Por Mazehual Quintos

 

El 18 de noviembre del 2017 se llevó a cabo el Encuentro de los Pueblos Originarios de la Region de los Volcanes con el Concejo Indígena de Gobierno y su vocera, María de Jesus Patricio Martinez, en la junta auxiliar de San Mateo Cuanalá, en el municipio de Juan C. Bonilla, en el estado de Puebla.

 

 

En este importante evento la Diversidad Sexual Anticapitalista dio su palabra:

 

 

 

“Porque somos iguales, tenemos derecho a ser diferentes”

 

Reza el lema a la entrada del aula de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata, lugar en donde se llevó a cabo los días 1 y 2 de julio del 2017 el Kuilonyotl, el primer encuentro de la Diversidad Sexual Anticapitalista.

 

Decidimos llamarlo Kuilonyotl, porque el náhuatl es una de las 6 lenguas indígenas que se hablan en este estado de Puebla. Kuiloni, en náhuatl, es el hombre que tiene relaciones sentimentales, amorosas y sexuales con otro hombre; y Kuilonyotl hace referencia a todo lo relativo a los Kuiloni.

 

Al encuentro llegaron heterosexuales, homosexuales, bisexuales, lesbianas, travestis y transgéneros de los estados de México, Puebla, Tlaxcala, Oaxaca, Michoacán, Veracruz y ciudad de México, además de Italia, Chile y Argentina.

 

El evento fue convocado por dos organizaciones: el Caracol que canta al Universo y Vida Plena Puebla, No dejarse es incluirse, A.C.

Fue muy sonado, al menos a nivel estatal, pues a la rueda de prensa llegaron muchos medios de comunicación: televisión, radio, periódicos,  portales de Internet y hasta espias del gobierno.

 

Pero nos desprecian tanto a quienes diferentes en nuestra sexualidad somos, que ni siquiera nos creyeron capaces de posicionarnos políticamente ante la guerra y el desastre actuales.  Así se dejó entrever en los comentarios, racistas y homofóbicos, que aparecieron en las redes sociales, en respuesta al anuncio de la realización del encuentro.

 

¡Pinches indios comunistas! ¡Jotos rojos! – nos llamaron.

 

¡Váyanse a vivir a Cuba o a Corea del Norte! – nos demandaron.

 

¡¿No se enteraron que el muro de Berlín cayó hace años?! – nos cuestionaron.

 

¡Si estuvieran en la URSS ya los habrían mandado a los campos de concentración de Siberia, por putos! – nos amenazaron.

 

¡Quieren dividir a la opinión pública! – nos acusaron.

 

No solo fue una simple reunión de “raritos” lo que despertó sus agrios y airados comentarios en contra; fue también el adjetivo de “anticapitalistas” lo que originó su odio y rechazo.

Pero a pesar de las críticas, denostaciones y ataques; nosotras, nosotros, insistimos en el enfoque anticapitalista, pues, así como desde la acumulación originaria ha habido cercamiento de los territorios comunales de los pueblos originarios y desde entonces no ha cesado el despojo de los bienes comunes naturales; del mismo modo se nos ha despojado de la libre autodeterminación sobre nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestra sexualidad. Nos siguen matando por ser quienes somos.  Por lo tanto, resulta necesario seguir defendiendo nuestro derecho a la vida, a la libre autodeterminación, desarrollo humano y de nuestra personalidad, junto con los medios de producción y el mundo humano entero.

Nos enunciamos como y desde la “diversidad sexual” porque la heterosexualidad no la única forma de vivir y ejercer la sexualidad humana, sino que la heterosexualidad se ha impuesto como un violento régimen sexual y político.

 

Como DSA, vemos que el capitalismo es como un monstruo de muchas cabezas y que cada una nos ataca por diferentes lados y modos: por la economía, la educación, la salud, la alimentación, la sexualidad, las políticas gubernamentales adversas… Y que muchas de esas cabezas de la hidra capitalista son las que se encargan de controlar y reprimir el placer, la satisfacción y la felicidad experimentados por nuestros cuerpos disidentes.

 

En reuniones posteriores al encuentro nos hemos preguntado:

 

¿Qué puede aportar el movimiento indígena a la lucha de la diversidad sexual?

 

Pensamos que al menos 2 cosas:

 

  • La primera es el elemento de colonialidad, que ya desde hace mucho tiempo percibimos y sufrimos
  • Y la segunda es la propia forma de los pueblos indígenas  de México de ver y entender el mundo.

 

Antes del Kuilonyotl hacíamos una crítica al eurocentrismo desde Europa, es decir, a través de los pensadores europeos; solamente analizábamos el capitalismo desde la lógica de pertenecer a una clase social explotada.

 

Pero al escuchar las palabras de homosexuales, lesbianas y transgéneros nahuas, mixtecos y purépechas, empezamos a entender que estamos colonizados de muchas y variadas formas, en todos los ámbitos de la vida; que nuestros pensamientos y nuestros cuerpos han sido colonizados por la cultura occidental, desde hace más de 500 años. Tiempo durante el cual se ha impuesto un solo proyecto civilizatorio: el capitalista.

 

Sabemos que no sólo se trata de 2 clases sociales antagónicas, sino más bien de dos civilizaciones en conflicto, en choque: la cristiano-occidental contra la de los pueblos originarios de estas tierras.

 

Así, caímos en la cuenta de que el sistema capitalista ya diseñó, desde las grandes metrópolis imperiales, en Europa y Norteamérica, una forma de pensar, de ser, de vivir, de relacionarse y hasta de luchar, para quienes somos diferentes en nuestra sexualidad.

Desde su consolidación, el capitalismo ha demostrado ser un sistema con gran capacidad de adaptación, asimilando estructuras, formas políticas y sociales en tanto le sean útiles para su expansión (como sucede con la religión, la mano de obra semiesclava/esclava y el tráfico de personas) o con luchas y movimientos políticos potencialmente subversivos (como los ecologistas, partidos, sindicatos, las guerrillas)…y la lucha o movimiento Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transgénero, Transexual, Intersexual, Queer y Asexual tampoco es inmune a esto.

Para este sistema que todo lo compra y vende, hemos pasado a ser simples consumidores y mercancía; un negocio, un mercado, como lo demuestra la “marcha gay”, que incluso ya comienza a denominarse cada vez más con el término anglosajón “pride” (evidenciando también el poderío colonial desplegado por la lengua de la hasta ahora máxima potencia capitalista).

La presencia empresarial en las marchas es parte de un proceso de mercantilización, que busca vaciar de contenido político emancipatorio nuestra lucha por el respeto y dignidad de las personas sexodiversas y sexodisidentes, para asimilarnos al sistema capitalista y que la diversidad sexual sea vista sólo como un estilo de vida y por ende, de consumo. El objetivo es pues, hacer la lucha de la diversidad sexual  dócil, servil y subsumida a la lógica de acumulación de capital. Ser un ladrillo más en la pared.

 

 

Las marchas LGBTTTI en la Ciudad de México y en Puebla sin duda han representado una importante irrupción de la diversidad y disidencia sexual en la vida social y política del país, no sólo como un medio para visibilizarnos, sino también para (re)apropiarnos de los espacios públicos y subvertirlos, o al menos intentarlo. Eso es indiscutible.

Y aunque la marcha ha sido tachada de ser un carnaval, cabe señalar que no hay nada de malo en la figura carnavalesca o festiva, al contrario, si algo hemos aprendido en esta y otras luchas es lo fundamental que resulta el factor festivo y de alegre rebeldía. Las marchas de la Diversidad Sexual que se llevan a cabo en muchas ciudades del país son los únicos espacios de libertad en donde podemos llegar todos a expresarnos como mejor nos parece, sin presiones de nadie, ni para dar gusto al poderoso de ultraderecha ni a nadie más que a nosotros y nosotras. Y lo que pedimos es respeto a nuestra diferencia, a nuestra vida, a nuestra manera de ser y de sentir, a nuestra libertad de expresarnos y desarrollarnos como mejor nos parece.

Lamentablemente, la marcha en la Cd. De México se ha ido vaciando de este contenido político y reivindicativo para pasar a ser una plataforma para posicionar a las empresas, sus productos y servicios y al gobierno de la Ciudad de México como incluyente, pero eso es una soberana mentira. En el caso de la ciudad de Puebla, la marcha  se volvió botín político de un grupo de “activistas” perredistas, y un gran negocio para los antros gay.

Pero a diferencia de lo que ocurre en Puebla con la marcha, podemos decir, no sin pesar, que en la Ciudad de México el gobierno se ha adueñado de ella porque un pequeño grupo de gays y lesbianas que hace unos meses se la arrebató al comité ciudadano que la organizaba y convocaba, se la regaló al Jefe de Gobierno para que haga y deshaga con ella. Porque dicen, que la CDMX es amigable con la diversidad sexual, pero sigue ignorando la exigencia de justicia de las mujeres trans trabajadoras sexuales para disminuir la violencia y la alta impunidad en los crímenes cometidos hacia nosotras.

 

¡Las trabajadoras sexuales, aquì en Puebla, en la Cd. De México y en todas partes, queremos trabajar en paz y seguras!

¡No queremos que sea abolido el trabajo sexual!

¡Queremos seguridad física para seguir ejerciendo ese trabajo digno sin el hostigamiento, la extorsión, las violaciones sexuales y las amenazas constantes de los policías, porque nosotras no somos peligrosas, estamos en peligro y tampoco somos criminales!

 

Por otro lado, en Puebla hay más de 54  mujeres trans y gays asesinados desde 1996 a la fecha y no sabemos quiénes son sus asesinos porque la mayoría siguen prófugos. Tampoco sabemos cuántas mujeres lesbianas han sido asesinadas porque en los más de 90 feminicidios cometidos en Puebla en lo que va del presente año no hacen esa precisión. ¡Levanto mi voz porque todas ellas, compañeras y compañeros míos, desde su tumba siguen exigiendo justicia!

La lucha para que nuestros derechos sean reconocidos en la Constitución sigue costando tiempo, mucho esfuerzo y hasta la vida de compañeras y compañeros. Reconocemos el resultado de ese esfuerzo para que, a través de la figura del amparo, el derecho al matrimonio sin discriminación sea reconocido en todo el país, a pesar de la oposición de los millonarios grupos ultraconservadores que abogan a favor de la discriminación. Pero el capitalismo quiere hacernos creer que la libertad está en que dos personas del mismo sexo se casen. Sin embargo, el día después de la boda viene la resaca; y la feliz pareja de recién casadas o casados pasa a darse cuenta que nada cambió, que la explotación, el despojo, el racismo, la homofobia, la misoginia y la guerra, continúan. Para el capitalismo sólo somos útiles en tanto le seamos productivos y podamos consumir.

 

 

Ante esto, enfatizamos que queremos y estamos dispuestas y dispuestos a cambiar las reglas del mercado por uno más social, humano y desde los pequeños productores que defienden el agua y la tierra. No queremos servir como maquillaje arcoíris para legitimar este sistema de muerte y destrucción al permitir que empresarios y políticos se cuelguen la etiqueta “gay friendly”. Como si eso hiciera automática o mágicamente desvanecer toda la violencia homo-lesbo- bi-trans fóbica y los crímenes de odio, en donde México ocupa el indignante segundo lugar en América Latina, sólo después de Brasil.

Preguntamos, nos preguntamos, les preguntamos:

 

¿Hay homofobia en el Congreso Nacional Indígena?

¿Hay racismo en la comunidad LGBTTTIQA?

 

Al intentar responder, caemos entonces en la cuenta de que hay mucho trabajo por hacer, ni más ni menos que levantar “un mundo donde quepan muchos mundos”. Consideramos que invariable y necesariamente uno de esos mundos lo ocupa el cuerpo, el género y la sexualidad. Un mundo en el que ser mujer trans, lesbiana, indigena, puto, joto, choto, mampo, lesbiana,  bisexual, travesti o persona con VIH no sea motivo de asesinato, agresiones, burla y discriminacón.

 

Pero sabemos que no llegará una salvadora, o un salvador, a hacerlo por y para nosotras, nosotros; que ni el Congreso Nacional Indígena, ni el Concejo Indígena de Gobierno ni su vocera, saben cuál es el mundo que la diversidad sexual sueña, merece, necesita.

 

Pensamos que ese mundo tenemos que empezar a levantarlo nosotras mismas, nosotros mismos, quienes diferentes en nuestra sexualidad somos. Porque la  revolución será sexodisidente o no será.

 

En resumen, estamos diciendo que la lucha contra el sistema capitalista no es solamente posible desde la bandera rojinegra, sino también, desde la alegre y luminosa bandera que se viste de los colores del arcoíris que somos, la nuestra.

 

Por ahora, como Diversidad Sexual Anticapitalista, saludamos al Congreso Nacional Indígena, al Concejo Indígena de Gobierno y a su vocera. Solamente queremos decirles:

 

¡Confiamos en ustedes!

 

Que hemos decidido encontrarnos nuevamente para, juntos, imaginar y soñar ese otro mundo por levantar. Por lo que les estamos invitando, respetuosamente, a la Comisión de Diversidad del Concejo Indígena de Gobierno y a su vocera, a que nos acompañen al segundo encuentro de la Diversidad Sexual Anticapitalista, el cual llevará por nombre:

 

“Omezihuatl,Ometekuhtli”

 

Se llevará a cabo los días 13 y 14 de enero próximos, en el Caracol que canta al Universo, en el municipio de Huitziltepec, en la Mixteca poblana. Las esperamos. Los esperamos.

 

De nuestra parte es todo,  muchas gracias por su atención.