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El pasado 9 de abril se llevó a cabo  el foro Ética y Espiritualidad en  las instalaciones de SERAPAZ,  en la  Ciudad de México y estuvo organizado por el colectivo Iglesias por la Paz

 

He  aquí la ponencia del maestro Filo.

 

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Empiezo con una cita de Mahatma Gandhi:

 

“Estoy convencido, de que si los esfuerzos por divorciar la política de la religión no se hubiesen hecho como se hicieron, la política no habría degenerado como con frecuencia ocurre… He conocido a muchos hombres religiosos que eran políticos disfrazados. Yo mismo, que tengo la apariencia de político, soy, de corazón, un hombre religioso.”

 

 

Una de las más claras expresiones de la espiritualidad  que se vive en mi pueblo, Santa Clara Huitziltepec, es la peregrinación a pie al santuario guadalupano del Tepeyac, en esta ciudad de México.

 

Durante 4 días, desde la mixteca poblana, el sur del estado de Puebla, salimos caminando de nuestro pueblo, atravesando cerros, ríos, barrancas, ciudades, veredas, carreteras, montañas; con los pies hinchados, heridos,  adoloridos.

 

Caminar así, de noche, de día, de madrugada, con frío y calores extremos, no es cualquier cosa. Algunos no aguantan y se suben a los carros, pero la mayoría llega.

 

Nuestra peregrinación a pie no es la única, es cierto, de hecho, los días previos al 12 de febrero de cada año, miles de peregrinos de decenas de pueblos del estado de Puebla, salen caminando, en carrera de relevos, en bicicleta o a pie, para llegar ante Nuestra Venerada Madre Guadalupe.

 

Pero, con la debida humildad, debo decir que nuestra peregrinación a pie, la de mi  pueblo, tiene algo diferente, muy, muy especial: es ecuménica.

 

Sí. Esta peregrinación guadalupana  que sale de santa Clara Huitziltepec, no es estrictamente católica; porque también la caminamos hombres y mujeres que hemos adoptado  formas de ser guadalupanos diferentes al catolicismo, o sea que hemos adoptado otra espiritualidad.

 

Por supuesto que quienes caminan son en su mayoría católicos; pero entre los caminantes  respetamos nuestras razones para hacerlo. Porque cualesquiera que estas sean requieren un enorme esfuerzo físico, agotador; requieren  desvelo y cansancio, sudor, y a veces lágrimas. Pero…

 

¿De dónde sale la fuerza  para lograrlo?

 

Una respuesta, por experiencia propia, es que esa fuerza no proviene de la capacidad física sino de una voluntad inquebrantable, o sea, desde lo más profundo de nuestra espiritualidad.

 

En fin, que en nuestro caso, en nuestra forma de ser guadalupanos, vemos y entendemos el mundo desde la cultura náhuatl.

 

filo

 

Permítanme entonces compartirles un antiguo poema náhuatl que se encuentra en la colección Cantares Mexicanos. Este Antiguo poema  no tiene la menor influencia del cristianismo,  contiene los más profundos conceptos de la antigua espiritualidad náhuatl:

 

 

En verdad solo Tloke Nahuake, Hace que alguien merezca

Las flores aquí en la Tierra.

 

Por eso llora mi corazón, Recuerdo que he ido allá

A contemplar Xochitlalpan, yo, cantor.

 

Y digo: En verdad no es lugar  bueno aquí en Tlaltikpac;

En verdad otro es el lugar a donde hay que ir, allá hay alegría.

 

¿Qué sólo es en vano aquí en Tlaltikpac?

 

En verdad es otro lugar donde se descarna la vida.

 

Vaya yo a cantar, al lado de las variadas y preciosas aves,

disfrute allá de las bellas, fragantes flores, las gustosas.

,

Sólo las que alegran a la gente, las que embriagan con goz.

,

Sólo las que embriagan y alegran con su fragancia.

 

Tloke Nahuake, Tlaltikpak y Xochitlalpan, son 3 conceptos fundamentales de la antigua religión náhuatl,  por lo que no las traduzco al castellano, hay que explicarlos un poco.

 

 

Pues bien,  en el antiguo mundo náhuatl, fuera del grosero politeísmo que practicaba el pueblo, para los sabios  sólo existía un principio dual: Ometeotl, no un ser antropomórfico  con poderes sobrenaturales, sino un principio supremo: oscuridad y luz. Principio y fin, vida y muerte…

 

Decían los antiguos sabios que para que el universo exista es necesario un rostro masculino que actúe   y uno femenino que conciba: generación-concepción,  son los 2 momentos aunados  a Ometeotl, y que hacen posible su propia existencia  y la de todas las cosas. Todo lo que existe  recibe su verdad, su cimiento,  su realidad,  de esta generación-concepción atemporal, la eterna Dualidad.

 

Varios son los títulos  dados por los  antiguos sabios nahuas  a este Principio Supremo en relación  con el ser de las cosas. Estas denominaciones tienen de particular ser,  precisamente, un intento  de expresar las peculiares relaciones de Ometeotl con todo lo que existe en el Universo.

 

Así, Tloke Nahuake  suele traducirse  como: “el dueño de lo que está cerca y de los que está en el anillo o circuito” o como “el que está junto a todo, y junto al cual todo está”

 

El concepto de Tloke Nahuake en la cultura náhuatl no es cualquier cosa, pues todo lo que existe es posesión suya: desde lo que está más cerca, hasta lo más remoto del anillo de agua celeste que circunda al universo. Y siendo de él,  está,  la realidad, es un efecto  de su acción generativa que da sin cesar verdad y cimiento a todo cuanto existe.

 

Tlaltikpak, es este mundo material, todo lo que está a nuestro alrededor, todo lo que está sobre la Tierra.

 

Y Xochitlalpan, no es un lugar en particular en este Universo. Tampoco se encuentra en el mundo sobrenatural, es, más bien, un estado interior: el estado espiritual más profundo al que se puede acceder en la cultura náhuatl. Un estado en el que el hombre náhuatl entra en comunión con el mundo de lo sagrado

 

En nuestra opinión,  no es posible entender la antigua espiritualidad del mundo náhuatl sin tomar en cuenta el consumo de las plantas sagradas: las flores preciosas, las que embriagan y alegran con su fragancia.

 

En su magna obra, Historia General de las Cosas de la Nueva España,  Fray Bernardino de Sahagún  expresa que  los indígenas  consumían ciertas plantas en sus ceremonias religiosas; menciona 3: Peyotl, un cactus; teonanacatl, hongos; y coatl xoxouhki, una enredadera que da semillas negras.

 

Desde el Otro Guadalupanismo, decimos que la espiritualidad indígena no es cosa del pasado, que  la espiritualidad, no sólo de la cultura náhuatl sino de todos los pueblos indígenas de México, sobrevivió, sobrevive. Se manifiesta de diferentes maneras en cada pueblo.

 

Nuestros hermanos, y compañeros del Congreso Nacional Indígena, los Wixaricas, o huicholes,  han sido los más excelsos guardianes de la antigua espiritualidad indígena.

 

Pero, en general, todas las culturas indígenas de México han mantenido vivo el aspecto femenino de la Dualidad: la Madre, la madre  más primera, la madre Tierra. La Madre generosa que a todos alimenta y a la que morir, todos, todas, regresaremos.

 

En lengua náhuatl, la palabra Tonantzin es un nombre propio, con esta palabra se designa  a la parte femenina del principio Dual; quiere decir: Nuestra Venerada Madre.

 

En esta región, el Anáhuac, el lugar sagrado de Tonantzin, , desde antes de la imposición del catolicismo en estos suelos, era el Cerro del Tepeyac.

 

Con la conquista espiritual de nuestros pueblos, las instituciones religiosas fueron destruidas, los templos quemados y destruidos, los sabios y sacerdotes fueron perseguidos y asesinados, la antigua espiritualidad  indígena fue satanizada y atacada.

 

En ese contexto, el de una guerra de Conquista, con un poderoso ejército de ocupación,  es que surge el culto guadalupano en México.

 

Como guadalupanos, sabemos que  “Guadalupe” es una localidad en España, que debe su nombre al río que por ahí pasa y que los árabes nombraron  Wad-al luben; ahí se encuentra un santuario dedicado a la virgen María. Hernán Cortes  era de esa región y, por lo tanto, guadalupano.  O sea que la Virgen de Guadalupe es una de las vírgenes que trajeron los españoles.

 

Pero también sabemos que los franciscanos fundaron algunas escuelas para educar, en el catolicismo, a algunos indígenas nahuas. Y que en la escuela de Fray Pedro de Gante había pintores que realizaban copias de santos, santas, cristos y vírgenes para los nuevos templos de la religión de los conquistadores.

 

Uno de los pintores más destacados fue Marcos Zipactli, quien realizó no una copia sino un original. Una pintura que a los ojos españoles no pasaba de ser una extravagante advocación de la virgen María de Guadalupe; pero que para los indígenas era más bien una especie de códice; pues el pintor colocó los símbolos más sagrados de la antigua religión náhuatl sobre su lienzo.

 

Por ejemplo, en el centro de toda la obra dibujó un Nahui Ollin, una pequeña flor de cuatro pétalos. El Nahui Ollin, cuatro puntos unificados por un centro, aparece en las grandes obras del arte náhuatl: en el centro del calendario azteca, en la parte inferior de la Coatlicue, sobre la cabeza de Huehueteotl, y más aún, en el centro de la pirámide del Sol en Teotihuacán.

 

La flor de 4 pétalos es la síntesis de la cosmovisión náhuatl: las 4 eras anteriores y la actual, la quinta; los 4 rumbos del Universo, el Planeta Venus, el ciclo de 52 años, etc.

 

Y para no dejar lugar a la duda, sobre el vestido de la Guadalupana aparecen los glifos del Cerro del Tepeyac dando flores preciosas.

 

Varios indígenas nahuas también aprendieron a leer y a escribir en español y en latín, y hasta llegaron a ser maestros de las escuelas de las que fueron alumnos. Uno de ellos, posiblemente Antonio Valeriano, escribió un texto  en el que plasmó  los conceptos más profundos de la antigua espiritualidad náhuatl.

 

Este texto no tiene título, está escrito de corrido en náhuatl, empieza diciendo:  Nikan Mopohua motekpana, in kenin yankuikan, huet tlamohuizoltica, in monexiti….por lo que se le conoce comúnmente con las 2 primeras palabras con las que empieza: Nikan Mopohua.

 

En el Nikan Mopohua aparecen  las palabras Tloke Nahuake, Tlaltikpak y Xochitlalpan. Las mismas que en el antiguo poema náhuatl.

 

El Nikan Mopohua narra como el indígena Juan Diego va caminando rumbo a Tlatelolco;  al pasar a un lado dl cerrito del Tepeyac escucha  el canto de pajaros preciosos a los que el cerro parece responder. Escucha una amable voz que lo llama; al llegar a la cima se encuentra frente a frente con la Guadalupana, quien le da a conocer que ella es la madre de Tloke Nahuake. Entonces Juan Diego se da cuenta de que ya no está en esta tierra, en Tlaltikpak. La cima del Tepeyac se ha transformado en Xochitlalpan,  lo cual describe exquisitamente el Nikan Mopohua:

 

 

Su vestido, como el sol resplandecía, así brillaba.

Y las piedras y rocas obre las que estaba flechaban su resplandor,

como jades preciosos, cual joyeles relucían.

Como resplandores de arcoíris reverberaba la Tierra.

Y los mezquites, los nopales, y las demás variadas hierbitas

que allí se dan, se veían como plumajes de quetzal.

Como turquesas aparecía su follaje,

y sus troncos, sus espinas, sus ajuates, relucían como el oro.

 

No hay lugar a la duda,  de acuerdo al Nikan Mopohua: Juan Diego ha penetrado al Xochitlalpan, el mundo sagrado de la cultura náhuatl.

 

No es ningún secreto lo que pasó en el  cerro sagrado del Tepeyac. El propio fray Bernardino de Sahagún se dio cuenta de lo que ahí estaba ocurriendo. En su Historia General,  escribió:

 

Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lejanas tierras. El uno de estos es aquí en México, donde está un montecillo que se llama Tepeacac, y los españoles llaman Tepeaquilla y ahora se llama Nuestra Señora de Guadalupe; en este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses que llamaban Tonantzin, que quiere decir Nuestra Madre; allí hacían muchos sacrificios a honra de esta diosa, y venían a ellos de muy lejanas tierras […]; y ahora que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe también la llaman Tonantzin tomada ocasión de los predicadores que a Nuestra Señora la Madre de Dios la llaman Tonantzin. De dónde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin no se sabe de cierto, pero esto sabemos de cierto que el vocablo significa de su primera imposición a aquella Tonantzin antigua, y es cosa que se debía remediar porque el propio nombre de la Madre de Dios Señora Nuestra no es Tonantzin sino Dios y Nantzin; parece esta invención satánica para paliar la idolatría debajo la equivocación de este nombre Tonantzin y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejanas tierras a esta Tonantzin como antiguamente.

 

También están las palabras de Francisco de Bustamante, provincial de los franciscanos, quien en su sermón del 8 de septiembre de 1556,  predicó:

 

[…] la devoción de esta ciudad ha tomado en una ermita e casa de Nuestra Señora que han intitulado de Guadalupe, es un gran perjuicio de los naturales porque les da a entender que hace milagros aquella imagen que pintó el indio Marcos.

 

En resumen, la antigua espiritualidad náhuatl, en plena guerra de conquista,  tuvo que transmutarse para no morir, y lo hizo en el culto guadalupano mexicano. Su fundamento son 2 obras de arte náhuatl, una pintura y un texto, realizadas ambas por artistas nahuas a mediados del siglo XVI. Po r lo que afirmamos que el culto guadalupano mexicano es fin, continuación y comienzo de la antigua espiritualidad náhuatl.

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Del 12 al 14 de octubre del 2007, se llevó a cabo en Vicam, en el estado de Sonora, el Encuentro de los Pueblos indígenas de América, en el cual participamos. Del norte, del sur y del centro de este continente se dejó escuchar la voz de los delegados de los pueblos indígenas en resistencia. Todos, en diferentes lenguas, reivindicamos a la Madre Tierra.

 

Y es que, hablar de la Madre Tierra implica ya una cosmovisión diferente al cristianismo, y, por supuesto, también diferente a las demás tradiciones espirituales que viven este planeta.

 

En la cosmovisión indígena, la Madre Tierra no es una mujer con poderes sobrenaturales; ella, la madre Tierra es esta superficie sobre la que habitamos: las montañas, los ríos, los mares, los desiertos, los bosques, las selvas, los lagos, y todos los seres vivos.

 

Y como pueblos indígenas nos damos cuenta de que la raíz de toda esta situación de desastre mundial, de agresión contra la Madre Tierra y contra sus hijos e hijas, es la  la forma de vivir que Occidente impone sobre los demás pueblos y culturas del mundo.

 

Su sistema económico-político, el capitalismo,  ha llegado a un estadio de locura extrema en su afán depredador y en su desprecio por la vida y se encamina a hacer desaparecer  no sólo “algunos ecosistemas”, sino la humanidad, la vida misma sobre la Tierra.

 

Hace 5 siglos empezó  para nosotros una guerra de conquista que no termina. Como pueblos indígenas, hemos sido, seguimos siendo, víctimas de la violencia, la discriminación, la injusticia, la explotación, la represión y el desprecio. Durante 5 siglos, la riqueza, material y humana,  de estas tierras ha estado fluyendo, sin parar,  a Occidente. Primero fue la Corona española, hoy son las empresas trasnacionales  que se adueñan, de minas, bancos, carreteras, aguas, energéticos.

 

El despojo disfrazado de reformas constitucionales, no inició en este gobierno.  Empezó a formalizarse con Carlos Salinas de Gortari y su reforma al artículo 27.  El despojo agrario fue entonces “cubierto” por las mismas mentiras que ahora envuelven las mal llamadas reformas: ahora el campo mexicano está completamente destrozado, como si un paquete de bombas atómicas lo hubiera arrasado.  Y pasa ya lo mismo con el total de las reformas.  La gasolina, la energía eléctrica, la educación, la justicia, todo será más caro, de peor calidad, más escaso.

 

Antes de eso y aún antes de las actuales reformas estructurales, nosotros, los pueblos indígenas  éramos y somos despojados de nuestros territorios, que lo son también de la Nación.  El despojo es todos los días y en todas partes.  Pero es hasta ahora que algunos despistados dicen que la Patria fue traicionada.

 

Los pueblos indígenas seguimos en lucha y en resistencia. Somos los guardianes de la Madre Tierra, a la que hemos prometido cuidar y defender.

 

Decimos ¡YA BASTA!  a esta guerra, la más larga en la historia de la humanidad.

 

Con nuestras autonomías, estamos levantando un nuevo país, para todos, todas. Porque el  México actual está en ruinas, roto, despedazado, sus escombros están regados, entre las decenas de miles de muertos, desparecidos y desplazados.

 

Nosotros, desde la espiritualidad del Otro Guadalupanismo, desde lo más profundo y sagrado de la cultura náhuatl, decimos que la construcción de un país en el que haya paz,  libertad, democracia,  y justicia; empieza indefectiblemente por el reconocimiento constitucional de los derechos y la cultura indígenas, es decir, por el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, traicionados por el Estado  mexicano en 2001.

 

Termino con otra cita del Mahatma Gandhi:

 

Si lo sagrado se manifiesta en todos los planos de nuestra existencia, ¿Por qué no habría de manifestarse en lo político?