Bienvenidos, bienvenidas, bienvenidoas.

 

Están ustedes en territorio mazehual.

 

Mazehual es la palabra que nos da identidad, es decir, rostro y corazón.

 

Mazehuales somos, mazehuales seremos.

 

Y cuando decimos que mazehuales somos, estamos diciendo que la matriz cultural que nos parió es la náhuatl.

 

Náhuatl es nuestra raíz.

 

Náhuatl será el tronco, las ramas, las hojas, las flores y los frutos que, ya pronto seremos,

 

 

 

 

Caracol que canta al Universo, es como nombramos a este terreno donde estamos, de poco menos de una hectárea. Es donde nos rebelamos, es donde resistimos. Es donde nuestra autonomía construimos.

 

Como Caracol que canta al Universo, somos integrantes del Congreso Nacional Indígena. Y precisamente en el CNI aprendimos que la rebeldía más grande es contra el capitalismo y que la resistencia no es sólo aguantar sino construir algo nuevo.

 

Y esto es lo que hemos levantado en 16 años. No una teoría sino otra realidad:

 

¿La ven, la escuchan?

 

Nuestra práctica con nuestra teoría, y nuestra teoría con nuestra práctica en estos 16 años  han dado lugar a pequeños pero importantes  pasos  de liberación aquí en Huitziltepec, en la Mixteca poblana. Y, acaso, ha sido una pequeña, la más pequeña, experiencia de aprendizaje para quienes se interesan o participan en movimientos anti sistémicos, de rebeldía y resistencia.

 

Pensamos que es nuestra responsabilidad, como mazehuales integrantes del CNI, encontrarnos con los movimientos sociales de abajo –que son la mente y la razón, así como la fuerza y el musculo de la transformación social- a partir de nuestro propio movimiento desde la teoría emancipadora hacía la práctica: y cumplir con  nuestro gran trabajo de destruir  de raíz al sistema capitalista y construir un mundo sobre nuevos principios, más justos y más humanos.

 

 

 

 

 

Es por eso que hemos convocado al Kuilonyotl, este Primer Encuentro de la Diversidad Sexual Anticapitalista.

 

Hace un par de semanas fuimos a la ciudad de Puebla a la respectiva rueda de prensa para dar a conocer públicamente este encuentro en un café “de ambiente” (¿Todavìa se dice asì?), en el centro. Y al caminar por las calles de esa ciudad, vimos que:

 

 

 

“Un sólo sentido”, rezan y dictaminan los señalamientos de tránsito en las esquinas de las calles. Un poco más a la derecha, otros señalamientos viales de transito dictaminan “Prohibido dar la vuelta”.

 


 

 

Es que si nos aborrecen y nos persiguen a los otros es no sólo porque somos diferentes. También porque evidenciamos, de una u otra forma, esa diferencia.

 

Homosexuales, lesbianas, bisexuales, travestis, transgeneros, transexuales… y los diferentes  nombres con los que se viste la diversidad sexual,  no obedecemos al señalamiento de la NORMALIDAD, que el sistema capitalista pinta en las sociedades modernas y democráticas.

 

La moral  de los de allá arriba (que no pocas veces invade a quienes luchan  contra e Poder) ha juzgado y condenado la diferencia sexual porque nuestra irrupción tiene mucho de rebeldía.

 

No es la ambigüedad sexual, en este caso, la que aterra al Poder. En todo caso ésa es motivo  de burla, risa y desprecio.

 

Lo que temen allá arriba es la definición abierta y libre del otro, del diferente.

 

Porque cuando  un diferente dice:

 

¡Aquí estoy, ésto soy! – su acción se convierte en un auténtico desafío al sistema capitalista.

 

 

Los diferentes en nuestra sexualidad también recordamos y echamos en cara que ellos y su moral son prescindibles.

 

Poe ejemplo, las lesbianas  demuestran  que el varón es prescindible, y los homosexuales que la mujer es prescindible. Y con la inseminación artificial, el embarazo “in vitro”, y demás, las cosas se desacomodan escandalosamente.

 

La moral capitalista también nos impone direcciones y velocidades a las mujeres y a los hombres.

 

El “un solo sentido” para las mujeres las dirige a la sumisión y la velocidad con la que recorran esa calle será la medida de su “éxito”

 

Para los hombres, el calendario del Poder nos marca “prohibido dar la vuelta”. O sea que podemos ser rebeldes hasta determinada edad, luego tenemos que “madurar”, es decir, someternos. Entonces está prohibido dar la vuelta.

 

Las señales de tránsito “un solo sentido” y “prohibido dar la vuelta” que pueblan la geografía de la moralina del Poder en las calles de las ciudades, oculta una podredumbre:

 

La del que obtiene placer menospreciando al otro, al diferente.

 

Las leyes del trafico moral de esos vehículos llamados seres humanos se quebrantan en todo momento y en todo lugar, en todas las calles de pueblos y ciudades.  Esto es así porque cada vez más personas nos damos cuenta de que la dirección marcada e impuesta sólo conduce a la muerte…o a la sumisión, que no es otra cosa que una muerte aun más triste.

 

Nosotros, los diferentes en el estado de Puebla, hemos ido en sentido contrario desde  hace muchos años. Si nadie se había dado cuenta es  porque de por sí nosotros éramos invisibles. Fue hasta hace 16 años que la Primera Marcha de la Diversidad Sexual iluminó nuestro camino, y nos hizo visibles, y dimos volumen a nuestra palabra. Y eso, amigos y amigas mías aquí reunidos, no hay que olvidarlo.

 

Porque no. Nosotros no somos ningunos arribistas que llegan a suplantar el trabajo empezado por otros.

 

Nosotros (Yo, el Juan, el Ubaldo, el Onan…) empezamos a caminar los primeros pasos de la Marcha de la Diversidad Sexual, allá en la ciudad de Puebla.

 

 

 

En ese entonces preguntábamos, nos preguntábamos, les preguntábamos:

 

¿De qué tenemos que avergonzarnos los homosexuales, lesbianas, bisexuales, travestis, transgeneros, transexuales…?

 

Y respondíamos, nos respondíamos y les respondíamos:

 

“Que se avergüencen quienes roban y matan impunemente siendo gobierno”

 

Y asì, durante algunos años dimos “nuestro aliento, nuestra palabra”, en el acto político al terminar la marcha. Hasta que nos dimos cuenta  de que otro era el rumbo que la marcha estaba tomando.

 

Lo entendimos cuando en una de ellas, que termino frente a Plaza Dorada, durante nuestra participación (consistente en la presentación de una manta/mural y unas palabras, que preparamos durante  un par de días) un grupo de asistentes, justo enfrente de nosotros, se decían en voz alta:

 

¡Ay, ya que se callen!

 

Sí. Estaban ansiosos  y ya querían que empezara el show de un conocido travesti.

 

Sí. La marcha estaba dejando de ser un espacio de reivindicación política, que es como originalmente  la pensaos, la concebimos, la iniciamos, para convertirse en… un carnaval, una fiesta, en un negocio pues. Claro, con sus respectivos políticos y empresarios como patrocinadores y negociadores.

 

¿Asistieron a la reciente marcha en la ciudad de Puebla?

 

No. No lo juzgamos. Sólo decimos y recordamos lo que pasó.

 

Dejamos de marchar, es cierto; pero nunca dejamos de luchar.

 

Ahora que anunciamos la realización de este Primer Encuentro de la Diversidad sexual Anticapitalista, notamos que ha provocado que algunas personas se pongan molestas, se escandalicen, se burlen o de plano ni nos tomen en cuenta.

 

Es que están acostumbrados a no mirar al otro que somos nosotros. Y entonces, cuando nos hacemos luz de la sombra que somos, les dolemos los ojos, y es nuestra palabra música que hiere sus oídos.

 

 

 

 

Pero hay quienes aprenden a ver lo bueno que este encuentro ya camina.

 

Aprendemos y aprenderemos a mirar y mirarnos; a escuchar y escucharnos.

 

Aprendemos y aprenderemos, pues, a ser dignos.

 

Porque, y eso que quede bien claro, sólo nos queda escoger: o aprendemos juntos a ser dignos, o solos moriremos e indignos.

 

Nuestro más sincero pésame a quienes eligen no mirarnos y no escucharnos.

 

Larga vida a quienes, juntos, todas y todos, aprendemos a vivir. Porque vivir sin dignidad es estar bien muertos.

 

Heterosexuales, homosexuales, lesbianas, bisexuales, travestis, transgeneros, transexuales… y todos los colores con los que se pinta la diversidad sexual hoy aquí reunidos en este pequeño rincón de la Mixteca poblana, queremos compartirles que:

 

  • La calle de un solo sentido no existe. Existe, sí, la prohibición de ir “en sentido contrario” o de “dar la vuelta”.

 

  • Y que cada vez somos más, no los que caminamos en sentido contrario, sino los que lo evidenciamos como si lleváramos no un pecado, sino una bandera.

 

 

Aquí estamos hoy como anfitriones en nuestro Caracol que canta al Universo para decir, decirnos y decirles:

 

 

¡Aquí estamos!    ¡Èsto somos!

 

Y estamos aquí para infringir la ley de tránsito… y la de gravedad.

 

Aquí es la casa  de todos los que soñamos un mundo mejor, más justo y más humano, uno en el que podamos tener un lugar digno hasta el final de nuestras pequeñas existencias.

 

Sean pues bienvenidos, bienvenidas, bienvenidoas.

 

Gracias por acudir a nuestro humilde llamado. De veras, gracias, es un honor tenerlos a ustedes, ustedes, aquí.