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El Sábado 25 de junio la reportera GC entrevistó al Maestro Filo. Ésta giró alrededor de los temas : homosexualidad y discriminación.

 

GC: En primer lugar, gracias por concederme esta entrevista. Sé que es usted un hombre muy ocupado. Díganos, ¿A qué se dedica?

 

MF: Soy promotor de educación de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata, en este Caracol que canta al Universo, en el municipio de Huitziltepec, aquí en la Mixteca poblana.

Yo no me autodenomino “maestro”, pero aquí en el pueblo, y en otros lugares, la gente me dice: ¡Buenos días Maestro Filo! ¡Hasta luego Maestro Filo! O sea que “Maestro Filo” es una forma de nombrar a alguien, en este caso a mi persona.

Tal vez lo que sí  soy es un “maistro”, es decir, un albañil.

Verás, las construcciones que aquí se levantan, sencillas y humildes como de por si somos,  han estado a mi cargo. Mucha gente ha colaborado, pero yo he estado al frente: esta aula, la pirámide guadalupana, el horno de pan, etc.

 

 

GC: ¿Qué clases imparte?

 

MF: Física y matemáticas; lenguas (inglés, alemán, náhuatl y español para extranjeros); historia y geopolítica.

 

 

GC: ¿Se asume como homosexual?

 

MF: En realidad no me gusta esa palabra pues es un término médico, como si se estuviera designando una enfermedad.

Puto, joto, maricón… son palabras con un amplio sentido peyorativo; llenos de odio y discriminación.

Yo prefiero la palabra “gayo”, que es la palabra anglosajona “gay” pero castellanizada con la terminación “o”, como se hace con los sustantivos masculinos. Asi pues, me asumo como gayo.

 

 

 

GC: Ha sido discriminado por su preferencia sexual?

 

MF: Sí y en muchas ocasiones. Te puedo dar ejemplos en la ciudad de Puebla.

Cuando joven estaba yo con un amigo  esperando el transporte público. Entonces que llega un bato y sin más nos puso un par de patadas a cada uno y nos advirtió: ¡orale pinches putitos, les cuento hasta  para que se larguen, si no les partó su madre!  Él empezó a contra y nosotros a correr  desesperadamente como locas.

En otra ocasión estábamos varios cuates en un parque, en la noche, platicando. Se paró un auto y de éste descendieron 4 hombres que sin decir ¡Agua va! Se nos vinieron encima con la clara intención de pegarnos. Nosotros echamos a correr, dispersándonos. Ellos se subieron de regreso a su auto para alcanzarnos.  A mí estuvieron a punto de agarrarme, nomas que me tiré a tiempo  a un lado de la banqueta, junto a unos arbustos; ellos pasaron en su coche lentamente, muy cerca, pero no me vieron; recuerdo que el corazón me latía muy apresuradamente. A uno de mis cuates le fue como en feria, quedó bien madreado. Contarlo es fácil, pero vivirlo es horrible. Sentirse totalmente desprotegido, humillado, lleno de rabia e impotencia.

En otra ocasión al salir de una disco de “ambiente”, o sea para gayos, tomé un taxi y a medio trayecto el taxista se detuvo, me robó y me bajó de su vehículo. Yo empecé a caminar, pero que se me ocurre voltear  para ver las placas del taxi; el chofer se dio cuenta y que se baja con tremendo cuchillo y me correteó un tramo.

 

 

GC: ¿Eso fue en la ciudad de Puebla, en donde, entiendo, vivió por un tiempo. ¿Y aquí en Santa Clara Huitziltepec, ha sido agredido?

 

MF: Sí, también. En 2013 el entonces candidato panista a la presidencia municipal de Huitziltepec, Napoleón Santos Larios, armó tremendo escándalo frente a la casa de mi difunto padre. Pateaba salvajemente el zaguán y gritaba amenazante: ¡Sal, pinche puto, maricón, te voy a partir tu madre!

Pero la violencia no sólo ha sido física y verbal, hay otro tipo de violencia  contra los gayos que no sé cómo llamar. Tal vez, ¿violencia institucional?

Te cuento. Hace un par de años una de las maestras del jardín de niños Gabino Barreda, de esta comunidad, me hizo una respetuosa invitación para que yo les diera una clases a sus alumnos de cómo hacer máscaras de papel y además que les platicara  acerca de la tradición de los Huehues, que es el carnaval aquí en el pueblo. Yo  acepté. Y cuando ya faltaba un par de días para dicha clase, uno de los padres de familia le reclamó a la maestra, diciéndole que no podía permitir que un homosexual estuviera con los niños. Algunos otros padres de familia le hicieron comparsa. Afortunadamente, también hubo padres que dijeron que nada  tenía que ver mi preferencia sexual con enseñar a hacer mascaras. En fin,  que al verse ante tal situación la maestra optó por cancelar la invitación.

Todo eso es absurdo, porque, según eso,  entonces a una maestra que es heterosexual no debería estar cerca de los niños pues “no vaya a ser que abuse de ellos”.  Pasaría lo mismo con un maestro  al que le gusten las mujeres, no debería dar clases a niñas,  no sea que las vaya a abusar.

 

 

GC: En este pueblo estuvo el cura Nicolás Aguilar ¿No es cierto? Acusado de abusar sexualmente de decenas de niños en México y en Estados Unidos.

 

MF: Efectivamente. Pero ese es otro asunto. Él intentó abusar de al menos 3 niños aquí en el pueblo.

Porque ser homosexual no implica automáticamente ser un pederasta.

Claro que hay homosexuales pederastas, al igual que heterosexuales pederastas. Ahí tienes el lamentable caso de Succar Kuri y Camel Nacif, esos sí bien machitos, y la red de pederastia que opera en el sureste mexicano en el que están involucrados políticos y empresarios, de acuerdo a las investigaciones de la  periodista, activista y escritora Lydia Cacho.

 

 

GC: ¿Qué tan diferente es vivir como homosexual, perdón, como gayo, en una ciudad y en un pueblo?

 

MF: Mucho. En las ciudades hay  muchos lugares para “ligar”, o sea para conocer y tener encuentros con otros hombres: bares, discos, parque, baños… Aquí en el pueblo no hay nada de eso.

De hecho, ahora, como hombre maduro,  me doy cuenta de que ambos representan 2 mundos, 2 realidades totalmente distintas.

 

 

GC: ¿En qué sentido? ¿Podrías ampliar más sobre el asunto?

 

MF: Sí, mira. El capitalismo ha creado un mercado para los homosexuales. En el que los gays se volvieron un negocio y el sexo una mercancía, par entrar a ligar a ciertos lugares, aun en la ciudad de Puebla,  hay que pagar  cover y/o consumo mínimo.  Hay que andar a la moda en música, ropa etc.

Las marchas del orgullo gay y la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo son parte del andamiaje del sistema capitalista.

 

 

GC: Entonces, ¿Está usted en contra de las marchas gay y el matrimonio entre homosexuales?

 

MF: Lo que estoy diciendo es que las marchas se han convertido en un carnaval con sus respectivos patrocinadores y que el que 2 hombres se casen no cambia la situación de explotación, despojo, represión y desprecio en la que nos encontramos.

No, no estoy en contra de las marchas. De hecho yo fui uno de los iniciadores de la Marchas de la Diversidad Sexual de Puebla, al lado de Onan Vásquez y Juan Zayas. Con decirte que fui yo quien dio el discurso de la primera marcha en el zócalo de la ciudad de Puebla. Participé en estas marchas durante algunos años. Pero luego caí en la cuenta de que eso no era por lo que yo luchaba.

Eso lo entendí  cuando en una de esas marchas, no recuerdo el año pero sí que terminó en el parque Juarez, frente a Plaza Dorada,   dimos nuestra palabra.  Para llegar ahí nos preparamos por varios días, con un discurso y una manta de buen tamaño. En ella pintamos un paisaje con 6 jirafas, pintada cada una respectivamente de rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. Estaban divididas en tres parejas que se besaban de frente; la primera estaba formada por dos jirafas calzadas ambas con botas, la segunda ambas con zapatillas y la tercera una y una. Nuestro discurso se llamaba: en (auto) defensa de la jirafas. En el mitin, mientras hablábamos y mostrábamos nuestra obra de arte, varias locas se decían en voz alta ¡Ya que se callen! ¡Sáquenlos! ¡Fuera! Otras de plano ni nos pelaban. La completa mayoría esperaba ansiosa el show de un conocido travesti local.

Además, las marchas en diferentes ciudades del mundo occidental, o dominadas por éste,  se parecen cada vez más sospechosamente.  No hay diferencia en la marcha de Puebla, la del DF, la de Roma, la de Tel Aviv o la de Nueva York.

 

 

GC: ¿Qué era entonces por lo que usted luchaba?

 

MF: Mi lucha por los derechos de la diversidad sexual no era, no es, porque aquí en el pueblo nos pongan antros gay; tampoco porque 2 hombres se puedan casar por lo civil; menos queremos organizar una marcha.

Nuestra lucha es por algo más sencillo: porque pueda uno despertar uno cada mañana sin que el miedo esté en la agenda del día: Miedo a que nos griten, nos peguen, nos correteen, nos violenten, nos maten… por la sencilla razón de ser como somos.

 

 

 

GC: ¿Ha conseguido algo en su lucha contra la discriminación por su preferencia sexual?

 

MF: Claro, hemos pasado del rechazo al otro a la celebración de la diferencia.

Y es que cuando alguien se pone de pie y mira a los demás  de frente, fijamente, sin miedo, y dice, se dice, les dice: Esto soy. Su acción se convierte en un desafío al sistema mismo.

Mis alumnos, compañeros, ahijados, familiares, paisanos, todos en este municipio de Huitziltepec saben que soy homosexual, puto, joto, maricón… gayo. Lo he expresado públicamente. Y no estoy diciendo que todo aquí sea bonito y de color de rosa, sino que algo está empezando a cambiar.

En noviembre del 2014 participé, a nombre de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata,  en una sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos capítulo México en el eje Feminicidio y Violencias de Género. Ahí expuse la situación de los homosexuales en este pueblo.

 

 

 

GC: Si tuviera que optar por otro lugar para vivir plenamente su sexualidad: ¿Qué lugar elegiría?

 

MF: Yo ya elegí vivir y morir aquí.

Pero de entre todas las ciudades que conocí en este continente, en Europa, el Medio Oriente y Asia, hubo 2 que me latieron: Toronto y Berlín.

 

 

 

GC: ¿Por qué Toronto y Berlín? ¿Qué tienen de especial esas 2 ciudades?

 

MF: Además de que son multiculturales, para mí es que en ambas pude haber hecho una vida de pareja. Bueno, también en Londres, Bangkok y otras más. Pero en Toronto y en Berlín llegué a sentirme en casa. En ambas me  pude haber quedado a vivir, casándome con un amigo gay o una amiga lesbiana para obtener la residencia.

 

 

 

GC: ¿Fue usted  discriminado fuera de México?

 

MF: Mmh. Déjame recordar.

No por mi preferencia sexual pero sí por mi origen étnico. Por ejemplo, en Escocia, en las afueras de Edimburgo, unos adolescentes me aventaron huevos al tiempo que me gritaban ¡You fucking paki! ¡Fucking black bean! Es que para esos jóvenes británicos ser moreno es ser de la India o de Pakistan. En ese entonces trabajaba yo en el negocio de un señor que era del Punjab, de religión sikh, quien se había casado con una escocesa.

Pero a decir verdad, también me han discriminado aquí en México por mi origen étnico. Una vez en Acapulco un guardia de seguridad me negaba la entrada al hotel Fiesta Americana en la playa Condesa, en donde me encontraba hospedado con 3 amigos.

En Puebla, en un antro de las Ánimas también me negaron la entrada por ser feo, por ser indio.

 

 

 

GC: Pues sin duda ha usted vivido muchas cosas, todas interesantes. ¿Cómo es su vida hoy? ¿Tiene novio, pareja?

 

MF: Como ya te dije, a mí me tocó conocer el ambiente gay del sistema capitalista, lo conocí muy bien. Es un ambiente lleno de superficialidades, de individualismo, de consumismo, de pretensiones, de egoísmo. Claro que también se topa uno con gente noble y honesta, pero son los menos.

Hoy, desde hace ya 15 años que llevo viviendo en este pueblo, conozco otra cosa, otra forma de ser gayo.

He aprendido que el asunto entre hombres no es maniqueo, o sea que o eres un machote o una mariquita. Para nada, entre el macho y el maricón hay una increíble gama de colores, de tendencias, de preferencias, y todas deben ser respetadas.

Mis relaciones  aquí se dan a través del trabajo diario y cotidiano; sin esa idea enfermiza de poseer a alguien, de ser su dueño,  sin decir: mi novio, mi pareja, mi amante.

Sí, hoy en día comparto mi sexualidad con 3 o 4 hombres. Ellos tienen su vida y yo la mía, pero hay momentos, ocasiones, que nos compartimos mutuamente.

Pero sobre todo, he aprendido que 2 personas que se aman no son las que se miran una a la otra, sino las que, juntas, miran hacia el mismo lugar en el horizonte.

 

 

GC: ¿Qué opina  sobre el rechazo de la Iglesia católica hacia los homosexuales?

 

MF: Que es lo más natural. No se podía esperar menos de ella.

Digo, el cristianismo, el judaísmo y el Islam son 3 religiones machistas, su dios es un macho. En esas 3 religiones monoteístas hay un profundo odio y desprecio hacia las mujeres, y hacia los homosexuales.

La religión católica es machista por antonomasia. Así nació y así funciona. Claro que está en su derecho a disentir, pero su ámbito de influencia debe limitarse a su feligresía.

Mira, si la Iglesia católica está en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, está bien.  Que les prohiba entonces a sus files homosexuales, que los hay y muchos, que se casen. Pero que no pretenda que su moralina se imponga a todos, todas.

 

 

GC: ¿Pertenece usted a algún movimiento social?

 

MF: No sólo yo, sino este Caracol y todo lo que en él se levanta, es integrante del Congreso Nacional Indígena. Nuestros compañeros son los purépechas, los huicholes, los zapatistas, las zapatistas, los yaquis… y todo el abanico multicolor que enmarca a los pueblos indígenas que estamos en rebeldía y en resistencia.

 

GC: Por último, maestro Filo, qué opina acerca  de que el Congreso del Estado rechace legislar a favor de la diversidad sexual y contra la discriminación?

 

MF: Por un lado, para nosotros como integrantes del Congreso Nacional Indígena, vemos que el Estado mexicano tuvo, el cual hoy lo sabemos que es asesino,  en 2001, la oportunidad histórica de reconocer los derechos y la cultura indígena. Pero en lugar de hacerlo nos traicionó. En lugar de elevar a rango constitucional los Acuerdos de San Andrés, optó por emitir una reforma que es en todo contraria a estos.

Desde entonces, ya nada tenemos que dialogar o esperar del mal gobierno. En otras palabras, nosotros ya no estamos viendo hacia arriba, hacia el poder. No nos interesan sus ridículas elecciones ni sus mediocres y corruptos políticos. Que hagan y deshagan todas la leyes que quieran. Nosotros aquí estamos construyendo nuestra autonomía sin pedirle permiso a nadie.

Por otro lado, la discriminación y la homofobia están estrechamente vinculadas a la ignorancia, y ésta sólo  puede acabarse con educación. Pero no la que ofrece el actual sistema capitalista, que de por sí es discriminatoria, sino una cosntruida por nosotros mismos, y que es lo que estamos haciendo aquí.

 

GC: Muchas gracias maestro.

 

MF: No hay de qué.

 

 

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