada la importancia merecida. Bernal Díaz del Castillo habla de como el Dios Supremo de los aztecas Huitzilipochtli, quien,  a través de sus sacerdotes, muchas veces  prometió a los defensores de Tenochtitlán que vencerían [Díaz del Castillo 1980: 48-49]. Sin embargo la prometida victoria nunca llegó. Los aztecas huyeron, perdieron no solamente la guerra, su capital y el poder,  pero también la fe en su Dios que fue derrotado por el  recién llegado Dios cristiano.

Sin embargo no se puede afirmar, que los indígenas al aceptar el cristianismo totalmente  abandonaran su antigua religión. Esto se refiere principalmente al pueblo común. Los campesinos aztecas con dificultad entendieron la teología azteca oficial y con más razón   apenas pudieron entender la teología de los cristianos que les fue completamente ajena. Por fin, para esta afirmación no necesitamos ir muy lejos, no necesitamos abandonar Europa  cuya tradición cristiana es mucho más vieja, ya que nos surge la pregunta, quien de los actuales creyentes comunes, que participan en las ceremonias religiosas, entienden verdaderamente el dogma.

La élite indígena que sobrevivió la conquista fue la primera de la sociedad aborigen que aceptó la nueva religión junto con la nueva cultura. La nobleza azteca se sintió en primer término parte de la capa gobernante y a la nueva situación en que se encontraba después de la conquista se adaptó naturalmente  conservando sus posiciones, aunque    ya no representaban la fuerza decisiva de la sociedad colonial. La asimilación  de las élites nativas de nueva sociedad fue una de las causas de extinción de la religión oficial en cada una de las ciudades-estados en el espacio mesoamericano[1]. Tal como ya se había comentado, la conversión de los nativos a la fe cristiana fue la tarea más importante de los misioneros[2] y los indígenas no tuvieron ninguna  otra opción  para  conservar oficialmente su religión ancestral. Pero debido a que la gente común entendió el fundamento de la teología cristiana solamente superficialmente, esto permitió a la vez que su religión propia no solamente sobreviviera la conquista militar sino también la  espiritual en forma de un sincretismo[3]. Esto significa que aceptaron el catolicismo formalmente,  conservando su religión tradicional bajo el abrigo de nueva religión católica.

El sincretismo se manifiesta en dos formas. La primera, a través del Culto de los Santos, la secunda, externa, con la aceptación formal de la fe católica [Kovac 2002: 298-299].  Ante todo, el Culto de los Santos, representó en el cristianismo de los nativos mexicanos un fenómeno que los misioneros mismos no fueron capaces de comprender. Las armas  que obtuvieron los indígenas a través del Culto de los Santos les ayudo conservar sus antiguas tradiciones religiosas. Los nativos desde el inicio de la evangelización asignaban a los Santos los atributos de las antiguas deidades, como por ejemplo el Simeón representaba el Patrono del fuego, San Juan Bautista el Patrono del agua y relámpagos, el Espíritu Santo igualmente se empezaba a relacionar con el fuego ya que descendió a los apóstoles en forma de llamas candentes [Gonzáles Torres 1996:  falta la numeración de pág.]. Y este culto católico permitió a los indígenas continuar con su propia  tradición de politeísmo. Los sacerdotes españoles posteriormente se  dieron cuenta de ello y trataron de  enmendarlo aunque sin mayor éxito[4]. Así la aceptación formal del cristianismo se manifiesta a través de la decoración del los recintos sagrados (iglesias, capillas o lugares de peregrinación), pero la propia ceremonia ritual  practicada es dedicada a algunas de sus antiguas deidades. Tampoco debemos perder de  vista que los nativos mexicanos nunca dejaron de creer en los diversos espíritus y demonios y que muchos episodios conocidos de la mitología prehispánica están perdurando bajo la vestimenta cristiana[5]. De lo anterior se desprende que lo religioso de los pueblos nativos de México le imprimió al cristianismo un carácter totalmente nuevo y las dimensiones inesperadas que se manifiestan no solamente a través del Culto de los Santos y la forma externa de los rituales católicos aceptados, sino sobre todo, a través del Culto de la Virgen María de Guadalupe.

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2.     El Culto  Guadalupano como punto central de la religiosidad 

     mexicana.

 

El Culto de la Virgen María de Guadalupe, cuyos principios situamos al siglo XVI[6], esta íntimamente relacionado con el pueblo nativo y sus tradiciones religiosas. Sin embargo, en México como tal, existen muchos lugares relacionados con la Virgen María a través de imágenes propias de la Virgen, y cuya importancia sobrepasa frecuentemente el horizonte del lugar[7]. Por lo tanto, y con más razón, existe la pregunta de porqué la Patrona de México y de su gente (no solamente de los indígenas) es la Virgen María de Guadalupe. Para poder contestar esta pregunta es necesario explicar los fundamentos de la religiosidad popular mexicana. Esta se remonta a los tiempos prehispánicos. Los antiguos mexicanos siempre reverenciaban a las deidades, principalmente las deidades  femeninas porque se relacionaban con la fertilidad y la maternidad. Para las culturas agrícolas este culto es patente ya que de la riqueza de la cosecha dependía la prosperidad de los campesinos. Unas de estas deidades fue por ejemplo Xilonen ( Diosa de Maíz), Coyolxauhqui (Diosa de la Luna y la protectora de las mujeres durante el parto) o Tonantzin ( Diosa Madre, Madre Tierra, igual que como Coatlicue, madre de Huitzilopochtli). Naturalmente también existían las deidades masculinas relacionadas con la  agricultura (como por ejemplo Tlaloc, el Dios de la Lluvia, conocido desde los tiempos teotihuacanos), aunque las deidades femeninas/maternales en  el  culto popular  gozaban como ya se mencionó de mayor simpatía. En México prehispánico existían muchos santuarios y lugares que fueron consagrados a las deidades femeninas, y los misioneros españoles los aprovecharon  para implantar allí el Culto de la Virgen María, que fue también considerado como símbolo de la maternidad. A pesar de que la Virgen María ocupa en el catolicismo un lugar excepcional, como la madre de Jesucristo,  no siempre fue así. En  los primeros siglos de la existencia del cristianismo, la importancia de la Virgen María fue relativamente pequeña, lo que se cambió aproximadamente a la mitad del milenio con la presencia de las actividades de los misioneros en Europa, en aquel entonces pagana. Los misioneros cristianos, sobre todo los benedictinos y los monjes irlando-escoceses, empezaron a utilizar durante la evangelización el culto de la Virgen María, porque esta  fue  para los paganos más aceptada porque sustituyó sus propias antiguas diosas maternales. Este proceder  fue en el año 601 confirmado a través de la doctrina del Papa Gregorio el Grande, en la cual el Papa les da consejos a los misioneros que no construyan iglesias en nuevos lugares inútilmente, sino que aprovechen los lugares sagrados de los paganos retirando sus ídolos y  sustituyéndolos  por el Cristo crucificado, los cuadros de los Santos y de la Virgen María. Gregorio el Grande hizo especialmente mención del culto de la Madre Diosa, en general, el más difundido y que se podría integrar en el Culto de la Virgen María. De lo anterior es evidente que el culto de la Virgen María tuvo éxito gracias a su carácter maternal [Westerfelhaus, Singhal 2001: falta la numeración de  pág.].

Uno de estos lugares consagrados a las deidades maternales en México era el santuario de Tonantzin (Nuestra Venerada Madre) en México, que se hallaba en el cerro de Tepeyac (en la  parte norte de la actual Ciudad de México), que en tiempos antiguos ocupaba la tierra firme al norte de Tenochtián. La famosa aparición de la Guadalupana tuvo lugar precisamente aquí a pesar de que hay tantos otros lugares en actual México dedicados a su culto. Tepeyac y la Virgen María de Guadalupe se convirtieron así en el centro de la religiosidad mexicana. La explicación y justificación de este fenómeno es muy  sencilla.  En primer término, la aparición  de  la Guadalupana, es aparición única en todo México  que reconoció la iglesia oficialmente y en segundo lugar el Valle de México y ante todo la Ciudad de México fue el centro político (y gracias a esto también religioso) del país desde los tiempos de los aztecas. Hernán Cortés después de la conquista de Tenochtitlán escogió sabiamente ya que no construyó una nueva ciudad como el centro de poder español en otro lugar del territorio conquistado, al contrario ordenó limpiar la ciudad  llena de cadáveres después de la batalla, retirar los escombros de la ciudad destruida y luego sobre la ciudad saneada construir una nueva capital de la Colonia. Esto confirma la excepcional capacidad de Cortés de entender la realidad vivida que para la mayoría de los españoles fue difícil de entender. Tenochtitlán como el centro religioso de Valle de México fue la parte más importante de su antigua soberanía. En el centro ritual de la ciudad dominó el Templo Mayor como el más importante templo de la monarquía azteca. Fue muy sabia la decisión que tomó Cortés para edificar la  nueva capital  sobre los escombros de la vieja. Además de ser el centro de poder político de Nueva España fincó aquí también su residencia Juan Zumárraga, primer obispo y arzobispo de la Ciudad de México y del país. Así que en los ojos de los indígenas el centro político y religioso no se había cambiado, se quedaba en el mismo lugar y su continuidad no fue interrumpida después de la conquista de la ciudad.  Esto se refiere ante todo al centro del país, principalmente al Valle de México y sus habitantes, en su mayoría nahuas. Respecto a la residencia de las más importantes oficinas gubernamentales de la Colonia, estas se extendieron a lo largo del país y su  impacto fue más amplio que en los tiempos del dominio azteca. Y naturalmente no debemos olvidar la importancia religiosa del cerro de Tepeyac y de su santuario. Los nativos, y las más de las veces los nahuas, continuaron sus peregrinaciones al Tepeyac para manifestar sus reverencias a Tonantzin. Sobre este hecho  tenemos suficientes informes de las  mismas plumas de los misioneros que conocían muy bien la verdadera razón de estas peregrinaciones de los indígenas al Tepeyac[8]. Desde este punto de vista no es la casualidad que la aparición de la Virgen María de Guadalupe  tuvo lugar precisamente aquí, en Tepeyac, (si sucedió, porque el público desde el principio está dividido en los defensores y adversarios de este hecho, aparicionistas y antiapricionistas). Lo más importante ante todo es que el Tepeyac  tenía las mejores condiciones para que fuera el lugar sagrado más importante de la veneración de Virgen María en México.

      El acontecimiento de la aparición de Virgen María de Guadalupe empieza el día 9 de diciembre del año 1531, cuando un indio náhua Juan Diego, partiendo de su pueblo natal Cuauhtitlan a Tlatelolco pasó cerca del cerro de Tepeyac. En este momento escuchó el canto de los pájaros preciosos y vió una hermosa mujer. Esta empezó hablar en su lengua nativa y se presentó como la Madre de Dios. Pidió a Juan Diego que fuera buscar al obispo Zumárraga y le comunicara su deseo que consistía en que, en el cerro del Tepeyac, se construyera un teocali (en la lengua náhuatl, el templo). El obispo naturalmente no le creyó  y solicitó las pruebas. Después de tres días (el 12 de diciembre, el día oficial de la aparición)  la Guadalupana suministra esta prueba que lo convenció. A lo largo de estos tres días la Virgen apareció tres veces más y en este lapso curó a Juan Bernardo, el tío de Juan Diego. La prueba que solicitó el obispo fue la imagen de la Virgen de Guadalupe que milagrosamente apareció sobre el manto de flores que recogió Juan Diego en la cima del cerro de Tepeyac, en el período de sequía, cuando nada florece[9]. Esto en forma breve nos cuenta la leyenda sobre la aparición de la Virgen de Guadalupe. 

Sin embargo, a pesar de que la Guadalupana representa en la sociedad mexicana un principio más unificador y su culto ha traspasado incluso las fronteras de México, no fue siempre así. Tardó casi 130 años, para que el culto empezara a propagarse fuera de las fronteras del Valle de México. Incluso de este tiempo no conocemos ninguna fuente escrita que provenga directamente de la  región alrededor de la Ciudad de México que nos relatara la aparición de la Virgen de Guadalupe. Esto es interesante, y aún más interesante es, que el mismo obispo Zumárraga, quién aparece en la leyenda como una de las principales personas, no dejó en su rica correspondencia ni una sola mención sobre esta aparición [Gutiérrez Zamora 1996: 112]. El obispo Zumárraga definitivamente no puede ser considerado el fundador del culto guadalupano en México y es posible que ni si quiera haya sabido de él, y si lo sabía, no lo aceptaba como la mayoría de los frailes franciscanos a cuya orden perteneció. Los franciscanos fueron adversarios obstinados del culto guadalupano ya que lo consideraban la continuación de la idolatría de los indígenas. Por ello el apoyo al culto de parte de Juan Zumárraga hubiera parecido un mínimo antagónico a sus ideas. Los franciscanos en  las primeras décadas después de la conquista crearon casi un monopolio para la evangelización de las tierras conquistadas y las cuestiones eclesiásticas de México, lo que cambió con la sucesión del segundo obispo de la Ciudad de México, Alonso de Montúfar, quien puede ser considerado con todo  derecho el padre del culto guadalupano. Montúfar, como un fraile común de la orden, concretamente dominico, tenía como tarea fortalecer la posición del clero mundano (la prolongación de la mano de Corona española) en México y reducir la influencia de los franciscanos que tenían bajo su control la vida religiosa del país. Con este propósito  aprovechó la leyenda sobre la aparición de la Virgen de Guadalupe, que a pesar de la negativa de los franciscanos cada día se hacía más popular y no solamente entre los indígenas sino también entre los españoles. Es probable que fue él, quien en el año 1556,  ordenó a Marcos Cipactli pintar el cuadro de la Virgen Guadalupana y escribir la leyenda en náhuatl sobre su aparición conocida como Nican Mopohua (Aquí se refiere). El autor de esta leyenda hasta la fecha es discutible, los especialistas están inclinandose a la versión de Antonio Valeriano de Azcapotzalco[10]. Pero gracias al obispo Montúfar el culto de Guadalupe empieza a difundirse, aunque el cambio significativo se dio hasta en el año 1649 cuando Lasso de la Vega, el vicario del Santuario de la Virgen María de Guadalupe, publicó en náhuatl, en la Ciudad de México, la leyenda bajo el título Huey tlamahuicoltica (Muy maravillosamente). Esta contiene varios textos y uno de ellos es precisamente el relato sobre la aparición de la Guadalupana sin título, empezando con las primeras dos palabras del texto, Nican Mopohua (Lockhart 1992: 246).  El Nican Mopohua se distingue completamente de otros textos, ante todo, porque está escrito en el tal llamado náhuatl clásico del siglo XVI, o sea en el lenguaje que usaba la aristocracia y los sabios aztecas y que la gente común indígena no usaba. Es evidente que el texto de Lasso de la Vega es una copia de un manuscrito mucho más viejo y  adjudicado al ya recordado Antonio Valeriano [León-Portilla 2000: 20-23]. Un año antes de la publicación del texto de Lasso de la Vega, se editó también en la Ciudad de México otro por el sacerdote Miguel Sánchez, en español, la llamada Imagen de la Virgen María Madre de Dios Guadalupe. También en este caso se trata de una copia de un  viejo manuscrito (traducido al español), lo que confirma que el original del Nican Mopohua que  es más viejo que el libro del Lasso de la Vega  y del mismo Miguel Sánchez [León-Portilla 2000: 31]. Desde la edición de ambas publicaciones, el culto de la Guadalupana empezó a difundirse fuera de las fronteras del Valle de México, y en el transcurso de los siguientes 150 años, la Virgen María de Guadalupe se convirtió en la Patrona del pueblo de México. Su estandarte llevaba al frente del ejército rebelde en su lucha por la Independencia por Miguel Hidalgo y cien años después, por Emiliano Zapata  durante la revolución mexicana. La Virgen María de Guadalupe adquirió varios títulos (la Patrona de la Nación, la Reina de México, la Emperatriz de ambas Américas,  etc.) y en el año 2002 Juan Diego como primer indígena fue proclamado por Juan Pablo II Santo. Aunque la iglesia católica oficialmente reconoció la aparición de la Virgen, ni ella pudo esquivar las controversias que circulan alrededor de ella. Quizás de las más conocidas fue la del año 1995, cuando el abad de la Basílica guadalupana Guillermo Schulenberg,  proclamó que: “ la aparición fue resultado del sincretismo religioso y que Juan Diego fue solamente el medio al cual posteriormente se le adjudicó la existencia histórica” [Westerfelhaus, Singhal 2001: falta la numeración de  pág.].

    Como podemos observar, a pesar de que la Virgen de Guadalupe representa un verdadero  fenómeno, no es posible en el marco de su culto hablar sobre una unificación.  Como cada expresión de una gran espiritualidad, también el culto de la Virgen de Guadalupe, se manifiesta en varios niveles. Tradicionalmente reconocemos sus dos  versiones: 1) la católica (oficial) y 2) la sincrética (popular, pagana). La primera viene representada por la iglesia católica que controla y dirige el culto y se ocupa de sus más importantes  fiestas (ante todo del 12 de diciembre). La iglesia  también es propietaria  de los lugares sagrados relacionados con el culto, que son el cerro de Tepeyac, la Basílica y ante todo la famosa pintura guadalupana. El culto oficial representa la Virgen  de Guadalupe como la Virgen María que forma parte de la más amplia religiosidad ligada a la Virgen María propagada por la iglesia desde los inicios de las actividades misioneras en Europa pagana. La iglesia también cuida de la pureza del culto de la Virgen María en México y representa a la Virgen de Guadalupe como la Madre de Jesucristo y la Madre de los mexicanos, a quienes trajo la salvación.

La versión sincrética no es  menos importante. La iglesia estaba consciente de que existía otra forma de culto (ver la obra de Sahagún, Durán y otros) y aunque se esforzaba en que el culto guadalupano fuera netamente cristiano, nunca tuvo en este sentido éxito alguno. Precisamente el sincretismo religioso se presenta más marcadamente a través de este culto. Los misioneros se dieron cuenta de ello ya en el siglo 16  no pudieron hacer nada en este sentido. Se dieron por enterados, (ante todo los que dominaban náhuatl como Sahagún, Olmos o Motolinía), que la forma de pensamiento indígena era notablemente diferente al europeo. La Biblia y la religión cristiana fueron tan distantes al mundo  indígena y su comprensión del universo que nunca pudieron ser totalmente consumados. Pero la aparición de la Virgen María de Guadalupe ayudó mucho para que los nativos, aunque en forma diferente, pudieran conservar varios de los elementos de su vieja religión. La mujer que se apareció a Juan Diego hablaba náhuatl y se parecía a una azteca joven, con piel morena y la expresión indígena lo que sin duda fue un lazo con los nativos y la gente sojuzgada del país. Además apareció en Tepeyac, que para los indígenas desde los tiempos remotos fue el lugar sagrado de la diosa Tonantzin. Tal como lo comentó acertadamente Sahagún (véase la nota 8) y no debemos perder de vista que estos renglones fueron escritos en el año 1576 o sea 45 años después de su aparición [León-Portilla 2000: 37], los indígenas seguían peregrinando al Tepeyac  para ofrecer las  reverencias a su Tonantzin. Y esta situación perdura hasta nuestros tiempos. Cuando los indígenas hacen la oración a la Virgen de Guadalupe en español, la reverencian como la Virgen o la Virgen María, pero si lo hacen en náhuatl se dirigen a ella como a  Tonantzin o según el caso al nombre equivalente en otro idioma nativo. Simplificando, aprovechan la aparición como a ellos convenga. La conquista para ellos representaba un  choque que difícilmente nosotros podemos imaginar. Diez años después de la aparición de la Virgen esta les ofreció una nueva esperanza. Y no significó la usurpación de su tradición espiritual  azteca (o nativa en el sentido más amplio) sino su culminación. La conquista en la tradición azteca fue pronosticada y la aparición de la Guadalupana  aseguró a los indígenas que alguien los escuchaba y amparaba. El relato sobre la Virgen de Guadalupe también les dio  a entender que el catolicismo representaba la continuidad de sus tradiciones. Luego, lo que españoles consideraban “la conversión”, fue la realización de un “nuevo día” después del cataclismo (Novoa 2004/2005: 278). En el culto guadalupano los nativos mexicanos revolvieron su religión tradicional con la nueva, la católica  exactamente de la misma manera como lo fue el caso del culto de los Santos. La mayoría de los mexicanos dicen que son católicos, pero su catolicismo es diferente del catolicismo europeo. Esto significa, que la fe católica forma parte de la actual tradición indígena, aunque bajo este concepto entienden algo distinto a lo que pregona la iglesia oficial. Las peregrinaciones que son también muy comunes en la actual práctica religiosa de los mexicanos fueron comunes en la época prehispánica. Y precisamente a través de las peregrinaciones es posible observar el carácter sincrético del culto guadalupano. Cada día visita la Basílica y el cerro Tepeyac gran cantidad de peregrinos (el 12 de diciembre alrededor de un millón) para presentar a la Virgen de Guadalupe su respeto, para ver su  imagen, presentarle sus reverencias y pedirle la salud, la felicidad, el trabajo, el dinero, etc. Los nativos que forman parte de las peregrinaciones, vestidos con trajes típicos,  llevan consigo las ofrendas y por lo regular traen al frente del contingente   un estandarte que representa el pueblo del cual partieron. Habitualmente atraviesan el patio de la Basílica y se dirigen a la parte posterior del templo, dónde en la planta baja se encuentra la imagen de la Guadalupana. Aunque casi constantemente se ofician en la Basílica las misas, la peregrinación sigue silenciosamente su camino (si se para es solamente por un rato) hasta llegar al frente de la imagen. Allá, al frente de la imagen,  rezan, cantan tanto en los idiomas nativos, como en el español (si ya no hablan su idioma), tocan los caracoles, antiguo instrumento musical mesoamericano utilizado durante las ceremonias religiosas. Visitan también otros lugares en el alrededor de la Basílica y luego regresan a sus pueblos. Para los europeos es verdaderamente interesante ver como  los indígenas, junto con los sacerdotes católicos y los monjes,  realizan la misma actividad religiosa pero cada uno de diferente manera. Y lo que para nosotros es raro e incomprensible, es normal para ellos. Ambas partes se consideran católicos y  los representantes oficiales del culto nada tienen en contra esta manera diferente  de la religiosidad de los nativos. Parece que ni los 500 años que han transcurrido desde la llegada del cristianismo a México no fueron suficientes para consumar la conversión, aunque esta  afirmación no es del todo  verdadera, ya que la conversión sí se dio totalmente, pero a modo mexicano. 

 

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3.  Otro  guadalupanismo

 

     La  introducción relativamente amplia que hemos dedicado al culto guadalupano, su origen, su evolución y sus dos formas tradicionales en que se presentan nos sirven para acercarnos al fenómeno que se llama Otro  guadalupanismo. Tal como se puede deducir del título, efectivamente se trata de otra forma del culto guadalupano que se distancia de los dos arriba mencionados. La forma oficial y la sincrética del culto guadalupano existe desde el principio y sin duda alguna desde la aparición de la Guadalupana,  solamente la enfocan desde distintos puntos de vista. La nueva corriente, Otro Guadalupanismo, plantea totalmente una nueva visión de la Guadalupana, como el símbolo de la Madre Tierra, el símbolo de la naturaleza y del Universo. La  Guadalupana sirve sobre todo de un instrumento de revitalización de las culturas nativas mexicanas, especialmente de la cultura náhuatl, llegando a ser la fuente de los  conocimientos y conceptos ancestrales. Nuestra Señora de Guadalupe no es ni más, ni menos, que el símbolo de las culturas nativas. Esta nueva forma del culto viene también ligada a la figura de la Virgen de Guadalupe, aunque no lo es desde el punto de vista religioso[11].

     La corriente del Otro Guadalupanismo tiene su origen en la región mixteca poblana, en la parte central del estado de Puebla, específicamente en el Municipio Santa Clara Huitziltepec y en el pueblo del mismo nombre. En ningún caso es privativo de este pueblo,  aunque este movimiento aun no es demasiado difundido (en  realidad hablamos  sobre un movimiento, porque tiene un marcado contexto político). Sus seguidores, los podemos encontrar en varios pueblos y en las ciudades del estado de Puebla, como por ejemplo en  Tecamachalco, Acatzingo, Iztepec y otros. El propio movimiento se declara como libre y no autoritativo, aunque no se puede negar que al frente de él se encuentra un hombre  Citlalxochitzin, conocido bajo el apodo El Filo. Se trata de un vecino de Santa Clara Huitziltepec, quién creció en la ciudad de Puebla dónde estudió matemáticas y física y luego vivió diez años en el extranjero (Canada, Escocia, Alemania). Habla  además del español, inglés y alemán. Náhuatl (especialmente, náhuatl clásico) empezó a estudiar después de regreso a su pueblo natal en el 2001. Aquí encontró definitivamente el sentido de su vida y sus raíces y desde entonces ya no abandonó México. Sus  actividades se podrían comparar con un movimiento de  concientización nacional, ya que representan un esfuerzo de revitalización y  renovación de la cultura náhuatl a través del culto de Nuestra Señora de Guadalupe. La Guadalupana según su opinión no tiene nada que ver con la Virgen María de los católicos. Sus actividades son verdaderamente muy diversas e intervienen principalmente en la vida social, pero también religiosa y política del pueblo. El Filo es un maestro en todos los niveles educativos del pueblo. Organiza las fiestas y las peregrinaciones, escribe  libros y cartas abiertas al gobierno y participa en diferentes encuentros y campañas de protesta. Cuando regresó a su pueblo natal, vivió un tiempo en la casa que le dejó su padre. Allí fundó un centro cultural que de acuerdo al ejemplo azteca nombró Calmécac. Aquí impartía la cátedra sobre la cultura náhuatl. Pronto se convirtió en una personalidad reconocida de la comunidad y en el año 2003 construyó fuera del pueblo una pequeña y redonda construcción (el símbolo Quetzalcoátl-Ehécatl, Dios del Viento) y fue allí donde trasladó su residencia. La construcción recibió el nombre de Caracol que canta al Universo, y el área que la rodea recibió el mismo nombre. Toda el área tiene la superficie de una hectárea dónde se hallan otras construcciones. Cerca de Caracol construyó una pequeña pirámide de cuatro escalones   que nombró el Templo de la tradición náhuatl. La construcción se ubica en la dirección norte-sur y es pintada en colores sagrados de los nahuas (negra, roja, blanca y azul). En la cúspide de esta pirámide se encuentra la estatua de Guadalupe-Tonantzin,  orientada hacia el oeste, y su pareja masculina Totahtzin (Nuestro Venerado Padre), orientado en la dirección del este. El templo fue adornado con cuatro cabezas de Quetzalcoátl y cuatro réplicas del calendario azteca. Las piedras alrededor simbolizan las estrellas y  planetas o sea el Universo. Según la ancestral tradición náhuatl El Filo sigue reconstruyendo y ampliando la pirámide (Hlúšek 2005: 267). El templo, en su interior esconde otra pirámide menor. La última reconstrucción fue hecha en el año 2007, por lo que la anterior pirámide fue cubierta por la nueva que recibió el nombre de la Pirámide de la Guadalupana a la cual dedicaremos la atención en adelante y en otra parte del presente artículo. 

El mencionado territorio detrás del pueblo se considera un territorio en rebeldía, dado que El Filo, un  rebelde, se opone al Gobierno de México, que a pesar de todos los decretos existentes continúa marginando a los indígenas. Dicho de otra manera, en el Caracol, que canta al Universo, no existen las leyes, ni poderes de las autoridades  gubernamentales; federales, estatales o municipales. Como protesta contra el manipulado Proyecto de la Ley de COCOPA (Comisión de Concordia y Pacificación) que debiera garantizar los derechos de los indígenas, El Filo públicamente quemó su pasaporte y su credencial para votar, así que oficialmente no existe. En el territorio del Caracol actualmente se encuentran varios edificios, los más importantes se consideran dos – la ya mencionada Pirámide Gudalupana y la Escuela Autónoma Emiliano Zapata. Antes de dedicar la atención a estos dos edificios y analizar los acontecimientos relacionados con ellos, debemos esclarecer qué es en realidad el  movimiento Otro  guadalupanismo y como lo caracterizan sus seguidores. Como ellos mismos afirman, existen varias formas, de manifestarse como guadalupano.

     

“pero, en general, este Guadalupanismo nada tiene que ver ni con el Cristianismo ni con Iglesia católica. En este otro Ser guadalupano no hay Virgen María ni Jesucristo, no hay Biblia ni Papa. Este otro guadalupismo es una nueva concepción del Universo, del Mundo y de México.” [Pasaje de la introducción de Manifiesto guadalupano, Citlalxochitzin 2007: falta la numeración de  pág.].

 

El Otro guadalupanismo es estrictamente anticatólico y del fragmento citado es evidente que se trata más de una concepción del mundo que de  una religión. Y exactamente es así. El Otro guadalupanismo no considera a la Guadalupana ni como Santa, ni como una Diosa. Ella y todo lo que se relaciona con ella representa una cultura ancestral de los nahuas, su espiritualidad y la sabiduría de los antiguos mexicanos. La restauración y la reivindicación de la cultura indígena a través del culto guadalupano no significan el regreso a la adoración de los dioses aztecas, aunque en  el México actual existen los movimientos (la mexicaneidad) de la veneración de Huizipochtli, por ejemplo. El Otro guadalupanismo es diferente. No posee ni venera ningunas diosas o dioses. No los necesita. Los seguidores de este culto desean ser libres, sin fanatidmos y no desean reemplazar un dios por el otro. Esto significa  que la Virgen de Guadalupe o mejor dicho Tonantzin-Guadalupe, aunque el nombre de Tonantzin se usa comúnmente hasta la fecha, no representa ninguna diosa, sino una  bella metáfora que surge de la cultura ancestral indígena.  La Guadalupana  representa  la Madre Tierra y el símbolo de la Tierra y éste es el enfoque del Otro gudalupanismo de la figura de Gudalupana, el Universo, el mundo y México. El Otro guadalupanismo  también está fundado en las dos conocidas obras artísticas – la pintura y el relato (Nican Mopohua) pero la diferencia de su uso en comparación con otros cultos radica en su distinta interpretación.

     Según los seguidores del Otro guadalupanismo la imagen de la Guadalupana es necesaria que sea vista de otra manera. La iglesia católica realza el origen milagroso de la imagen en el manto de Juan Diego a pesar de que su autor fue Marcos Cipactli, lo que hoy en día es bien conocido. Además perciben la imagen como una pintura con rasgos nativos  a pesar de que es parecida a la Virgen de Guadalupe de Extremadura, España. El cuadro por lo tanto  es necesario percibirlo en primera instancia como un códice indígena. Aunque el autor del cuadro tenía la intención de pintar la imagen destinada tanto para los indígenas como para los españoles. Por ello, cuando los españoles, los cristianos y los invasores, como dice el Otro guadalupanismo, la vieron, se convencieron de que la pintura representaba a la Virgen María de Guadalupe (Virgen española), aunque un poco extravagante. Los nativos por el contrario lo percibieron totalmente de otra manera. Observada la pintura, se identificaron en ella con Tonantzin y otros símbolos de su propia religión, los cuales tuvieron que estar escondidos. Así que al aceptar los indígenas a Guadalupe, la hicieron suya en su veneración. Parece que era una estrategia de resistencia de los últimos sabios aztecas, quienes en esta forma salvaron su cultura para las siguientes generaciones, aunque en nuevo hábito. Para los indígenas el concepto de la Virgen María como tal les fue totalmente ajeno y se les dificultaba reconocerla como su diosa porque no la conocían y no la entendían. Pero en la pintura guadalupana aparecen muchos símbolos. Algunos son representaciones que tienen explicaciones claras, otros parecen los glifos lo que implica entender la imagen como un códice ya que  los glifos se pueden leer e interpretar. Aunque la mayor parte de los actuales veneradores de la Virgen de Guadalupe no tienen la menor idea  al respecto y los símbolos  representados en el cuadro los ven como unos simples dibujos. De todos mencionaremos aquí varios, incluyendo sus interpretaciones.

     En primer lugar mencionaremos el glifo del cerro de Tepeyac. En la imagen se encuentran varios. Los reconocemos fácilmente porque tienen la forma de una hoja que se desenvuelve como una nariz ubicada en el  centro. Para este glifo es precisamente característica la nariz, Tepeyac en náhuatl significa Nariz del monte. El glifo de Tepeyac en la pintura no es casual, porque para los indígenas Tepeyac desde siempre fue relacionado con su diosa Tonantzin. La leyenda sobre su aparición dice que la Virgen de Guadalupe deseaba que le edifiquen el templo precisamente en este lugar.  Los nahuas de siglo XVI identificaron en este cuadro el glifo de Tepeyac así que relacionaron el cuadro con Tonantzin y no con la Virgen María.

Otro importante símbolo es situado en el regazo de Guadalupana. Es una flor de cuatro pétalos, que en la cultura náhuatl aparece ya desde los tiempos de los teotihuacanos, la cultura anterior a la azteca (Otro guadalupanismo considera a los constructores de Teotihuacan a los nahuas, como una sociedad científica). La flor de cuatro pétalos la podemos encontrar en el Palacio de los Jaguares, cerca de la pirámide de la Luna, en  Teotihuacan, dónde se encuentran varios relieves con este motivo, igual que en las ruinas del Templo Mayor en el centro de la Ciudad de México, o en el famoso Calendario azteca. La flor de cuatro pétalos es un símbolo por excelencia de la cultura náhuatl  Representa cuatro puntos cardinales relacionados con el quinto punto en el centro. Es a la vez el símbolo de Nahui ollin (Cuatro movimientos) del quinto sol,   cuya era según la tradición náhuatl aun vivimos. El Filo dice, que cada gran religión del mundo tiene su símbolo. El símbolo del guadalupanismo es la flor de cuatro pétalos, porque es característica de la ancestral cultura prehispánica náhuatl. La presencia de esta flor en el cuadro guadalupano es pues lógica. Su ubicación en el regazo de la Guadalupana representa la maternidad y fomenta la importancia excepcional del niño. Este niño representó para los indígenas antiguos a Huizilopochtli o sea en el cuadro es integrado el mito sobre el nacimiento del dios Huizilopochtli y la victoria de la luz sobre la oscuridad.  La Guadalupana aquí representa a Coatlicue, los rayos solares que salen por atrás de su figura y la flor de cuatro pétalos al Quinto Sol, la luna a Coyolxauhqui y las estrellas a Centzon Huitznahua.

Si observamos cuidadosamente el niño pintado en la parte baja del cuadro, nos damos cuenta que no tiene agarrado en sus manos la luna saliente sino que una mano toca la túnica y la otra el manto de la Guadalupana. La túnica es de color rojo, el manto es  azul, o mejor dicho azul verde o sea turquesa. Estos dos colores sagrados de los nahuas se encontraban en el Templo Mayor de Tenochtitlán. El santuario de Huitzilopochtli tenía el color rojo, Tlaloc (el Dios de la Lluvia) color turquesa. Estos colores conceptualizan  Atl tlachinolli, agua que arde (atl- agua, tlachinolli- algo que arde) que en los tiempos antiguos presentaban para los nahuas la dualidad. Los dos elementos opuestos (fuego y agua) deben estar siempre presentes juntos y a la vez equilibrados ya que de otra manera la vida en la tierra desapareciera. Además el niño tiene las alas. No son las alas de un ángel, sino de un águila. El águila fue siempre el pájaro sagrado de la cultura náhuatl y relacionado con el sol Huitzilipochtli. Según Otro guadalupanismo el niño (Piltzintli, Dios Niño) representa el naciente sol, solsticio de invierno, cuando el día es más corto y cuando la Virgen de Guadalupe apareció en Tepeyac[12]. Debido a estos y otros símbolos  fundamentales la pintura de la Guadalupana es estrechamente ligada con la cultura ancestral  náhuatl igual que el relato sobre la aparición.

    El  Nican Mopohua, relato, en el cual se describe la aparición de la Virgen de Guadalupe, igual que el cuadro, es la obra de un nativo mexicano. No es de importancia si su autor fue verdaderamente el estudiante de Sahagún y su posterior colaborador Antonio Valeriano, sino que la obra fue escrita a la mitad del siglo XVI en náhuatl clásico. Los seguidores de Otro guadalupanismo advierten, que la mayoría de la gente que profesa el culto guadalupano y no importa si creen en la línea oficial o sincrética,  no tienen la menor idea sobre la existencia de esta obra literaria. Desde su punto de vista eso es una lástima, porque el texto es fundamental para el entendimiento del sentido auténtico de la aparición guadalupana a pesar de que existen varias traducciones al español[13], así que esta disponible para todos que lo desean hojear. Según El Filo y sus compañeros es  indispensable leer Nican Mopohua en el original, porque los personajes, las fechas y los lugares que aparecen en el texto están totalmente fuera del alcance de la comprensión cristiana, y por lo tanto la simple traducción puede ser insuficiente para su comprensión. Con la traducción se pierde la propia esencia de Nican Mopohua y sin embargo es importante comprender los conceptos integrados en cada palabra. Desafortunadamente en las escuelas mexicanas excepto de las universidades no se enseňa el náhuatl; más bien  se promueve el inglés y no las lenguas indígenas. En México existen unos 62 idiomas indígenas  que se consideran más bien ser meros dialectos. Si una persona habla solamente lengua nativa entonces se considera como monolingüe. El Filo por ello se pregunta: “¿Cuanta gente en México habla solamente una sola  lengua? La mayoría. El español. Y nadie dice que son monolingües. Pero hablar el idioma nativo significa que la persona es monolingüe porque habla el dialecto[14].

El Otro guadalupanismo considera que  el relato sobre la aparición de la Guadalupana contiene varios puntos que merecen la atención, percibiéndolos desde el punto de vista de su filosofía. En principio se habla que este fenómeno se dio diez años después de la conquista de Tenochtitlán, lo que significa “durante cruel y sangriente invasión militar,  cuando el cristianismo fue brutalmente impuesto.” [Citlalxochitzin 2007: falta la numeración de  pág.]. Y esta guerra hasta la fecha no ha terminado. Se trata de la más larga guerra en la historia de la humanidad, que dura ya 500 años. La guerra de la civilización cristiano-occidental contra los  nativos americanos, que en México fue  encabezada por los españoles (en América del Norte por los franceses  y principalmente por los ingleses) y principalmente por la iglesia católica. Ahora, después de 500 años, esta guerra continúa, aunque es encabezada por los Estados Unidos de América del Norte y seguida por sus iglesias y sectas protestantes.

Otro punto importante de esta historia es el lugar dónde se consumó la aparición, el cerro de Tepeyac. El propio Juan Diego lo describe bajo la visión de un hombre perteneciente a la cultura náhuatl, en Xochitlalpal (Tierra florida) y Tonacatlalpan (Tierra de nuestro sustento). Ambas expresiones forman parte integral de la ancestral religión náhuatl. Cuando los ancestrales nahuas han querido llegar a Xochitlalpan tuvieron que consumir los hongos alucinógenos. Estos hongos junto con las plantas alucinógenas en forma general fueron consumidos en la religión mesoamericana para aumentar la sensibilidad al entrar a los recintos sagrados. Xochitlalpan fue este lugar mágico que era posible alcanzar por medio del consumo de las plantas alucinógenas. Y Juan Diego probablemente estaba consumiendo estas plantas ya que de otra manera  no hubiera podido sentirse como en Xochitlalpan.

Podemos continuar con la descripción del propio Juan Diego. La Guadalupana se apareció precisamente a él, lo que no es un hecho casual. Perteneció a macehualtin (la gente común), lo que tiene dos significados. El primero lo podemos entender dentro del contexto prehispánico cuando la sociedad azteca y en el sentido más amplio la sociedad náhuatl  fue dividida en dos grupos básicos – macehualtin a pipiltin (la nobleza), el otro, nuevo contexto, apareció después de la conquista. Todos los indígenas fueron derrotados y por lo mismo todos eran macehualtin. Ambos conceptos sin embargo pueden ser mezclados, porque en el siglo 16 en México aun viven muchos miembros de la elite azteca. Aunque   prácticamente todos adoptaron la cultura europea (española), la religión y las costumbres y se han hecho parte de la aristocracia, en este caso de la aristocracia colonial española.  Juan Diego sin embargo estaba colocado en el eslabón social más bajo. Y por ello la Guadalupana lo escogió como emisario quién debía anunciar al obispo su voluntad. Él, quién no hablaba español, solamente náhuatl. Nican Mopohua descubre que Juan Diego pidió a la Guadalupana para que escogiera para esta misión otra persona, más importante [León-Portilla 2000: 113], a quién el obispo pudiera creer lo de la visión. En México había muchos indígenas que ocupaban altos puestos, pero estos no fueron elegidos. Podemos entonces preguntarnos porque no apareció la Guadalupana directamente al Juan Zumárraga, al franciscano y obispo, conocido por el respeto y reverencia que profesó a la Virgen María. Pero fue elegido un desconocido macehualli. Según los actuales activistas esto significa que la Guadalupana pertenece a los  habitantes originarios de México, quienes fueron derrotados, porque representa un  símbolo de su esperanza y protección. Y como ya hemos mencionado en otra parte de este artículo, Juan Zumárraga con seguridad nada sabía sobre la aparición de la Virgen. ¿Qué se puede entonces deducir de este hecho para Otro guadalupanismo?  Igual que El Filo, también otros dicen que no existió tal aparición. No tuvo lugar este  acontecimiento, porque esto no es posible en el Universo, esto negaría todas las leyes de física. La figura de Juan Diego es inventada, nunca existió y de la misma manera  tampoco existió Nuestra señora de Guadalupe. Por lo que Otro guadalupanismo dice, que la leyenda sobre la aparición (Nican Mopohua) es solamente una obra literaria y una muestra excepcional de la poesía náhuatl. Y la propia Virgen de Guadalupe y Juan Diego no son más que los personajes de la literatura. “Pero para nosotros lo más valioso es que en el Nican Mopohua está un mensaje de los antiguos mexicanos para nosotros. De lo que es sagrado. En este caso Juan Diego representa uno de los vencidos, de los de abajo, de los que están viviendo esta guerra de conquista. Los indígenas de hoy. Es lo que representa Juan Diego. Y la Guadalupana lo que representa, es la naturaleza misma, las estrellas, el sol, la luna, que son, siempre están aquí”[15]. Sin embargo para Otro guadalupanismo lo importante es ante todo lo que la pintura y el relato simbolizan. En ambos casos esta escondidos en el Universo, en la naturaleza y en la historia de México. Y para el  Otro guadalupanismo es importante entenderlo. Por ello sus seguidores siguen su instrucción. Estudian la historia, la antropología, la cultura náhuatl, la literatura, la filosofía, las lenguas (náhuatl, inglés, alemán), la politología, pero también química, física, matemáticas y astronomía. El Otro Guadalupanismo está  fundado en el conocimiento, no en la creencia[16]. Por eso parte de la sabiduría de los antiguos mexicanos complementado  por los conocimientos de la ciencia moderna.

Para terminar recordaremos el deseo de la Guadalupana y la razón de porque a Juan Diego se le apareció con una intención clara. Quiso que él,  se comunicara con el obispo y le expresara su deseo para que construyera en el Tepeyac un templo dedicado a ella. Pero como todo el texto está escrito en náhuatl, no solicita la construcción de una iglesia, la capilla o la basílica, sino la construcción de un teocalli [León-Portilla 2000: 105]. Y en esto radica una de las más importantes orientaciones del Otro guadalupanismo. De lo anterior se entiende que la Guadalupana claramente desea el templo, que responde a la religión mexicana y no a la cristiana. Naturalmente que los cristianos no han cumplido con su voluntad. Construyeron una capilla, más tarde una iglesia y ahora en las faldas de Tepeyac vemos  erguirse la  famosa Basílica aunque la Guadalupana deseaba otra cosa. Por eso El Filo y sus camaradas no han hecho nada especial, solamente cumplieron con su voluntad, cuando atrás de Santa Clara Huitziltepec han construido un teocalli. Tal como ya se había mencionado, el actual es el tercera en orden. Cuando El Filo estaba cubriendo la pirámide anterior en cuya cúspide estaba la estatua de la Guadalupana, algunas gentes del pueblo se enojaron  pues según ellos estaba enterrando la imagen, o sea que estaba ultrajando a la propia Guadalupana. El Filo entonces les explicó que fue una antigua costumbre mexicana, en determinados intervalos de tiempo, transcurridos 52 años,  reconstruir las pirámides. En su caso no esperó este tiempo para la reconstrucción   como lo han hecho los antepasados sino tomó en cuenta importantes acontecimientos  en la vida del pueblo. Así, lo que hacen los miembros del Otro guadalupanismo en Santa Clara Huitziltepec, no se considera ninguna ofensa a la Guadalupana, al contrario es un cumplimiento de su voluntad, como lo expresa el Nican Mopohua.

 

pirámide en la mixteca poblana

3.1. Pirámide gudalupana

 

       La pirámide a las afueras  del pueblo que construyó El Filo con sus compañeros    se considera un verdadero teocalli, el templo de la tradición religiosa mexicana. Pero también se la consideran teocalli, consagrado a Guadalupe-Tonantzin, en el sentido del Otro Guadalupanismo. Para El Filo y otros miembros de su movimiento es también muy importante tomar en cuenta que la pirámide fue construida con el apoyo de mucha gente, que  éste no es un teocalli particular y ligado solamente a un grupo determinado. La pirámide está edificada en el terreno que pertenecía a sus antepasados y aunque no tiene ningunos papeles de esta propiedad, la gente del pueblo respeta su derecho consuetudinario a la propiedad. Todo el conjunto de la propiedad esta abierto para los que desean conocerlo, verlo, conocer el lugar y las razones de la construcción de la pirámide. Según el Otro gudalupanismo, el templo es fin, continuación y el comienzo de la antigua tradición indígena (Citlalxochitzin 2007: falta numeración de pág.).

La pirámide está pintada en cinco colores (4+1) que simbolizan cuatro puntos cardinales y que son representados en el cuadro de la Guadalupana. El Filo, quién decoró la pirámide, utilizó el rojo (símbolo de este), el blanco (oeste), azulverde (sur), negro (norte). El último color que simboliza el centro, es amarillo[17]. La pirámide está también orientada en los cuatro puntos cardinales. La escalinata está orientada al oeste, más precisamente, al punto, dónde se pone el sol el 22 de diciembre o sea en el día de solsticio de invierno y la aparición de la Guadalupana. La escalinata tiene 13 escalones que simbolizan 13 cielos, cada escalón está decorado con cierta cantidad de flores de cuatro pétalos y todos juntos cuentan 52. El último escalón tiene dibujados 9, lo que simboliza 9 niveles del bajo mundo. Esta construcción según El Filo es como una nave del Universo firmemente anclada en la tierra, pero orientada al Universo (Citlalxochitzin 2007: falta la numeración de pág.). La pirámide no es consagra a ningún dios, antiguo o moderno. Viene consagrada al Universo y simboliza el respeto al espacio y al tiempo. El Universo es representado con la imagen de la Gudalupana que se encuentra en el santuario ubicado en la cima de la pirámide. Esta imagen de la Guadalupana es diferente. Naturalmente ella no es ni la Virgen María ni la Virgen de Guadalupe de Tepeyac. Es una Guadalupana de Huitziltepec. En las paredes de la pirámide estan representados los tres importantes calendarios que utilizaban los  antiguos pueblos de Mesoamérica (el calendario de sol de 365 días, el calendario sagrado de 260 días el y calendario de Venus de 584 días), el símbolo de atl-tlalchinolli y también el símbolo del cerro de Huitziltepec, según se llama el pueblo. El estilo pictórico que utilizó Filo para decorar los edificios corresponde al antiguo estilo de pintar de los códices náhuatl, ante todo el códice Borgia que en general es el preferido, porque entre otros, describe el calendario ritual, tiene origen prehispánico y según los conocedores especialistas proviene de la región mixteca poblana. La copia de este códice sirvió a Filo como inspiración para decorar la pirámide. La pirámide como tal simboliza la sabiduría y los conocimientos de los antiguos mexicanos y su espiritualidad basada en la naturaleza. Ya que la Guadalupana simboliza la Tierra y el Universo, Otro guadalupanismo pone un énfasis fuerte en la ecología y en la naturaleza, que, según él, la  civilización occidental junto con el cristianismo aniquilan. El contenido ecológico y su dimensión solamente reafirman que el  Otro guadalupanismo no es un verdadero movimiento religioso.

 

SupMarcos frente a la EAEZ

3.2 Escuela autónoma Emiliano Zapata

 

      Esta escuela es considerada como el segundo edificio más importante en el área de Caracol que canta al Universo. ¿Por qué precisamente la escuela? Como ya se había citado arriba, El Filo, enseñaba en todos los niveles educativos del pueblo. Allí prestó sus servicios gratuitamente. Pero también señala que el sistema educativo mexicano no cumple con las expectativas que sugiere y lo considera malo. Por otro lado fue forzado abandonar las escuelas ya que en las horas de clases frecuentemente debatía con los alumnos sobre la situación política en el pueblo, estado, en el país y en el mundo, lo que no pareció a algunos padres, las autoridades de las escuelas y las autoridades municipales ya que sus opiniones sobre este tema eran demasiado críticas. Aunque Otro guadalupanismo como tal, no es un movimiento político, pero de alguna manera  llega al contacto con la política cuando lucha por los derechos de los aborígenes y la reivindicación de las culturas indígenas en México automáticamente se involucra con la política. El Filo y otros miembros no están de acuerdo con el sistema político actual, o sea democrático, y públicamente lo critican. El Filo también critica los planes de estudio de la SEP (Secretaría de Educación Pública). Las asignaturas, como por ejemplo la historia que son adaptadas a la ideología mexicana oficial, lo que significa, que se celebra el pasado indígena, pero se olvida el presente y se habla sobre la nación mexicana, pero no se habla sobre los pueblos de México y sus culturas. En la Constitución se dice que la educación es gratuita;  sin embargo es conocido que en el México existen en todos los niveles muchas escuelas particulares (naturalmente no en los pueblos como es Huitziltepec), y la gente joven tiene a veces pagar por recibir la  instrucción ya que por diferentes razones muchos no son aceptados en las escuelas públicas y si quieren continuar con su preparación tienen recurrir a este tipo de  escuelas. También, por lo menos así se comenta, que el nivel de la educación en las escuelas particulares es más alto. Lo grave es que no cualquier se puede dar ese lujo. Por ello El Filo y sus compañeros decidieron construir una escuela dónde todos tuvieran   acceso a ella o sea para quien quiera aprender y quien quiera enseñar lo que sabe. Dicen, que la educación debe ser pública, científica y gratuita. Pública, porque se respeta la edad,  le preferencia sexual, la forma de vestir y de pensar, científica, porque no se enseñan los  dogmas religiosos, se enseña a pensar, a analizar aquello que están aprendiendo en forma objetiva, gratuita, porque nadie paga si quiere ingresar a la escuela (Citlalxochitzin 2007: falta la numeración de pag.). En la escuela no existen autoridades, tampoco ordenes y todos son iguales. Pero nadie debe olvidar que aprender y estudiar es la esencia de Otro guadalupanismo, porque es más importante saber que creer.

El nombre de la escuela y su lema es muy sugestivo. Emiliano Zapata, el héroe nacional de los tiempos de la revolución mexicana y luchador por los derechos indígenas, es  símbolo de rebeldía y lucha contra el gobierno malo. Es sintomático que de su  nombre  se sirve el último levantamiento en México (es decir, el levantamiento de EZNL – Ejército Zapatista de Liberación Nacional). La escuela en el área de Caracol lleva su nombre por ciertas coincidencias y también porque el Otro guadalupanismo apoya a los zapatistas. Escuela de nombre de Emiliano Zapata significa, que la gente se puede educar con libertad y enseñar a otros y que los planes de estudio oficiales de la SEP no son importantes. Lema de la escuela  “Vivir por la Patria, morir por la Libertad” reafirma la dimensión política del Otro guadalupanismo. El espacio de la escuela sirve también para diferentes actividades públicas como son diferentes presentaciones. Por ejemplo 15 de febrero 2006 la visitó incluso el más conocido líder de EZLN subcomandante Marcos.  

 

immm

3.3 Actividades 

 

Como ya se dijo Otro guadalupanismo no implica solo la cuestión religiosa. Al contrario se caracteriza como un movimiento indígena a nivel nacional. La Guadalupana es comprendida como el símbolo de la Tierra, de la naturaleza y del Universo, no como una santa, como una diosa. La comprensión del Mundo y del Universo, cuando nos referimos a él surge de la   antigua espiritualidad náhuatl que parte del conocimiento de la naturaleza. Pero  el movimiento como todo, tiene su enfoque en la lucha por el reconocimiento de los derechos humanos de los nativos de México, y la reivindicación de sus culturas. Con ello tiene mucho en común con la política aunque esto no resulta de su esencia. Pero consideramos que en forma general es válido si algún movimiento parecido lucha por estas exigencias no puede esquivar el campo político. Otro guadalupanismo no ve la política desde punto de vista occidental, lo que quiere decir que no parte de las prácticas democráticas, las elecciones, las campañas preelectorales, el parlamento, la elección del presidente, la lucha por el poder. Otro guadalupanismo comprende la política en el sentido más amplio, más noble, como el servicio a la comunidad y a  la gente. Y por ello puede y es entendido como el movimiento político.

Los seguidores del Otro guadalupanismo organizan diferentes actividades en su escuela, en la pirámide, pero también en el centro del pueblo. Los organizan como la respuesta a los acontecimientos que suceden en el Gobierno a nivel Federal, Estatal y Municipal (las elecciones, las leyes, las reformas, fraudes y etc.). Además de estas actividades también promueven la presentación del Otro guadalupanismo en otros lugares. Durante nuestra investigación de campo y la estadía en Santa Clara Huitzilitepec se llevaron a cabo dos actividades de este tipo. Ambas en diciembre. La primera el 12 de diciembre y la otra diez días después. Estas fechas son naturalmente muy simbólicas. El doce de diciembre es la fecha más importante en el calendario religioso de México. La aparición de la Nuestra Señora de Guadalupe se celebra cinco días (el 10 a el 14 de diciembre). En este  tiempo, la vida religiosa del pueblo se traslada del centro del zócalo, de la iglesia de Santa Clara,  al cerro de Tepeyac fuera del pueblo, al santuario consagrado a Virgen María de Guadalupe. Las procesiones, las misas y las ceremonias, que durante estos días se celebran son características de las festividades guadalupanas en todo el México.  Sin embargo en el caso de Santa Clara Huitziltepec, en el año 2007, esta festividad se convirtió en una cuestión política. En este año las festividades fueron organizadas por primera vez por las autoridades Municipales en vez de estar a cargo de los miembros de la Mayordomía del cerrito de Tepeyac[18], como fue la costumbre. El Filo, quien fue elegido como mayordomo para el año 2007, no pudo cumplir con sus obligaciones ya que tres meses antes de las festividades de la aparición de la Virgen, durante la media fiesta, las autoridades del Municipio (miembros del PAN – Partido de Acción Nacional), en cierto modo de manera ilegal, le quitaron la mayordomía porque El Filo constantemente critica la política oficial y especialmente la de PAN. Así se interrumpió una tradición guadalupana basada en la mayordomía que tiene más de cien años en el pueblo y no solo el Otro Guadalupanismo pero el guadalupanismo como tal se involucró en un problema político. Varias personas del pueblo preguntaron a Filo si no organizaría en la pirámide una celebración separatista lo que él hizo el día 22 de diciembre que  se considera como la verdadera fecha de la aparición. Y el día de 12 de diciembre  Filo  organizó en la Escuela Autónoma Emiliano Zapata una presentación del manifiesto guadalupano (como la reacción de reproche a la celebración oficial en el cerro), en la cual con sus seguidores explicó a los presentes que significa ser un verdadero guadalupano para ellos, y  como  entender la pintura guadalupana y el relato sobre su aparición. La celebración el día 22 de diciembre (solsticio de invierno) se llevó a cabo en la pirámide. Durante ella se quemó como ofrenda la parte de la Tóra  (el símbolo de Biblia y cristianismo) y se vació Coca-Cola (el símbolo de la globalización encabezada por  Los Estados Unidos). Reemplazados los objetos se colocaron sobre el pedestal el Códice Borgia y el pulque, como los símbolos de la espiritualidad y sabiduría, y también de la cultura de los nativos del lugar. Luego varios de los presentes declararon públicamente de renunciar al cristianismo y convertirse en guadalupanos. La quema de Tora no tenía  como propósito el ofender el cristianismo, tampoco al judaísmo ya que Otro gudalupanismo no ofende ni convence, pero desea demostrar, que México tiene su propia historia, su cultura y la espiritualidad y que la creencia que proviene del Oriente Cercano no tiene nada que ver con la tradición espiritual mexicana y es totalmente ajena a la religión tradicional de los indígenas. Sacrificar Coca-Cola es lógico. Es el símbolo de la globalización, neoliberalismo e imperialismo norteamericano (y también del Gobierno mexicano, que se somete a Washington). En su lugar fueron colocados al “altar”[19] los símbolos de la cultura náhuatl. Toda la ceremonia tenía por objeto simbolizar la revitalización de la cultura y espiritualidad de los aborígenes. Además de este tipo de las actividades, los miembros del movimiento participan en muchas otras acciones. Apoyan las protestas contra el Gobierno y forman parte de los encuentros indígenas[20] y las diversas demostraciones[21].

 

Conclusión

 

Como podemos ver, el Otro guadalupanismo, lo debemos entender desde varios puntos de vista. A pesar de que la Guadalupana juega en él importante papel, no debemos olvidar que es “solamente” el símbolo de la cultura y la espiritualidad de los pueblos antiguos,  comprendida como la Madre Tierra, como la propia Naturaleza. Los dos símbolos  fundamentales del culto guadalupano, la pintura y el relato son considerados solamente como obras artísticas y de esta manera son interpretadas. Otro guadalupanismo traspasa las fronteras religiosas. Es un movimiento mucho más amplio que abarca la religión, la cultura, la política y la educación. Pero ante todo se esfuerza por reivindicar y reconocer las culturas indígenas de México a través del culto tradicional de Nuestra Señora de Guadalupe.

 

“La cuestión crucial para nosotros es la conversión a una epiritualidad humanista. Sin religión, sin dogmas, sin instituciones, a una espiritualidad preparada desde hace mucho por el movimiento de una sociedad atea. En nuestro caso fundamentada en la espiritualidad originaria de estas tierras, de los pueblos indígenas. Creemos que no tenemos que elegir entre el materialismo egoísta, como marxismo, o la aceptación del concepto cristiano de dios. La vida social misma en todos sus aspectos, en el trabajo, en el tiempo libre, las relaciones personales serán la expresión del espíritu humano, no se requerirá tener una religión determinada. Esta demanda de una nueva espiritualidad atea, no institucional no es unataque a las religiones existentes. Sin embargo esto significa que la iglesia empezando por la burocracia romana deberá convertirse al espíritu de los evangelios o desaparecer[22].”

 

 portitis

 

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SAHAGÚN, Bernardino de, 2000, Historia general de las cosas de Nueva España. Tom III. Conaculta, México.

WESTERFELHAUS, Robert y SINGHAL, Arvind, 2001, Difficulties in Co-opting a Complex Sign. Our Lady of Guadalupe as a Site of Semiotic Struggle and Entanglement. Communication Quarterly. Electronic document, http://infotrac.galegroup.com/itweb/dob, October 25, 2004.



[1] Aquí no tenemos en la mente solamente el dominio azteca, pero toda la Mesoamérica, en la que existían muchas naciones aborígenes (los zapotecas, los mayas, los tarascos, etc.) con sus propias ciudades-estados.

[2] A los comienzos lo fueron los franciscanos pero más tarde los dominicos y los agustinos, los cuales fueron seguidos por los jesuitas al fin del siglo XVI.

[3] Según Murphy el término sincretismo significa: „proceso de la expansión de una cultura, en el que los elementos nuevos e antiguos se mezclan. Integración de los atributos nuevos con la ayuda de interpretación nueva y sincretismo posibilita que las sociedades pueden aprender de las culturas vecinas sin la pérdida de su propia individualidad, diferencia e integridad.“ [Murphy 1999: 203].

[4] Tenemos varios testimonios de eso. Por ejemplo los de Fray Bernardino de Sahagún o Fray Diego Durán, quienes son los personajes más involucrados en esta problemática.

[5] Los Nahuas del área de Sierra Negra de Puebla hasta hoy en día cuentan la historia siguiente. Jesúcristo bordeaba el mundo vacío. Al ver esa vaciedad tomó un poco de barro y moldeó la figura de un ser humano. La figura no se movió, por eso Jesucristo tomó un maíz y lo colocó en los labios de dicha figura. Después sopló sobre su rostro y la figura empezó moverse. Así,  el hombre estuvo creado de la tierra, pero tenía que ser revivido por el espíritu divino. El papel indispensable en este proceso de creación, lo desempeňa el maíz [Romero 2008: 63].

[6] Fiesta de Nuestra señora de Guadalupe cae en 12 de diciembre. En este día en el año 1531 el primer obispo de la Ciudad de México Juan de Zumárraga creyó y reconoció, que la Virgen de Guadalupe se apareció al indígena nahua del nombre de Juan Diego.

[7] De ejemplo podemos poner Virgen de los Remedios, Virgen del Rosario, Virgen de Juquila, Virgen de Zapopan, Virgen de Dolores, etc.).

[8] „…El uno de éstos es que aquí en México, donde está un montecillo que se llama Tepeácac…En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses, que la llamaban Tonantzin, que quiere decir nuestra madre. Allí hacína muchos sacrificios a honra desta diosa…Y agora que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalope, tanbién la llaman Tonantzin…Y vienen agora a visitar a esta Tonantzin de muy lexos, tan lexos como antes, la cual devoción tanbién es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lexos tierras a esta Tonantzin, como antiguamente.”  [de Sahagún 2000: 1143-1144].

[9] Desde ese tiempo hasta hoy día esta imagen presunta está colgada sobre la pared en el sótano de la Basílica guadalupana en la Ciudad de México, aunque el autor de esta pintura es conocido generalmente hoy día. Es Marcos Cipactli, el artista nahua de la mitad del siglo XVI [Kašpar 1999: 93].

[10] Antonio Valeriano fue uno de los estudiantes nahuas de Fray Bernardino de Sahagún en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Fue uno de los más célebres mexicanos nativos, conocido como filósofo y científico, quien también ocupaba el cargo del gobernante de los indígenas en el Tenochtitlán colonial (México). Como uno de los colaboradores de Sahagún participó en su obra Historia general de las cosas de Nueva España. La autoría de Nican Mopohua está generalmente atribuida a Antonio Valeriano, pero eso probablemente nunca podramos afirmar con certeza [León-Portilla 2000: 34-36].

[11] Las informacion que se refieren al Otro guadalupanismo proceden de nuestras investigaciones de campo que realizamos en México en los años 2004 y 2007-2008. Las completamos con los libros de Citlalxochitzin publicados en 2003 – El otro rostro de la Guadalupana. Pintura y literatura náhuatlNikan Mopohua. El libro sagrado de la tradición náhuatl. La última fuente escrita por la pluma del mismo autor  es Manifiesto guadalupano (2007). Las opiniones e ideas presentadas en el texto siguiente son las de los seguidores de Otro guadalupanismo.

[12] Eso es muy importante. La fecha de aparición es el 12 de diciembre, pero según El Filo ocurió el 22 de diciembre, en el día de solsticio de invierno, respectivamente en el día que sigue después de la noche más larga del año. Solsticio de invierno era el día de la fiesta de Tonantzin – Madre Tierra. Según el calendario juliano, que fue usado en Europa de entonces, la aparición sucedió el 12 de diciembre. Este calendario, sin embargo, fue inexacto y en el siglo XVI  ya tardó diez días en comparación con el año solar. Eso fue resolvido por la reforma del Papa Gregorio XIII en 1582, cuando estos 10 días fueron borrados simplemente.. Eso significa que la aparición ocurrió el día 22 de diciembre (solisticio de invierno), no 12 de diciembre.

[13] O castellano como se dice comúnmente en las comunidades indígenas en México. Y el náhuatl mismo se conoce como mexicano. Si en algún pueblo el idioma nativo ya está olvidado este señalamiento fue poco a poco abandonado y la gente habla solo sobre el español.

[14] La presentación del Manifiesto guadalupano, diciembre 12, 2007, Santa Clara Huitziltepec, Puebla, México.

[15] La presentación del Manifiesto guadalupano, diciembre 12, 2007, Santa Clara Huitziltepec, Puebla, México.

[16] En el noviembre 2007 participamos en el encuentro de los zapatistas jóvenes (La otra campaña) en la comunidad purépecha en Zirahuén (estado de Michoacán). Cuando El Filo estuvo representando Otro guadalupanismo, uno de los oyentes advirtió: „Es una religión sin religión.“ El Filo estuvo de acuerdo sin vacilación.

[17] No el verde como lo  fue común en la cultura náhuatl antigua. El Filo dice que ellos también son los nahuas y pueden adaptarlo.

[18] Mayordomía es un grupo de las personas dirigido por un matrimonio. Este grupo tiene que organizar la fiesta de un santo concreto y también tiene que pagarla. Eso es el cargo de un matrimonio, que tiene que asegurara completemante todo, desde los asuntos religiosos (el sacerdote, la misa, la decoración, la música, etc.) hasta la diversión y el baile que siguen la parte religiosa de la fiesta, incluso la comida y bebida. Este cargo dura generalmente un año [Monaghan 1996: 502]. Esta definición, naturalmente, puede tener las variaciones locales.

[19] No hay  un altar sobre la pirámide, pero hay un lugar elevado en la forma de círculo, que se encuentra al pie de la pirámide.

[20] De ejemplo que representa el todo  ponemos ya mencionado Encuentro de los jóvenes por la autonomía (La Otra campaña) en Zirahuén en el estado de Michoacán en noviembre 2007 o Encuentro de Pueblos indígenas de América en Vícam en el estado de Sonora en el octubre del mismo año.

[21] Véase la entrevista con El Filo en http://www.enkidumagazine.com/cultura/comunidad/art/c_00029.htm.

[22] Extracto de la entrevista con el Filo realizada en Santa Clara Huitziltepec el 1 de diciembre 2007.