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El sábado 12 de julio del 2014 se llevó a cabo la Jornada Cultural vs Proyectos de Muerte, en la ciudad de Puebla.

Estas fueron las palabras de la EAEZ:

 

 

 

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El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua Morelos, Puebla, Tlaxcala y la Escuela Autónoma Emiliano Zapata de Huitziltepec, somos integrantes del Congreso Nacional Indígena.

 

Frente de pueblos y escuela autónoma, participamos hace un año en la cátedra tata Juan Chávez Alonso, en Cideci, San Cristóbal de las casas, Chiapas. Ambas organizaciones pertenecemos al ámbito de la cultura náhuatl.

 

Además de otros pueblos nahuas de otras regiones y otros estados, en el CNI participan los wixaricas, los yaquis, los purépechas, los mazahuas, los totonacú, los ñú sabi… y todos los demás pueblos indígenas de México que están en lucha y en resistencia.

 

En la EAEZ pensamos el mundo desde la cultura náhuatl. Y como tal, en esta Jornada cultural, queremos compartirles lo que para nosotros significa el símbolo que representa al CNI.

 

Observen, miren bien. Mírenlas.

 

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Sí, son 2 víboras de cascabel cuyas cabezas, bocas y lenguas se encuentran cara a cara.

 

El encuentro de ambas cabezasde kuechkoatl de perfil, forma un rostro. No es ningún secreto, es el rostro de Tonantzin, nuestra Venerada Madre, la Tierra. La madre generosa que a todos alimenta y a la que al morir, todos, todas, regresaremos.

 

 

Como escuela, vemos que para la moral Occidental, la judeo-cristiana, la serpiente simboliza el mal, el demonio, es la culpable del pecado.

 

Pero desde el mundo náhuatl la serpiente, el animal que siempre se arrastra, simboliza la tierra. La falda de víboras de cascabel de Coatlicue, representa la superficie terrestre.

 

Tan solo en mi pueblo, Santa Clara Huitziltepec, los más viejos cuentan que cada cerro tiene un su corazón, y que este suele ser una víbora de cascabel de buen tamaño; que cuando se hacen harto viejas les salen plumas, y entonces se van volando en dirección al mar.

 

Si bien es cierta la imposición de la historia judía sobre nuestros pueblos, a través de la Biblia y su historia de Adán y Eva, también lo es que varios aspectos de la antigua cosmovisión náhuatl han sobrevivido.

 

La celebración del Día de Muertos, es la más clara expresión de una concepción y una espiritualidad propias.

 

Y es que visto el mundo desde la mirada náhuatl, la historia es otra.

 

Desde nuestra mixteca realidad, vemos que hace 5 siglos se dio un brutal choque entre 2 civilizaciones, el cual no termina: Se trata de Occidente, la civilización cristiano-occidental, contra los pueblos originarios de la antigua civilización mesoamericana.

 

Vemos que Occidente ha impuesto en este continente su forma de organizar la sociedad y la vida, el Capitalismo, el proyecto de muerte más largo en la historia de la humanidad.

 

Una guerra que adopta diferentes nombres y personajes, pero cuyos propósitos son los mismos: que nuestra riqueza fluya hacia Occidente.

 

Y como en toda guerra hay muertos, desaparecidos, desplazados, el ejército anda en las calles, hay presos políticos.

 

Esta guerra llega hasta nuestros pueblos no sólo a través de termoeléctricas, mineras y carreteras; se presenta en otras formas y modos. En mi comunidad, Santa Clara Huitziltepec, vemos que la guerra del capitalismo:

 

  • Está en la “libertad” de consumir alcohol, la droga más peligrosa y destructiva de todas, responsable de accidentes, desintegración y violencia familiar, enfermedades.

 

  • Está en la Coca Cola y en la comida chatarra que entran hasta la intimidad de los hogares, ocasionando un gran número de enfermos de diabetes y cáncer; a unos ya les cortaron las piernas, otros se están quedando ciegos, otros están muriendo lentamente.

 

  • Está en las escuelas particulares y de gobierno en donde se adoctrina a la población; el siglo pasado en la primaria local se castigaba violentamente a los niños para obligarlos a dejar de hablar el mexicano, o sea la lengua náhuatl.

 

  • Está en la trasnacional más vieja, la que lleva más tiempo asentada en nuestros suelos, la Iglesia católica, con sus afanes de poder, control, riqueza, y sus curas pederastas. Santa Clara Huitziltepec fue el último lugar donde ofició el cura Nicolás Aguilar

 

  • Está en los partidos políticos y las elecciones, las cuales se han vuelto un vulgar negocio que bien que sirven para dividirnos y enfrentarnos.

 

  • Está en las “oportunidades” y los programas de gobierno, que son limosnas con las que compran la dignidad de mexicanos y mexicanas, para manipularlos a su antojo.

 

  • Está en la televisión, que entretiene y divierte a la población, manteniéndola en total estado de ignorancia y enajenación.

 

  • Está en la conversión de la tierra en simple mercancía que se compra y se vende, a la buena o a la mala.

 

  • Está en la privatización del agua, en los pozos privados que la usan para riego mientras a la población no le llega.

 

  • Está en nuestras calles donde ya empiezan a circular drogas sintéticas y a operar bandas delincuenciales. Los robos y asaltos están a la orden del día; ya ha habido secuestros.

 

  • Está en las enormes cantidades de basura y contaminación que cada familia produce diariamente.

 

  • Está en las maquiladoras de la región en las que muchas mujeres son explotadas diariamente.

 

  • Está en los altos índices de migración, la cual desintegra familias e importa vicios y costumbres gringas

 

 

 

Durante estos siglos que lleva esta guerra de exterminio, los macehuales, las gentes de la cultura náhuatl, hemos sido asesinados, encarcelados, torturados, desaparecidos y hasta quemados vivos por resistir, por no rendirnos y no vendernos.

 

Ayer fueron las monarquías europeas, hoy son las empresas trasnacionales las que nos explotan, nos despojan, nos reprimen y nos desprecian.

 

En nuestra larga historia, los nahuas nunca fuimos tomados en cuenta en el pacto social, en la construcción de un país. Siempre hemos sido excluidos. La única ocasión en que se estuvo cerca de que nuestros derechos como pueblos fueran reconocidos, fue en 2001.Con la movilización nacional a favor del reconocimiento constitucional de los Acuerdos de San Andrés.

 

Pero el Estado mexicano prefirió traicionarnos. Y aun así, hay quienes siguen creyendo en el estado, la nación, la democracia, los juzgados…

 

De cualquier manera, los nahuas seguiremos, según nuestros modos en cada región, en lucha y en resistencia, por la reconstitución integral de nuestros pueblos, construyendo nuestras autonomías.

 

No nos vencieron. La prueba irrefutable es que pronto, en un par de semanas, integrantes del CNI nos estaremos reuniendo en la Realidad, en el suroriental estado de Chiapas.

 

Somos los y las guardianes de la Madre Tierra.

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Así, de entre todas las serpientes que habitan nuestros territorios, los antiguos nahuas eligieron a la víbora de cascabel para representar a la Madre-Tierra.

 

Los que vivimos en el campo, o sea en los pueblos, sabemos que cuando nos topamos con una Cascabel y la molestamos, intencional o accidentalmente, ella se enrosca, tensa sus músculos, se prepara para atacar, dispuesta a inyectar su poderoso veneno; pero, generosa, nos da una oportunidad, empieza entonces a agitar ritmicamente su cola para hacer sonar su característico cascabel en señal de advertencia. Lo único que quiere es que la dejen en paz, que no la agredan, que no la molesten.

 

Pero si de nuestra parte, accidental o intencionalmente, lo hacemos, ella sin dudarlo se lanzara con toda su fuerza.

 

O sea que la Madre Tierra, como la víbora de Cascabel, nos da señales de advertencia: sequias, inundaciones, temblores…

 

Si callan y escuchan con atención, podrán escuchar los cascabeles de la Madre Tierra, los que, cual estridentes tambores, están gritando que YA BASTA.

 

Estamos ante una crisis sistémica, civilizatoria.

 

Su mundo, el de arriba se está derrumbando, el nuestro, el de los pueblos originarios está resurgiendo.

 

Desde el corazón olvidado de Huitziltepec, desde la EAEZ decimos que la lucha, compañeros y compañeras, sólo puede ser por la vida, es decir, por Tonantzin, Nuestra Venerada Madre, la Tierra. Sin violencia, con toda nuestra fuerza espiritual y hasta morir si es preciso.