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Buen día alumnos y alumnas,

Buen día promotores de educación,

Buen día familiares y amigos,

Buen día comadres y compadres,

Buen día compañeros y compañeras del CNI y de la Sexta:

 

Agradezco a todos y todas por estar hoy aquí presentes para escuchar las palabras que tengo que decir.

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Tan solo un par de días después de la inauguración del Centro de Atención Integral a la Mujer Zihuapilé, el pasado 29 de agosto del presente, empecé a sentir los síntomas de una parálisis facial.

 

Poco a poco y día a día, el lado izquierdo de mi cara empezó a dejar de moverse. Y cosas tan sencillas y comunes como comer y hablar se fueron haciendo cada vez más difíciles de realizar.

 

El jueves 3 de septiembre llegó hasta este caracol que canta al Universo la Chayin, la licenciada en enfermería que imparte las clases de primeros auxilios en esta Escuela Autónoma Emiliano Zapata. Ella, al valorar mi situación, recomendó un tratamiento de vitamina B.

 

Le conté a la enfermera que días antes de que me diera la parálisis, empecé a sentir un punzante dolor arriba de un diente; y que hace 10 años precisamente en ese diente me practicaron una endodoncia. Yo pe3nsé que tal vez había alguna relación.

 

Así que al día siguiente acudí al consultorio de Edith Gómez, licenciada en estomatología. Me revisó y su diagnóstico fue que con mi diente todo parecía estar bien, no había signo de infección.

 

De hecho, tomó un espejo y me lo dio para que viera yo mismo que en mi boca todo estaba en orden. Tomé el espejo, pero más que ver mi boca y dientes, observé con atención i rostro, el cual ya se encontraba algo deformado por la parálisis.

 

Sentí un poco de tristeza y nostalgia. Me quedé absorto por algunos momentos, en los cuales me llegó a la mente un lejano recuerdo de los tiempos en que era yo joven y bello.

 

Recordé a Sharon, una mujer marxista de origen árabe que conocí en Toronto, Canadá, quien generosa, al lado de su esposo, un migrante italiano igualmente marxista, me habían hospedado por algún tiempo en su casa.

 

Recordé cómo Sharon, en alguna ocasión, en una calurosa noche de verano, tomando vino en el jardín de su casa, bajo un enorme árbol de maple, puso su mano sobre mi rostro, y acariciándolo expresó: ¡How beatiful you are! En castellano: ¡Qué hermoso eres!

 

Obviamente yo no le creí pues a mí, desde niño, me habían enseñado que yo era feo, y que la única forma de ser “guapo” era siendo güero y de ojos claros.

 

En fin, que, de regreso al consultorio de la dentista, a través del espejo, noté cómo mi ojo izquierdo lagrimeaba profusamente debido a que, por la parálisis, no parpadeaba y la fuerte luz de la lámpara me lo irritaba tremendamente.

 

Dijo la dentista que para cerciorarse sería bueno que me sacaran una radiografía panorámica. Y así terminó su consulta. Generosa, se negó a cobrarme. Yo agradecí su amable atención y me retiré.

 

Durante el trayecto en bici, de regreso al Caracol, al pasar por las calles del pueblo, me encontré con varias personas conocidas; pero intencionalmente bajé la cara y la mirada, no quería que vieran mi desfigurado rostro.

 

Esa noche, a solas, mucho reflexioné. Pensé en que, dada mi precaria situación económica (soy un muerto de hambre, eso hay que decirlo) no me era ni me es posible pagar un tratamiento médico o estudios de laboratorio.

 

Y es que a estas alturas, la salud ha sido completamente privatizada por el capitalismo; se compra y se vende cual vil mercancía; un mero negocio al igual que la vida, la enfermedad y la muerte.

 

Estaba preocupado, desesperado, angustiado, sintiendo lástima por mí mismo.

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Fue entonces que presté atención a la pintura guadalupana que frente a mí se encontraga. Era el cuadro de Hasta la Madre dice Ya Basta. Sí, esa conocida pintura que ha recorrido México y Estados Unidos.

 

A la tenue luz de la veladora, observé su rostro de la Guadalupana, pero sobre todo, las lágrimas que ella derrama.

 

Pregunté, me pregunté, le pregunté: ¿Por qué?

 

La respuesta fue inmediata y contundente: ¿Y por qué no?

 

En ese momento supe lo que tenía qué hacer. Tomé una decisión. Me acosté y me quedé profundamente dormido. A la mañana siguiente me desperté bien temprano, relajado y descansado. Contento y listo para empezar un nuevo día.

 

Me dirigí a la Pirámide guadalupana, la cual está consagrada a Tonantzin Guadalupe, la madre más primera, o sea a la Tierra. Una vez ahí, busqué y encontré una piedra maciza, la cual cabía justamente en mi mano. La tomé y la llevé a la cocina; encendí la estufa Lorena (la que, como su nombre lo indica, es de lodo y arena), colocando la piedra entre la leña ardiendo para que se calentara.

 

Puse al fuego una cacerola con algo de agua. Mientras se calentaba salí a cortar hojas de diferentes plantas que hay en este terreno. Eché las hojas al agua cuando mero estaba hirviendo. En unos cuantos minutos estuvo lista la infusión.

 

Me serví un vaso de la bebida preparada; sobre una cuchara grande de metal coloqué la caliente piedra. Me llevé la bebida y la piedra a la habitación donde está la pintura guadalupana de hasta la Madre.

 

Con mivimientos que indicaban que estaba yo realizando un ritual, procedí a ingerir el brebaje. Al terminar de beberlo hice la promesa:

 

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Tonantzin Guadalupe, Venerada Madre Tierra, aquí te entrego mi rostro y mi corazón.

Tonantziné, Nikan, axkan, nimitzmaka in nix, in noyolo

 

Fueron mis palabras.

 

Agarré entonces la piedra con gruesos papeles para no quemarme; y procedí a dar masaje a mi rostro. Al terminar me cubrí el rostro con un paliacate guadalupano que adquirí hace un par de años en Oventik, uno de los Caracoles zapatistas.

 

Ese mismo día por la tarde llegó el Pollo, un chavo estudiante de bachillerato que a veces es mi alumno, siempre mi sobrino, quien me había traído algo de comer.

 

Al verme con el rostro cubierto me preguntó que si ya me había yo vuelto zapatista. Sin meditar respuesta, le contesté que a lo mejor siempre lo había yo sido, nomás que no lo sabía.

 

Y al decirlo, pensé en una foto que viene en el interesante libro que el Julio Broca, uno de los padrinos de nuestro Zentro de Estudios Guadalupanos Amoxkali, recientemente donó. El libro en cuestión fue editado en 1938 para conmemorar el IV centenario guadalupano en México. Muchas e interesantes fotos en este se encuentran.

 

Pero la imagen que llegó a mi mente fue la de los zapatistas del Ejercito Libertador del Sur, cuando, en 1914, llegaron a la ciudad de México y visitaron la entonces Basílica de Guadalupe.

 

Zapatistas nahuas, hace un siglo, frente a Tonantzin Guadalupe: una hermosa, significativa y provocadora foto.

 

Y no, la verdad es que yo no soy ni pretendo ser un integrante del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Sería un honor al que, lo sé, jamás podré siquiera aspirar.

 

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Las zapatistas, los zapatistas mayas del estado de Chiapas, son nuestros compañeros y compañeras; ambos, ellos y nosotros, somos integrantes del Congreso Nacional Indígena.

 

Yo, el maestro Filo Zitlalxochitzin, tan solo soy un humilde y pobre mazehual; y mi rostro y mi corazón le pertenecen ahora a Tonantzin Guadalupe.

 

In ixtli, in yolotl.

 

Lo único que he hecho es una manda, un voto, o sea una promesa. Y espero que esta sea respetada. Sé que esta decisión tendrá sus consecuencias.

 

Porque al cubrirse uno el rostro ocurre un cambio profundo y radical, en los hábitos, las costumbres, en cómo ve uno el mundo y cómo lo miran a uno.

 

Créanme. Sé de lo que hablo, pues lo he experimentado en carne propia por ya más de una semana.

 

Yo, como ustedes, no sé cuándo ni cómo voy a morir. Si hoy, o mañana, o en unos días, o en unas semanas, o en unos meses, o en unos años; de enfermedad, por accidente, de viejo… o asesinado.

 

Lo que sí sé es que a partir de ahora, ya es oficial, no voy a volver a mostrar mi rostro en público, ante nadie; pues éste ya sólo le pertenece a ella, a la gran Madre, Nuestra Venerada Madre.

 

Y mi corazón, es seguro que su último latido será ofrendado a ella, a la Tonantzin.

 

Makamo ken mochihua in mix in miyolo. ¿Kuix amo nikan niká nimonantzin?

 

 

 

Desde el Caracol que canta al Universo,

En la Mixteca poblana

 

Maestro Filo

13 de septiembre del 2015

 

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¡Ah, casi lo olvidaba!

 

En mi carácter de coordinador general del ZEGA (Zentreo de Estudios Guadalupanos Amoxkali), les doy a conocer que pronto vamos a sacar una nueva edición del Nikan Mopohua.

 

Sí, la narración de las apariciones guadalupanas al indígena Juan Diego.

 

Sí, sabemos que ya hay muchas publicaciones de tal texto; pero todas las han hecho desde el judeo cristianismo, tomando la Biblia como referente.

 

Sí, es seguro que la nuestra será algo muy otro, diferente; pues la presentaremos desde el contexto de la antigua religión náhuatl, tomando como fundamento los antiguos cantares mexicanos.

 

Sí, será un desafío a los 5 siglos de la brutal imposición del catolicismo en nuestros pueblos, y causará mucha polémica y disgusto. Pero también sabemos que llegó el tiempo del resurgimiento de nuestro mundo, o séase del renacimiento de la cultura náhuatl.

 

Axkan kema, Ahora sí.

 

Es todo. Gracias.