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Compañeros, compañeras:

 

Nos hemos conocido, encontrado, en varios lugares.

 

Oímos su palabra, su historia, en el Congreso Nacional Indígena, en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, en la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales y en el Tribunal Permanente de los Pueblos.

 

Somos, seremos, compañeros y compañeras.

 

Sepan que desde aquí, desde este rincón de la Mixteca poblana, estamos al tanto de lo que pasa, de lo que en nuestros pueblos pasa.

 

En estos momentos tan aciagos, queremos algo recordar, recordarles.

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Hace poco más de un año nosotros, nosotras, la Escuela Autónoma Emiliano Zapata, hicimos  entrega al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua Puebla-Tlaxcala-Morelos (FPDTA-PTM) de una pintura guadalupana.

 

Lo hicimos en Huexca, en el estado de Morelos;  un 12 de enero del año pasado. Se la entregamos a uno de los integrantes del FPDTA-PTM., para que los acompañara en su lucha.

No fue un presente del maestro Filo a don Faustino;  fue de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el agua-Puebla, Tlaxcala y Morelos.

 

No es gran cosa, lo sabemos. Tan solo es un pedazo de manta  pintada.

 

Pero para la EAEZ fue una compartición muy, muy  especial. Se trató, se trata, de lo que somos, de lo que seremos.

 

O sea que, si la miran con atención, la pintura  tiene algo especial: representa nuestro rostro nuestro corazón (in tix, in moyolo); el de los pueblos que somos, seremos, de  la cultura náhuatl.

 

A simple vista pareciera que la pintura que les compartimos es la virgen  María, en su advocación de Guadalupe; pero no, no lo es.

 

Mírenla bien.

 

 

 

En su verde manto se dibujan los glifos de los 4 rumbos del Universo, la concepción espacio-tiempo del mundo náhuatl.

 

En su blanco vestido, en la parte inferior, la palabra Popocatèpetl se encuentra pintada, o mejor dicho escrita. Es el glifo de la palabra tepetl, que significa  “cerro”.

 

El cerro es una realidad sagrada de la cultura náhuatl.

 

Sobre el tepetl aparece el glifo de popocatl, que significa humo, que humea, que echa humo.

 

Y alrededor del  glifo del Popoca-tépetl aparecen floras preciosas, las que alegran a la gente, las que embriagan con gozo, las que embriagan y alegran con su fragancia.

 

Son las flores  preciosas que se encuentran grabadas en el cuerpo de Xochipilli, la escultura azteca que fue encontrada en las faldas del Popocatépetl y que representa a Xochipilli, el señor de las plantas sagradas. Actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México.

 

 

Y de entre todas las flores preciosas que aparecen pintas en la pintura guadalupano que les compartimos, la que aparece en la parte superior es una flor de 4 pétalos: un Nahui-Ollin.

 

El Nahui Ollin, cuatro puntos unificados por un centro, aparece en las grandes obras del arte náhuatl: en el centro del calendario azteca, en la parte inferior de la Coatlicue, sobre la cabeza de Huehueteotl, y más aún, en el centro de la pirámide del Sol en Teotihuacán.

 

La flor de 4 pétalos es la síntesis de la cosmovisión náhuatl: las 4 eras anteriores y la actual, la quinta; los 4 rumbos del Universo, el Planeta Venus, el ciclo de 52 años, etc.

 

Entre las manos y el rostro  aparece otro  glifo: el de la antigua palabra.

 

Arriba y debajo de la imagen guadalupa, con un fondo rojo,  aparecen  letras en el alfabeto latino, pero el mensaje es en lengua náhuatl.

 

En la parte superior se puede leer: makamo ken mochihua  in mix, in moyollo.

 

Puede traducirse como:  nada tienes que temer.

 

En la parte inferior de la imagen reza: Kuix amo Nikan niká nimonantzin, que significa:

 

¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?

 

Así que esa pintura que les compartimos no es la Virgen María, es Tonantzin: Nuestra venerada madre, la Tierra, esta tierra.

 

La tierra de la que venimos, la tierra a la que volveremos. La madre generosa que nos alimenta.

 

En el Nikan Mopohua, el texto que narra las apariciones guadalupanas al indígena Juan Diego,  la màs grande herencia que tenemos los pueblos nahuas, la Tonantzin Guadalupe le dice al Juen Diego:

 

Ka nel nehuatl in namoiknohuakanantzin, in tehuatl ihuan in ixquixtin inik nkan Tlalpan anzepantlaka…

 

Porque, en verdad, yo soy la madre compasiva de ustedes,  tuya y de todos los hombres que viven juntos en esta tierra…

 

Y promete:

 

a onkan nikinkakiliz in inchokiliz, in intlaokol, inik nikyektiliz, nikpahtiz in ixkich nepapan innetoliniliz, intonehuiz, inchichinakiliz…

 

Allí en verdad oiré su llanto, su pesar de ustedes. Así yo enderezaré, remediaré todas  sus variadas necesidades, sus miserias, sus pesares…

 

 

Hace algunos meses vimos una foto en Internet en la que aparecen ustedes, manifestándose en Cuautla, y entre la gente se ve esa pintura guadalupana que les entregamos.

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Era tan terriblemente bella esa imagen. Pareciera que son hombres y mujeres que están luchando por defender algo sagrado; parece una procesión en la que sus integrantes caminan para encontrarse y reencontrarse.

 

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Como cuando  nuestro general Emiliano Zapata entró a la ciudad de México, con los zapatistas  de hace un siglo,  llevando un estandarte guadalupano al frente.

 

 

 

Compañeras y compañeros, somos los pueblos indígenas de México.

 

Hemos resistido 5 siglos y no han logrado acabarnos.

 

Somos los guardianes de Tonantzin, Nuestra Venerada Madre, esta Tierra.

 

Prometimos, prometemos, cuidarla y defenderla hasta morir si es preciso.

 

Y nada tenemos que temer, ni cárcel, ni tortura, ni muerte: ¿Acaso no está aquí ella que es nuestra madre?

 

 

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