13 de junio del 2015

 Aula de la EAEZ

Caracol que canta al Universo

Huitziltepec, Mixteca poblana.

compañeroas

 

 

Hoy,   hemos escuchado su pensamiento crítico de ustedes, compas de la Sexta de Puebla. Ahora nos toca a nosotros decir nuestra pequeña palabra, o sea nuestro pensamiento náhuatl frente a la hidra capitalista.

 

Y al decir pensamiento náhuatl lo único que queremos decir es cómo lo pensamos lo que está pasando en el mundo, pero desde aquí, desde nuestra realidad: Huitziltepec.

 

Antes de presentar nuestra ponencia quiero yo, el maestro Filo,  responder a una pregunta que varios compas de la Sexta, durante el festival y el seminario, me  hacían repetidamente:

 

¿Qué es la EAEZ?

 

escuela

 

 

Al empezar a  explicarles, o sea a responderles, terminába, como siempre, decepcionándolos.

 

Y es que parece que se imaginan muchas aulas con muchos alumnos y maestros, con muchos grados y grupos, con exámenes y métodos. Algo así como una escuela de gobierno, pero “alternativa” .

 

Y ya lo ven ustedes que no, que no somos, como Escuela, lo que esperaban; que somos muy pequeños, muy pocos, muy otros.

 

A ustedes compas, que se tomaron el tiempo y la molestia de venir, les queremos compartir una respuesta:
buwna

 

La EAEZ es como un botiquín de primeros auxilios. Pero no uno cualquiera, sino uno en especial (en ese momento el Maestro Filo coloca una caja de cartón  sobre la mesa). Uno como este que, a simple vista, es una simple  caja de cartón.  Y  sí, pero tiene su propia historia.

 

Verán, hace cómo dos meses pasó que jugando, una de las alumnas se trompezó y se dio un ligero raspón en la rodilla. Entonces a uno de los promotores de educación se le ocurrió que teníamos que tener un botiquín de primeros auxilios, por si las dudas.

 

Ya fui yo entonces a ver la Chaya, o sea a la licenciada en enfermería que está a cargo de una farmacia aquí en el pueblo. Le platiqué la idea y de ahí salió que además de donar el material para el botiquín , ella iba a dar unas clases de primeros auxilios, porque no nomás era tener el algodón  y las gasas, el agua oxigenada y el alcohol, sino saber qué hacer en casos de emergencia.

 

Esta clase de primeros auxilios, por si a alguien le interesa, es los martes a las 11 horas.

 

Días después la Chayita llegó con lo que iba a donar y a dar su primera clase. Antes de empezarla hizo entrega de la donación.

 

Al terminar su clase empezó una mía, una de algebra con una alumna de 12 años. En su clase de matemáticas usamos un libro de tercero de secundaria como texto; así que escribí una ecuación en el pizarrón para que la resolviera.

 

Mientras ella empezaba a resolver la ecuación, yo aproveché para buscar en qué echar el material médico donado por la farmacia el Rosario. Sí, sí es publicidad.

 

Encontré esta caja de cartón y ahí lo eché todo. La cerré y procedí a dibujar una cruz, con una crayola roja, sobre uno de sus lados. Ya había empezado a trazar las primeras líneas, cuando que la alumna me lanzó una pregunta:

 

–  ¿Y por qué le pintas una cruz, si no somos cristianos?

 

 

Al escucharla yo me quedé frío, sólo atine a permanecer quieto y en silencio. Ella, al no obtener respuesta, dejó de hacer lo que hacía, o sea la ecuación,  y se me quedó mirando inquisitivamente.

 

Como yo seguía sin decir nada, ella optó por bajar nuevamente la mirada a su cuaderno, regresando con la búsqueda de la solución de su ecuación, pero continuó hablando:

 

“El otro día vi un video de las guerra en los países árabes, y ahí pasa que las ambulancias no tienen una cruz, sino una media luna y una estrella. Y no se llaman Cruz Roja, sino Media Luna Roja”

 

Ella seguía apurada escribiendo y borrando números, yo permanecía absorto, pensando. Todavía no me reponía, cuando ella lanzó otra fulminante pregunta:

 – ¿Oye, y si los mazehuales no somos ni cristianos ni musulmanes, entonces cual debería ser el símbolo del botiquín?

 

Justo cuando iba yo a responder, ella exclamó contenta en voz alta ¡Ya acabé! Refiriéndose a que ya había encontrado la solución de la ecuación.

 

Sonriendo, mirando con respeto y admiración a la maestra que me había dado tan grande lección, o sea a mi alumna, le dije:

– Tienes razón. Mira, en lugar de la cruz, le voy a dibujar un Nahui Ollin , o sea una flor de cuatro pétalos.

 

Así que me puse a enmendar mi error, o sea darle con la crayola. Y olvidándonos de la ecuación, nos pusimos a platicar acerca de los muchos significados y sentidos que guarda este símbolo para la cultura náhuatl: Las 4 eras anteriores y la quinta presente, los cuatro rumbos del universo y el centro, Quetzalcóatl y los ciclos del planeta Venus, los ciclos calendáricos de 52 años, etcétera.

 

Días después,  estábamos jugando, en la media hora de recreo, a “las atrapadas”.  Ya casi era yo atrapado, por lo que corría yo desesperado para alcanzar el árbol que hacía las veces de “bas”. Al llegar y aferrarme al tronco, nomás sentí un dolor agudo que me cubrió  toda la cabeza, me había pegado con el filo de una gruesa rama que había sido cortada. 

 

Me senté en el suelo y respiré profundo. Para ese momento ya estaban las dos alumnas y don Acatl, un compa de Acatzingo que había llegado de visita, rodeándome. Se asustaron, pues me salía sangre de la cabeza. Después de un rato nos fuimos todos para el aula.

 

La misma alumna que me hizo corregir el símbolo del botiquín, sacó de este el agua oxigenada y el algodón, procediendo a limpiar y curar la herida.

 

Eso es la EAEZ, compas, un botiquín de primeros auxilios en medio de esta tormenta. Un botiquín cuya única intención es curar la herida que, el Cerro de Espinas Negras, lleva abierta por ya 5 siglos. Un botiquín que, en lugar de una cruz o una media luna, porta con dignidad un Nahui-Ollin: el símbolo de lo que fuimos, somos y seremos.

 

No, no estamos reconocidos por la SEP. No lo queremos, no lo necesitamos.  Lo único que estamos haciendo aquí  es llevar los Acuerdos de San Andrés a la práctica.

 

cajita