Por Mazehual Quintos

 

El 19 de octubre del 2017 el maestro Filo se presentó en el Seminario Permanente Afroindoamérica, en la Sala Jesus Silva Herzog, en la Torre de Humanidades, en Ciudad Universitaria.

Al final de su ponencia contó la historia de una jovencita zapatista.

 

 

 

 

Bueno, entonces termino.

 

Les dije que al  final les iba a mencionar algo acerca de esa compartición.

 

Porque empecé diciendo que hace algunos años el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional nos mandó una carta  (dirigida a la Escuela Autónoma Emiliano Zapata) invitándonos a la compartición del CNI con el EZLN, o sea los pueblos del CNI con los pueblos de los zapatistas.

 

Nos llegó esa carta, fuimos a la compartición y ya estando en ésta se organizó que los delegados del CNI iban a pasar a contar la historia de su lucha, su historia de rebeldía y resistencia, ante los pueblos zapatistas; o sea ante miles de personas, eso sorprendía por eran las bases de apoyo.

 

 

 

 

Y es que eso es el zapatismo,  sus bases de apoyo, y no sólo los subcomandantes, que muchos se van con la finta. Lo que le da sentido y vida al zapatismo son las bases de apoyo.

 

Bueno pues los zapatistas fueron tan generosos con nosotros, integrantes del CNI, que nos dejaron entraron a su mundo; o sea, no sólo a su territorio sino a su gente,  a sus bases de apoyo.

 

Y tuvimos ese chance de pararnos por 20 minutos, pues éramos un chingo de delegados del CNI, y platicarles a ellos, las bases apoyo, qué hacemos, cómo resistimos, cómo nos rebelamos, cómo luchamos.

 

En el caso de la lucha en mi pueblo les cuento que íbamos 4 personas y yo. Ya quedamos que nos  tocaba pasar por 20 minutos, así que les dije a los que íbamos:

 

¿Cómo le hacemos, quién va a pasar a hablar, qué vamos a decir? Porque en 20 minutos tenemos que pasar a contar nuestras historia.

 

Y entonces a mí se me ocurrió algo; así uno por uno de los cuatro que iban les dije:

 

A ver compañero, si usted viniera solo, ¿Qué le platicaría a los zapatistas?

 

-Pues yo les diría que allá en el pueblo….

 

Y ahí me tienen a mí tomando nota. Y luego pasa otro de allá del pueblo y le digo:

 

¿Usted compañero que le diría a los zapatistas si viniera solo y nadie de nosotros.

 

-Yo les diría que esto, que hacemos esto, que nos reprimieron así, que logramos esto,  que nos salió mal lo otro…

 

Y yo ahí anotando. A partir de ahí, los siguientes días, par de días, ahí me tienen a mí ordenando ese revoltijo de ideas. Al final, nos tocó pasar el miércoles, poco antes de la hora de la comida. Ya pasé yo a leer nuestra historia, no contada por mí sino por los que íbamos del pueblo; que es como se tiene que hacer, colectivo no individual.

 

 

 

 

Bueno y luego ya pasé y conté todo lo que conté ahí a los zapatistas, y algo pasó. Entre lo que conté hablé una parte, claro que tocamos  asunto de la Tonantzin, la Totlaltikpaknantzin, la Tonantzin Guadalupe, la Tierra, lo hicimos.

 

 

 

Bueno, cuando terminamos, les digo que poco después vino la comida, y por aquí terminó esa parte del evento y ya nos vamos a comer cuando un grupo de muchachos zapatistas, jovencitos todos,  de 17 o 18 años, llegan y me dicen:

 

-Disculpe, le queremos pedir un favor..

 

-Diga…

 

-Que si nos puede prestar sus hojas de lo que pasaron a leer.

 

-Pues sí, pero con una condición, que me las devuelvan; pues no hay ni copia ni nada. La vamos a publicar o algo, si me las devuelves sí.

 

-Sí se las devolvemos- respondieron los chavos.

 

Lo que pasó a partir de ahí fue maravilloso. Porque los días siguientes: la tarde del miércoles, el jueves y el viernes, dolía ver, como jóvenes zapatistas bases de apoyo, estaban en chinga copiando nuestras hojas.

 

Llegaba un grupo de 3, 4 o 5 jóvenes y me decían:

 

-Maestro, aquí están sus hojas.

 

Y luego llegaba otro grupo de jóvenes diciendo:

 

-Maestro…

 

– Sí ya sé lo que quieren, tengan y me las devuelven.

 

Unas horas después  llegaban otros. Así pasó, en serio. Yo los veía así de reojo ahí en las bancas, 3, 4 muchachos zapatistas en chinga copiando esa palabras, en esas hojas de libreta escritas a mano…

 

Pero lo que les quiero contar no es eso, eso es el antecedente, es que el último día hubo baile, ya para cerrar el evento, ya acabamos, ya empezó el baile.

 

 

Yo tenía las  hojitas en la mano y que llega una muchacha, bueno un grupo de chavas zapatistas, y me dice:

 

-Queremos ver si nos puede prestar sus hojas…

 

-Claro.

 

Que se las presto. Pero resulto que, no sé cuántas hojas eran, 5 o 6, pero se las repartieron para que cada quien copiara una parte; y una de ellas se quedó sin hoja. Y entonces como ella no tenía hoja que me pongo a platicar con ella, y ahí nos tienen a yo y una jovencita zapatista de unos 15 años, máximo 17, platicando.

 

Sus palabras de esta niña, de esta jovencita me  dejaron helado.

 

Dijo esta jovencita zapatista:

 

-Muy importante es los que vinieron los compañeros del CNI a contarnos, pero lo que ustedes están planteando cambia todo.

 

-¿qué estamos planteando?. Yo le pregunté.

 

-Sí, lo de la virgen de Guadalupe

 

-¿Y qué es lo que cambia?

 

Cambia nuestra forma de entender la historia; cambia nuestra forma de entender la religión, cambia nuestra forma de entender los sagrado… cambia todo.

 

 

Yo me quedé de güey. Pensar, que este trabajo que hemos hecho durante años… No fue un doctor en antropología, en historia o en sociología el que nos dijo: escuché y entendí.

 

Fue una niña zapatista, jovencita, muy jovencita, la que nos  dijo eso: escuche y entendí; entendí de qué trata todo esto.