ay miña

 

 

Buenas tardes.

Nuestros caminos, el de ustedes, familiares y estudiantes de Ayotzinapa, y nosotros, la Escuela Autónoma Emiliano Zapata de Huitziltepec, se encontraron por vez primera el 2 de enero del presente en Cideci, en San Cristóbal de las Casas, en el suroriental estado de Chiapas, en el marco del Festival Mundial de las Rebeldías y las Resistencias contra el Capitalismo.

 

No fue cualquier cosa ese evento. Se trató de la compartición del CNI, el Congreso Nacional Indígena, del cual somos integrantes, con la Sexta nacional e internacional.

 

Muchas historias de rebeldía y resistencia escuchamos en esa memorable compartición a lo largo de las tres sedes: Xochicuauhtla, en el estado de México; Amilcingo, en Morelos; y Monclova, en Campeche. Muchos compañeras y compañeros de México y oras partes del mundo nos contaron por qué se rebelan, cómo resisten.

 

Hasta antes de esa fecha, los sabíamos a ustedes, familiares y estudiantes de Ayotzinapa, los mirábamos y escuchábamos  solamente a través de los medios de comunicación: periódicos, televisión, Internet. Pero fue ahí, en el Festival Mundial, donde los miramos y los escuchamos a ustedes por primera vez en vivo, de frente. Sin intermediarios, sin interlocutores, sin intérpretes.

 

Y fue precisamente en ese festival, que surgió la propuesta que ustedes, familiares y estudiantes de Ayotzinapa, visitaran los pueblos, comunidades y organizaciones del Congreso nacional Indígena.

 

Y ya ustedes los han visitado a muchos de nuestros compañeros y compañeras del Congreso Nacional Indígena. Y faltan los que faltan.

 

Pero el día de hoy están ustedes aquí, en la Escuela Autónoma Emiliano Zapata, en nuestro territorio, en nuestro tiempo y nuestro espacio, es decir, en nuestro calendario y en nuestra geografía, en Huitziltepec, el Cerro de Espinas negras.

 

Consideramos que esta visita es muy especial, intima. No es una visita coyuntural, no es una visita mediática. Por eso las y los recibimos aquí, en nuestra aula, y no en una plaza pública. Es una visita para conocernos, para conocerlos y para que nos conozcan, o sea para compartir nuestros dolores, pero también nuestros sueños y esperanzas.

 

Es esta, pues, simple y sencillamente, una visita entre iguales, entre hombres y mujeres comunes y corrientes; pero que no se rinden, que no se venden y que no claudican.

 

Como ya se habrán dado cuenta, aquí somos pocos, muy pocos, pero somos.

 

Pero como escuela, sabemos que las grandes transformaciones no empiezan arriba ni con hechos monumentales y épicos, sino con movimientos pequeños en su forma y que aparecen irrelevantes al Poder y para los grandes medios de comunicación y sus reporteros y analistas.

 

Sabemos que la historia no se transforma a partir de plazas llenas o muchedumbres indignadas sino a partir de la conciencia organizada de grupos y colectivos que se conocen y reconocen mutuamente y construyen, abajo y a la izquierda, otra relación, es decir, otra realidad.

 

En otras palabras, nosotras, nosotros, como mazehuales que somos, o sea gentes originarias de la cultura náhuatl, sabemos que los cambios que importan, los que son profundos, los que hacen otras historias, son los que empiezan con los pocos y no con los muchos.

 

Así que es un honor tenerlos aquí en este día a ustedes, nuestros maestros y maestras. Porque ustedes, en lugar de auto compadecerse   y resignarse, decidieron organizarse, rebelarse, resistir, y luchar.

 

Sean entonces bienvenidos y bienvenidas a este Caracol que canta al Universo, a la Escuela Autónoma Emiliano Zapata, a esta tierra de Huitziltepec, a esta Mixteca poblana.

 

Esta es su casa, de ustedes, y de todos los que soñamos con un mundo mejor, más justo, más humano, en el que podamos tener un lugar digno hasta el fin de nuestra existencia.

 

 

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