Congreso Nacional Indigena
17 de agosto del 2013
Cideci-UniTierra, Chiapas

 

Buenas tardes. La mixteca poblana es una región geográfica en la que vivimos nahuas, popolucas y mixtecos.

Nosotros somos la Escuela Autónoma Emiliano Zapata.

Decimos que somos  autónomos porque nada tenemos que ver con la Secretaría de Educación Pública. Y nos llamamos “Emiliano Zapata” porque nuestro general, cuando llamaba a luchar por la tierra lo hacía en lengua náhuatl y la llamaba Tonantzin, que quiere decir: Nuestra Venerada Madre. Y también porque cuando el Ejercito Libertador del Sur entró a la ciudad de México, lo hizo con un estandarte guadalupano al frente.

Hace apenas 3 meses, en nuestro periódico escolar, el Yacoñooy, el Flechador del Sol  (el cual se distribuye en las 3 comunidades que conforman el municipio de Huitziltepec), publicamos un artículo en el que se revela la existencia y el contenido de un libro de 1745, el cual estuvo resguardado, por generaciones, por una familia local.

Este antiguo libro es una compilación de cartas y testimonios de los tequitates y macehuales del altepetl de Huitziltepec, acerca de su lucha  por la defensa de su territorio, pues estaban siendo despojados  por el señorío de Tecali. La primera carta es de 1560 y está dirigida al virrey de la Nueva España, Luis de Velasco; en ella los antiguos huitziltepecas  argumenten que su territorio les pertenece desde tiempos anteriores  a su “gentilidad”, es decir, desde antes de que el cristianismo fuera impuesto en tierra mixtecas.

gilintia

Hermanos y hermanas del Congreso Nacional Indígena: Huitziltepec es uno de los últimos pueblos nahuas, y no porque ya no haya más, sino porque  ha sido agredido, violentado y despojado de manera brutal,  a grado tal que está a punto de perder irremediablemente su identidad indígena. Lo cual se repite por toda la región.

Por un lado, con la Conquista española, la Iglesia católica (porque no hay que olvidar que la guerra de conquista empezó con una guerra religiosa) nos impuso la historia del pueblo judío. Nuestra historia propia fue quemada y suplantada por la Biblia.

Por otro, el Estado mexicano, ya en el siglo XX, implantó una política genocida contra nuestra cultura. En la escuela primaria de santa Clara Huitziltepec se castigaba a varazos a los niños que cometían la osadía de hablar en lengua náhuatl.

Pero en la Mixteca poblana (Ixcaquixtla, Tepexi, Tlacotepec…)  se encuentran regados vestigios arqueológicos que, cual mudos testigos, demuestran que somos originarios de estas tierras y no del Medio Oriente. Además, en Huitziltepec todavía decimos muchas palabras en lengua náhuatl.

En la EAEZ estamos recuperando nuestra lengua y nuestra historia, queremos tener un rostro y un corazón verdaderos. Somos apenas un pequeño espacio en el que se imparten clases públicas, gratuitas y científicas. En donde aprendemos que no existen los fenómenos sobrenaturales, ni en la naturaleza ni en la sociedad. Analizamos por qué llueve pero también por qué hay ricos y pobres. Estamos convencidos de que no hay premios ni castigos celestiales.

Además de las clases de lenguas, historia, geopolítica, física y matemáticas, tenemos una cátedra propia, nuestra propia aportación teórica y práctica: el Otro Guadalupanismo, la resistencia espiritual del mundo náhuatl. En nuestro caminar encontramos que el culto guadalupano en México es fin, continuación y comienzo de la antigua tradición náhuatl.

Con la historiografía correspondiente, afirmamos categóricamente  que la pintura que se encuentra en la Basílica de Guadalupe y el texto, escrito en náhuatl, que narra la historia de las apariciones al indígena Juan Diego, son simple y sencillamente 2 obras artísticas realizadas por sabios nahuas a mediados del siglo XVI;  las cuales contienen símbolos y palabras sagradas del antiguo mundo náhuatl. También sabemos que el cerro del Tepeyac es el milenario lugar consagrado por los nahuas a Tonantzin,  nuestra venerada Madre: la Tierra.

Pero ¡ojo!: No estamos proponiendo dar un vuelco imposible al pasado, mucho menos venerar dioses antiguos o modernos, ni celestiales ni terrenos. Estamos proponiendo, sí, una espiritualidad originaria de estas tierras fundamentada,  no en fenómenos sobrenaturales, sino en el amor y respeto a nuestra venerada Madre, la Tierra, este planeta, nuestra casa común.

En Huitziltepec, como en todos los pueblos indígenas de México, estamos viviendo en carne propia la tragedia causada por el Capitalismo. Una guerra contra la Madre Tierra y contra sus hijos e hijas, nosotros, nosotras: devastación ambiental; explotación; privatización de la tierra, el agua, la educación y  la salud; la delincuencia; el brutal despojo a nuestros pueblos.

Pero, en nuestro caso, pensamos que antes de iniciar nuestra lucha contra el monstruo neoliberal,  debemos estar bien cimentados y firmes, ser dueños de un rostro y un corazón verdaderos. En otras palabras, en la EAEZ nos estamos preparando espiritual e intelectualmente para nuestra emancipación política… aunque esto nos haya costado ya, agresiones físicas en nuestra contra.

En la EAEZ decimos no a los partidos políticos y sí a los Acuerdos de San Andrés. Nuestra lucha es por los derechos y la cultura indígenas, y por cuidar y defender a Tonantzin, nuestra venerada Madre, la Tierra, sin violencia y hasta morir si es preciso.

Makamo ken mochiha in mix, in moyollo ¿Kuix amo nikan niká nimonantzin?