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El pasado 8 de marzo se llevó a cabo en la secundaria Carlos Camacho, en Acatzingo, en el estado de Puebla, el foro Equidad de Género, para conmemorar  el Día Internacional de la Mujer.

 

Este foro contó con la participación de 5 mujeres: Fátims Galicia Morales,  de la organización Congreso Progresista; Angélica OleaPrieto, cronista de Acatzingo; Verónica  Guerrero Ramirez, psicóloga; y Herminia Sánchez García, por la Escuela Autónoma Emiliano Zapata.

La señora Herminia, en su participación, dijo las siguientes palabras:

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Una Mercancía llamada  “Mujer”

En alguna ocasión Vicente Fox, entonces gobernante federal del “cambio”, aclaró que las mujeres somos “lavadoras de dos patas” (a confesión de parte, relevo de pagos en abonos y pase usted al departamento de atención al cliente).

 

 

Y es que para allá arriba, para el Poder, estas máquinas de placer y de trabajo que son los cuerpos de las mujeres, incluyen las instrucciones de ensamblaje que el sistema dominante, el Capitalismo, nos asigna.

 

 

Si un ser humano nace mujer, a lo largo de su vida debe recorrer un camino que ha sido construido especialmente para ella. Ser niña. Ser adolescente. Ser jóven. Ser adulta. Ser madura. Ser anciana.

 

 

Y no sólo. Desde la primera menstruación hasta la menopausia, el Capitalismo ha descubierto que en la infancia y ancianidad también se obtienen objetos de trabajo y placer, y para la apropiación y administración de esos objetos tenemos Góbers preciosos, empresarios pederastas, militares y policías violadores, en todas partes.

 

 

Las mujeres, dicen allá arriba, deben caminar por la vida implorando perdón y pidiendo permiso por y para ser mujer. Y andar un camino lleno de alambre de púas. Un camino por el que hay que transitar arrastrándose, con la cabeza y el corazón pegados al suelo.

 

 

Y aún así, a pesar de seguir las instruccionees de ensamblaje, ir recolectando arañazos, heridas, cicatrices, golpes, amputaciones, muerte.

 

 

Y buscar a la responsable de esos dolores en ellas mismas, porque en el delito de ser mujeres viene incluída la condena.

 

 

En las instrucciones de ensamblaje de la mercancía llamada Mujer se explica que el modelo debe tener diempre la cabeza agachada; que su posición más productiva es de rodillas; que el cerebro es prescindible y, no pocas veces, su inclusión es contraproducente; que su corazón debe alimentarse con frivolidades; que su ánimo debe sostenerse en la competencia contra su mismo género para atraer al comprador, ese cliente siempre insatisfecho que es el varón; que su ignorancia debe alimentarse para garantizar un mejor funcionamiento; que el producto tiene la capacidad de automantenimiento y mejora (y para eso hay una amplia gama de productos, además de salones y talleres de hojalatería, pintura y belleza); que no sólo deben aprender a reducir su vocabulario al “sí” y el “no”, sino, sobre todo, deben aprender cuándo deben decir estas palabras.

 

 

En las instrucciones de ensamblaje del producto llamado Mujer se da la garantía de que siempre tendran la cabeza baja. Y de que, si por algún defecto de fabricación involuntario o premeditado, alguna levanta la mirada, entonces la implacable guadaña del Poder les cercena el lugar del pensamiento y las condena a sólo andar como si ser mujer fuera algo por lo que hay que pedir disculpas y para lo que hay que pedir permiso.

 

 

Para cumplir con estas garantías hay gobiernos que suplen su falta de cerebro con las armas y los sexos de sus policías; y, además, estos mismos gobiernos tienen manicomios, cárceles y cementerios para las mujeres “descompuestas” irremediablemente.

 

 

Una bofetada, unas patadas, una puñalada, una bala, un tolete, un juez, un gobierno, en fin, un sistema les pone, a las mujeres que no piden disculpas ni permiso, un letrero que reza “Fuera de servicio. Producto no reciclable”.

 

 

Las mujeres deben pedir permiso para ser mujeres, y se les concede si lo son según lo indicado por las instrucciones de ensamblaje. Las mujeres deben servir a los hombres, siempre siguiendo esas instrucciones, para ser absueltas del delito de ser mujeres.

 

 

En la casa, el campo, la calle, la escuela, el trabajo, el transporte, la cultura, el arte, la diversión, la ciencia, el gobierno; las 24 horas del día y los 365 días del año; desde que nacen hasta que mueren, las mujeres enfrentan un proceso de ensamblaje.

 

 

Pero hay mujeres que lo enfrentan con rebeldía.

 

 

Mujeres que en lugar de pedir permiso, imponen su propia existencia.

 

 

Mujeres que en lugar de implorar perdón, exigen igualdad y justicia.

 

 

Porque las instrucciones de ensamblaje dicen que las mujeres deben ser sumisas y andar de rodillas. Y, sin embargo, algunas mujeres hacen la travesura de caminar erguidas.

 

 

Hay mujeres que rompen las instrucciones de ensamblado y se ponen de pie.

 

 

Hay mujeres que pierden el miedo.

 

 

Dicen que cuando una mujer avanza, no hay hombre que retroceda. Depende. Depende, por ejemplo, si el hombre está frente a la mujer que avanza.

 

 

Es asombroso y maravilloso ver a una mujer levantarse y ver saltar rotas en pedazos las instrucciones de su ensamblaje.

 

 

Es tan hermosa una mujer de pie, que da escalofrío el solo mirarla…

 

Video: participación de la señora Herminia Sánchez García.