Por Mazehual Quintos

 

 

Hace 5 siglos, en la Mixteca poblana, se inició  una guerra religiosa que no termina; esta guerra se muestra a veces de manera abierta, otras de manera velada y oculta.

 

El capitalismo y el cristianismo no llegaron en barcos diferentes. Por el contrario, llegaron juntos y para la misma empresa: control.

 

La conquista espiritual  significó para la región, la brutal destrucción de su antigua religión. Los sabios y sacerdotes fueron perseguidos cual delincuentes. Las pirámides, los códices, las esculturas… todo fue quemado y destruido.

 

 

Durante más de 300 años la Iglesia católica desde su metrópoli imperial, el Vaticano, se erigió en ama y señora de estas tierras.

 

La Nueva España se independizó, pero el poder de la Iglesia católica quedó intacto. De hecho, fue una de las condiciones para llevarla a cabo. Años después, ya con la llegada de los masones al poder, Benito Juárez y compañía, le fue quitado el privilegio de ser la única religión permitida en México. A partir de ahí, primero poco a poco y hoy aceleradamente,  empezaron a llegar al país y a la región representantes de un cristianismo diferente al católico.

 

El municipio de Huitziltepec, en la Mixteca poblana, no es ajeno a todo esto. Actualmente, tan solo en la cabecera municipal,  Santa Clara Huitziltepec, además de católicos, hay protestantes, testigos de Jehová  e integrantes de un par de sectas cristianas.

 

Lo que está pasando es que el cristianismo anglosajón ( el de Estados Unidos)  se ésta implantando  en los pueblos y ciudades de México; y la Mixteca poblana no es ajena a este proceso. Se está llevando a cabo una especie de segunda Conquista espiritual.

 

Al cambiar el conquistador cambia la religión que se impone al pueblo conquistado: los españoles impusieron el catolicismo, los gringos están haciendo lo correspondiente con sus sectas cristianas.

 

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En este contexto es que una señora, una mujer de más de 50 años, habitante de Santa Clara Huitziltepec, llegó la tarde del martes 28 de noviembre del presente, a la entrada del Caracol que canta al Universo.

De acuerdo al protocolo, saludó en voz alta. Momentos después salió a atenderla el maestro Filo. Después de saludar, la señora expuso la razón de su visita:

 

 

Un vecino suyo, hace algunos días, les pidió a ella y su esposo que le dieran un tiempo para platicar. Ellos accedieron y acordaron día y hora.

 

El día de la cita el vecino llegó puntual.

 

Después de los saludos respectivos y ya sentados en la sala de su casa, el visitante expuso el motivo de su visita: quería hablarles de Dios y de la Biblia.

 

Durante un buen rato no hubo problema  alguno pues, básicamente,  coincidían con los planteamientos del vecino.

 

El problema se suscitó  cuando el vecino les empezó a hablar mal de la virgen Guadalupana.  Ante lo cual, la señora interrumpió al visitante y le expresó que en ese momento no quería tocar ese tema, que otro día lo abordarían ampliamente. Y en eso quedaron.

 

 

La razón y el motivo de la presencia de la señora, era que el maestro Filo le diera una clase sobre la Guadalupana:

 

“Y es que veo que usted es bien guadalupano, seguro algo ha de saber sobre su historia”- le  dijo.

 

El maestro Filo, quien imparte clases públicas, gratuitas y científicas, le preguntó que cuándo y a qué hora quería su clase.

 

“Pues si se puede ahorita mismo”- respondió convencida la señora.

 

El maestro abrió la reja y la señora pasó directamente al aula de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata, tomó asiento y sacó una libreta y un lapicero que llevaba en su bolsa de mandado.

 

El maestro Filo tomó el borrador y borró lo que estaba escrito en el verde pizarrón. Con un gis escribió con letras grandes:

 

 

T O N A N T Z I N

 

Al darse la vuelta y ver de frente a su alumna, empezó diciendo:

 

“Ni Juan Diego existió ni la virgen María se apareció; ambos son personajes literarios de un texto escrito en mexicano hace más de 400 años…..”