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El pasado viernes 28 de febrero, en el zocalo de la ciudad de Puebla, se llevó a cabo la Jornada por la Madre Tierra y en Solidaridad con los Pueblos zapatistas.

Colectivos e individuos adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, de la capital y otros puntos del estado de Puebla, se dieron cita para expresar su rechazo a la guerra de contrainsurgencia que el Estado mexicano lleva a cabo contra los pueblos zapatistas en resistencia.

El evento empezó a las 3 de la tarde con una danza prehispánica. Luego se leyó la declaratoria firmada por las organizaciones convocantes. Después pasaron a dar su palabra algunos de los asistentes. El evento continuó con arte y música.

Estas fueron las palabras del Maestro Filo, a nombre de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata:

 gilo

Kan nel nehuatl

in namoiknohuakanantzin,

in tehuatl ihuan in ixkichtin

inik nikan Tlalpan anzeplantaka.

Ka onkan nikinkakiliz

in inchokiliz, in intlaokol,

inik nikyektiliz

nixpahtiz in ixkich nepapan innetoliniliz

intonehuiz, inchichinakiliz.

/

Porque en vedad yo soy

tu venerada y compasiva madre,

tuya y de todos los hombres y mujeres

que viven juntos en estas tierras.

Allí (en Tepeyac) en verdad oiré

su llanto y pesar de ustedes,

así yo enderezaré,

remediaré todas sus variadas necesidades,

sus miserias, sus pesares.

/

  • Porque la guerra de conquista contra nuestros pueblos continúa

  • Porque las comunidades indígenas en resistencia seguimos siendo despojadas de lengua, cultura y territorios, y reprimidas violentamente; como hoy, como hace 20 años, como hace 100 años, como hace 200 años, como hace 500 años.

  • Porque México ha dejado de existir como nación independiente y soberana, para pasar a formar parte de una nueva entidad geopolítica, Norteamérica, controlada por Estados Unidos.

  • Porque el fantasma de la muerte, la violencia y la delincuencia recorre pueblos y ciudades

  • Porque la cuota de muertos, desaparecidos, encarcelados y desplazados aumenta día con día…

Guardemos un minuto de silencio

&

 

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Compañeras y compañeros,

 

Como Escuela Autónoma Emiliano Zapata, en Huitziltepec, en la Mixteca poblana, pensamos que hablar de la Madre Tierra es hablar de otra forma de sentir, de ver, de entender y de relacionarse con el Mundo.

 

Hablar de la Madre Tierra es, por lo tanto, hablar de una cosmovisión muy otra, diferente a la occidental.

 

Como Escuela, al lado de compañeros y compañeras del Congreso Nacional Indígena, hemos aprendido que en cada una de sus lenguas hay una palabra para decir madre, refiriéndose a nuestra progenitora, y otra para decir tierra, refiriéndose a la superficie terrestre; pero además, tienen todos una palabra para referirse a la Madre Tierra.

 

En lengua náhuatl, una de las lenguas indígenas que se hablan en este estado de Puebla, se dice TONANTZIN: Nuestra Venerada Madre, refiriéndose no a una mujer o a una diosa, sino a la Tierra, la gran Madre, la Madre más primera, la Madre generosa que a todos alimenta y a la que al morir regresaremos.

 

Para nosotros, descendientes de las antiguas culturas que habitaron estas tierras, la Tierra es sagrada. Ella es Nuestra Madre.

 

Así lo entendía nuestro general en jefe, Emiliano Zapata, quien hablaba la lengua náhuatl, y cuando en esta se dirigía a los campesinos y los llamaba a luchar por la Tierra, la llamaba Tonantzin, nuestra madrecita.

 

Así entonces, hablar de la Madre Tierra, por ejemplo, conlleva inmediatamente a tocar el tema de los derechos y la cultura indígenas, y del incumplimiento, y traición del Estado mexicano en 2001, de los Acuerdos de San Andrés.

 

 

En resumen, al hablar de la Madre Tierra, Tonantzin, se está hablando de una espiritualidad originaria de estas tierras.

 

Pero esta espiritualidad indígena no es cosa del pasado, está viva, hoy, en el presente. Tuvo que evolucionar para sobrevivir, adaptándose a las nuevas circunstancias. Se expresa de diferentes formas en los diferentes pueblos indígenas que actualmente habitamos México.

 

Y esta espiritualidad indígena viva, no tiene que ver con magia ni con fenómenos sobrenaturales. Por el contrario, tiene todo que ver con el mundo real.

 

Como escuela, vemos que para los capitalistas, mexicanos y extranjeros, la madre Tierra y todo lo que sobre ella habita es una mercancía, simples productos que se pueden comprar y vender: el agua, los terrenos, los bosques, los desiertos, la selva, el río, las playas, los cerros y montañas, los animales, las personas, la vida…

 

Vemos que la guerra de los capitalistas es contra la Madre Tierra. Sus empresas la están matando, aniquilando, destruyendo, envenenando.

 

Y vemos que la catástrofe que el capitalismo ha causado no se limita al estado de Chiapas ni a nuestro estado de Puebla, ni a todo nuestro país México, sino que se presenta a nivel mundial. Y lo que está en riesgo no son solamente nuestros pueblos y comunidades, sino la vida misma sobre la Tierra.

 

Pero los que somos hijos y color de la Tierra, como los wixaricas, purépechas, yaquis, zapotecos, nahuas, rarámuris, tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, mames, zoques, y todos los demás pueblos indígenas de México, estamos en pie de lucha y en resistencia; para amarla, respetarla, cuidarla y defenderla: sin violencia y hasta morir si es preciso.

 

Sabemos que el mal gobierno (federal, estatal o municipal) está dispuesto a todo para obedecer a las trasnacionales y apagar nuestra alegre rebeldía. Y no duda en usar a sus soldados, policías y paramilitares para atacarnos y agredirnos.

 

Ellos tienen armas y balas, nosotros nuestra historia y nuestra dignidad.

 

Pero vemos que el enemigo más poderoso a vencer no son sus ejércitos ni sus policías, tampoco sus megaproyectos de muerte y ecocidio; sino que somos nosotros mismos, porque con esa forma capitalista de vivir que nos imponen, y que todos reproducimos diariamente, estamos contribuyendo al desastre.

 

O sea que la lucha no será por quitar a los delincuentes que se encuentran en el poder y poner a otros en su lugar, sino que será por cuidar y defender a la Madre Tierra, nuestro planeta Tierra.

 

O sea que la revolución no ocurrirá en las calles y plazas, sino en lo más profundo de nuestros corazones y en nuestras mentes, porque luchar contra el capitalismo es luchar a favor de la vida y de la humanidad

 

Nosotros, nosotras, la EAEZ, decimos que ante los miles de muertos en esta guerra, la represión, la explotación, el despojo, la delincuencia, la devastación ambiental, la corrupción y la injusticia, hasta ella, Tonantzin, la Madre, Nuestra Madre, esta Tierra, dice que Ya BASTA, que ya estuvo bueno.

 

Y nosotros, nosotras, sus hijos e hijas, sabemos que nada tenemos que temer:

 

¿Acaso no está aquí ella que es nuestra Madre?

 

Democracia, libertad y justicia

Nunca más un México sin nosotros

Paz con justicia y dignidad

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