Por Mazehual Quintos

 

 

La Peregrinación mazehual salió al amanecer del  18 de diciembre desde la Pirámide guadalupana,  en Huitziltepec, en la Mixteca poblana,  rumbo al Tepeyac, por la ruta sagrada de los volcanes Popocatépetl e Iztacihuatl. Varios de los caminantes llevaban cargando pinturas guadalupanas.

 

La primera noche la pasaron en  San Francisco Totimehuacan, en donde entonaron cantos a una Guadalupana   que, días antes, el 12 de diciembre, los pobladores  habían colocado en el convento franciscano en ruinas. Ahí en ese altar repleto de bellas flores, colocaron sus guadalupanas pinturas y el estandarte de su peregrinación, prendieron un par de veladoras y entonaron cantos dedicados a Tonantzin.

 

En la madrugada del martes 19 empezaron su caminar; al medio día, después de comer,  entraron a la capilla de Tonantzintla, en donde igualmente entonaron cantos dedicados a Tonantzin Guadalupe. Justo al atardecer, cuando el sol empezaba a rozarr el cono del Popocatepetl,  llegaron a San Nicolas de los Ranchos.  Ahí durmieron, bajo los portales,  a un lado de la comandancia de la policía auxiliar. Colocaron sus pinturas sobre la pared, pobladores y policías se mostraron en extremo amables y respetuosos con los mazehuales peregrinos.

 

Un par de horas antes del amanecer del miércoles 20 iniciaron el ascenso a los volcanes guardianes de esta región del planeta Tierra. Para el medio día ya se encontraban en Paso de Cortes, es decir, entre el volcán y la volcana,  entre lo masculino y lo femenino.

 

 

 

Después de ingerir alimentos iniciaron el descenso.

 

Al atardecer arribaron a Amecameca, llegaron al centro y después de tomarse algunos minutos de descanso y pasar a comprar una veladora,  se dirigieron al santuario del Sacro Monte a ofrendar y agradecer a las  montañas  sagradas por haberles permitido el paso.

 

Para pernoctar  se instalaron  en el estacionamiento subterráneo de la presidencia municipal, al lado del altar guadalupano que ahí se encuentra.

 

Después de cenar se dirigieron a un lugar en las afueras, conocido como la Piedra del Conejo, en donde se encuentra una gran piedra esculpida en tiempos prehispánicos en la que  se encuentra indicado el lugar donde sale el sol en el solsticio de invierno.

 

Mucha gente de diferentes lugares se encontraba reunida para llevar a cabo un ritual de velación al nacimiento del sol, consistente en formar el glifo del Nahui Ollin, el símbolo más sagrado del mundo náhuatl,  con coloridas flores, sobre el piso, durante la noche; mientras 2 mujeres le daban forma, todos los asistentes se encontraban ofrendando cantos.

 

Los mazehuales andantes  fueron recibidos a la especial velación con humo de copal y toque de caracol, además de un bello canto que  a letra decía:

“Qué viva, qué viva la Guadalupana,

qué viva, qué viva, su santo estandarte,

qué vivan, qué vivan,

los indios jareros, flecheros,

que vienen a venerarte”.

 

Los integrantes de la peregrinación mazehual acompañaron el ritual por algunas horas, pero se retiraron para ir a dormir por lo menos un par de horas. Antes del amanecer continuaron su peregrinar.

 

A la llegada, estancia y salida de los peregrinos, los policías y trabajadores del ayuntamiento de Amecameca se mostraron siempre amables, respetuosos y hasta fraternos.

 

Al medio día llegaron al centro de Chalco y de ahí continuaron  hasta Iztapalapa; llegaron al atardecer y se instalaron en un parque. En la noche llegó un grupo de jóvenes mujeres sahumaduras a darles la bienvenida a la ciudad monstruo. Mientras los cansados caminantes dormían, ellas se dedicaron a  cuidarlos y sahumarlos.

 

A las primeras horas del 22  iniciaron el último tramo de su largo recorrido, formados en fila, cual si  fueran una serpiente, atravesaron las calles y avenidas de la ciudad que se crece para arriba. Llegaron poco antes de las 6 am a la calzada  que llega directamente a la entrada principal de la Villa de Guadalupe, lugar en que se encuentran la Basílica y el cerro del Tepeyac. Lentamente la empezaron a caminar.

Mero estaba saliendo el sol cuando cruzaron  la reja. Pero a  escasos metros de haberla cruzado, los agentes de la policía federal ahí apostados les impidieron  a los mazehuales peregrinos el paso.

 

 

 

Una mujer policía se aproximó a uno de los peregrinos diciéndole que no podía entrar con la pintura que llevaba. La peregrinación mazehual se detuvo; los demás policías ahí apostados se empezaron a  acercar. En unos minutos los peregrinos se encontraban rodeados de policías federales. Peregrinos y policías intercambiaban palabras y argumentos a favor y en contra de la pintura en cuestión.

 

El peregrino que portaba la pintura permanecía inmóvil, firme. En la parte superior de su pintura  se leían las palabras: “Hasta la madre”. En la parte inferior las palabras: “dice Ya Basta!”. En la parte central se distinguía una Guadalupana de cuya  boca surgía una vírgula de la palabra en la que se podía leer: “Paz con Justicia y Dignidad”.

 

 

 

Esa pintura, por sencilla que parezca tiene una grande historia: ha estado presente en universidades, iglesias, calles y plazas públicas de México y Estados Unidos, en mítines, marchas, conferencias, manifestaciones, rituales y ceremonias.

 

De hecho, esa pintura acompañó al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en su caravana por Estados Unidos: atravesó la frontera y recorrió los estados del sur y de la costa este de Estados Unidos. En Internet hay fotos en la que aparece en una movilización contra la guerra frente a la Casa Blanca, en Washington.

 

Y ese día ahí estaba esa pintura, un pedazo de manta pintada con pintura acrílica, entre caminantes guadalupanos y policías federales.

 

Los federales esgrimía que la pintura era una ofensa para las personas que acuden al templo mariano; pero los peregrinos les trataban de explicar que ellos no iban a la Basilica porque católicos no son, que ellos iban al cerro del Tepeyac pues mazehuales son.

 

 

 

 

El oficial a cargo fue tajante  – Háganle como quieran, pero no van a pasar.

 

El maestro Filo, cargando un gran manojo de rosas flores fue claro y escueto – Sí vamos a pasar.

 

El federal sonrió al tiempo que burlón preguntó  – ¿Y cómo le vas a hacer?

 

Del paliacate guadalupano que cubre el rostro del homosexual  maestro originario de la Mixteca poblana, sólo salieron tres palabras  –Ya lo verás.

 

 

 

Ante la gravedad de la situación, el maestro Filo les pidió a sus compañeros peregrinos que se juntaran para hablar. Les dijo que ya habían caminado durante 5 días, atravesando calles, carreteras, veredas,  barrancas, ríos, cerros, pueblos,  ciudades y volcanes, que estaban a unas decenas de metros del Tepeyac, y que si no los había detenido  el dolor, el sueño, el clima y el cansancio, no iban a hacerlos unos hombres vestidos de azul, es decir, unos militares disfrazados de policías.

 

Les  propuso en hacer un compacto círculo e hincarse todos. Les indicó que no iban a moverse de ahí, y que la única forma que tendrían los policías federales de sacarlos sería con el uso de la fuerza y violencia.

 

Los caminantes se hincaron y el maestro Filo colocó las flores que cargaba en el centro del humano circulo, al cual se incorporó. Las mujeres sahumadoras  procedieron a sahumar a los hincados peregrinos.

 

Los policías se comunicaban con sus mandos por radio y por teléfono; más policías y vigilantes de la Basílica llegaron. Los federales formaron una valla a su alrededor, casi encapsulándolos.  Se escuchó la voz de  uno de ellos diciendo que había que desalojarlos; otro respondió que no podían hacer eso.

 

Entonces, detrás de los policías se escuchó el sonido de un caracol, al tiempo que el ambiente se perfumaba de oloroso copal. Un pequeño grupo de hombres y mujeres llegaban  cantando una hermosa canción de tradición:

 

El sol ya salió,

anunciando un nuevo día, 

la noche murió….

 

Una de las recién llegadas sahumadoras procedió a sahumar a los policías federales, algunos de ellos tiraron de manotazos para ahuyentar el sagrado humo.

 

Los peregrinos, entre ellos integrantes del CNI y la Sexta, empezaron a comunicarse con sus contactos para explicarles lo que estaba ocurriendo.

 

Momentos después, el oficial a cargo se acercó al maestro Filo diciéndole que quería hablar con él para negociar.  Pero éste, sin siquiera voltear  a verlo le respondió: “Nada tenemos que negociar con ustedes. Ustedes hagan lo que tengan que hacer, ya nosotros haremos lo correspondiente”.

 

El  nerviosos oficial se puso a preguntar con los ahí presentes que con quien podía hablar. Al final sólo dejó el recado: Podían  pasar.

 

 

Y sin más, todos los policías se empezaron a retirar, pero un par se quedó a grabar.

 

 

 

Los peregrinos se pusieron dignamente de pie, el maestro Filo tomó el estandarte de la Peregrinación mazehual,  y  todos y todas procedieron a seguir su camino hacia la cima del cerro del Tepeyac. Al llegar, ofrendaron  “flores y cantos” a su Tonantzin, por quien viven y por quien están dispuestos  “hasta morir si es preciso”.

 

 

 

Como ofrenda dejaron un símbolo del Nahui Ollin en la cima del sagrado cerro. Muchos cantos entonaron.  El maestro Filo cantó la historia de cómo la Coatlicue se transmutó en Guadalupe en 5 movimientos.

 

Como ofrenda dejaron un símbolo del Nahui Ollin en la cima del sagrado cerro. Muchos cantos entonaron.  El maestro Filo cantó la historia de cómo la Coatlicue se transmutó en Guadalupe en 5 movimientos.

 

Al día siguiente una de las sahumadoras escribió en su cuenta de Facebook:

 

Hoy aposté a la vida y gané, ganamos. También perdí, perdí el miedo al sometimiento y ví la esperanza en el rostro de los compas que saben otro mundo posible. Te ví y me refleje en tu mirada, combatimos con orgullo y dignidad. Nos acercamos al origen y sabíamos de qué lugar nadie nos tiene que mover. Porque miramos nuestra muerte al rostro y nos aferramos a ella para mantenernos vivos. Gracias!! Mazehual Quintos.