El 2 de marzo del 2017 se llevó a cabo una conferencia de prensa en el Café Marcel- Espacio 1900, en la ciudad de Puebla,  en la que se anunció el evento “Mazehualtin: por la reconstitución integral del pueblo náhuatl”, convocado por organizaciones del Congreso Nacional Indígena. Este evento se llevará a cabo el 11 y 12 de marzo en Huitziltepec, en la Mixteca poblana.

Dicho evento fue convocado por un maestro mazehual  que es homosexual, y por una mujer indígena que es madre.

 

 

Nitlakatehua ica pakiliztli

amo nihuika kuezoli ipan noyolo,

nizelihki teokuikatl ika ome tlahtoli

nahuatlatoli ihuan kiztianoh tlahtoli

 

 

Dejo todo con alegría,

no llevo tristeza en mi corazón,

recibí los cantos sagrados en dos idiomas,

en lengua náhuatl y en castellano.

 

Medios, buenos días.

 

Bueno, quiero decir “Buenos días” completos, no nomás la mitad, a ustedes medios de comunicación e información que nos acompañan.

 

Mi nombre es Filo Zitlalxochitzin, el de ella es Totlaltikpaknantzin.

 

Ella y yo, yo y ella, tenemos 3 cosas que comunicarles:

 

 

1.- “in mitl, in chimalli”

 

Un levantamiento indígena no-violento, repito, “no-violento”, está en curso. Es el levantamiento indígena más grande en la historia de México, de hecho, el último.

 

Verán, tan sólo en el siglo pasado, hubo dos grandes rebeliones indígenas, una a principios y la otra a finales del siglo XX. La primera una rebelión náhuatl, liderada por nuestro general Emiliano Zapata; la segunda el 1° de enero de 1994, de indígenas tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, mames y zoques.

 

O sea que el cuento del encuentro de 2 mundos, es eso, un burdo cuento. Lo que hubo, hay, es un conflicto civilizatorio que lleva ya 5 siglos, una guerra de exterminio contra los pueblos originarios que sigue hasta la fecha.

 

En los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX hubo rebeliones indígenas; desde el norte con los yaquis hasta el sur con los mayas peninsulares

 

Miren, para nosotras, nosotros, los mazehuales, gente originaria de la cultura náhuatl, la tormenta, la guerra, lleva siglos. Llegó a nuestras tierras con la patraña de la civilización y la religión dominantes. En ese entonces, la espada y la cruz desangraron a nuestra gente.

 

Con el paso del tiempo, la espada se modernizó y la cruz fue destronada por la religión del capital, pero se siguió demandando nuestra sangre como ofrenda al nuevo dios: el dinero.

 

Resistimos, siempre resistimos. Nuestras rebeldías fueron suplantadas en la disputa entre unos contra otros por el Poder. Unos y otros, arriba siempre, nos demandaron luchar y morir para servirlos, nos exigieron obediencia y sometimiento bajo la mentira de liberarnos. Como aquellos a quienes decían y dicen combatir, vinieron y vienen a mandar. Hubo así supuestas independencias y falsas revoluciones, las pasadas y las por venir. Los de arriba se turnaron y se turnan, desde entonces, para mal gobernar o para aspirar a hacerlo. Y en calendarios pasados y presentes, su propuesta sigue siendo la misma: que nosotras, nosotros, pongamos la sangre; mientras ellos dirigen o simulan dirigir.

 

Y antes y ahora, olvidan ellos que no olvidamos.

 

Y siempre la mujer abajo, ayer y hoy.

 

Pero los calendarios no sólo trajeron dolor y muerte para nuestros pueblos. Al expandir su dominio, el Poder creó nuevas hermandades en la desgracia. Vimos entonces al obrero y al campesino hacerse uno con nuestro dolor, y yacer bajo las cuatro ruedas del carromato mortal del Capital.

 

Conforme avanzó el Poder en su paso por el tiempo, más y más crecía el abajo, ensanchando la base sobre la que el Poder es Poder. Vimos entonces sumarse a maestros, estudiantes, artesanos, pequeños comerciantes, profesionistas, los etcéteras con nombres diferentes pero idénticos pesares.

 

No bastó. El Poder es un espacio exclusivo, discriminatorio, selecto. Entonces las diferencias fueron también perseguidas abiertamente. El color, la raza, el credo, la preferencia sexual, fueron expulsadas del paraíso prometido, siendo que el infierno fue su casa permanente.

 

Les siguieron la juventud, la niñez, la ancianidad. El Poder convirtió así a los calendarios en materia de persecución. Todo el abajo es culpable: por ser mujer, por ser niñ@, por ser joven, por ser adulto, por ser ancian@, por ser human@.

 

Pero, al expandir la explotación, el despojo, la represión y la discriminación, el Poder también amplió las resistencias… y las rebeldías.

 

Vimos entonces, y ahora, levantarse la mirada de muchas, muchos. Diferentes pero semejantes en la rabia y la insumisión.

 

El Poder sabe que sólo es lo que es, sobre quienes trabajan. Los necesita, nos necesita.

 

A cada rebelión respondió y responde comprando o engañando a los menos, encarcelando y asesinando a los más. No teme nuestras demandas, es nuestro ejemplo el que le causa horror.

 

No bastó. De dominar naciones, el Poder del Capital buscó poner a la humanidad entera bajo su pesado yugo.

 

Tampoco fue suficiente. El Capital pretende ahora manejar a la naturaleza, domarla, domesticarla, explotarla. Es decir, destruirla.

 

Siempre con la guerra, en su avance destructor el Capital, el Poder, demolió primero feudos y reinos. Y sobre sus ruinas levantó naciones.

 

Luego devastó naciones, y sobre sus escombros erigió el nuevo orden mundial: un gran mercado.

 

El mundo entero se convirtió en un inmenso almacén de mercancías. Todo se vende y se compra: las aguas, los vientos, la tierra, las plantas y los animales, los gobiernos,la justicia, la educación, el conocimiento, la diversión, el deseo, el amor, el odio, la gente.

 

Pero en el gran mercado del Capital no sólo se intercambian mercancías. La “libertad económica” es sólo un espejismo que simula acuerdo mutuo entre quien vende y quien compra. En realidad, el mercado se basa en el despojo y la explotación. El intercambio es entonces de impunidades. La justicia se transformó en una caricatura grotesca y en su balanza siempre pesa más el dinero que la verdad. Y la estabilidad de esa tragedia llamada Capitalismo depende de la represión y el desprecio.

 

Pero no bastó tampoco. Dominar en el mundo material no es posible si no se domina en las ideas. La imposición con religiones se profundizó y alcanzó a las artes y las ciencias. Como modas de vestir, surgieron y surgen filosofías y creencias. Las ciencias y las artes dejaron de ser lo distintivo de lo humano y se acomodaron en un estante del supermercado mundial. El conocimiento pasó a ser propiedad privada, lo mismo que la recreación y el placer.

 

El Capital, así, se consolidó como una gran máquina trituradora, usando ya no sólo a la humanidad entera como materia prima para producir mercancías, también a los conocimientos, a las artes,… y a la naturaleza.

 

La destrucción del planeta, los millones de desplazados, el auge del crimen, el desempleo, la miseria, la debilidad de los gobiernos, las guerras por venir, no son producto de los excesos del Capital, o de una conducción errónea de un sistema que prometió orden, progreso, paz y prosperidad.

 

No, todas las desgracias son la esencia del sistema. De ellas se alimenta, a costa de ellas crece.

 

La destrucción y la muerte son el combustible de la gran máquina del Capital.

 

Y fueron, son y serán inútiles los esfuerzos por “racionalizar” su funcionamiento, por “humanizarlo”. Lo irracional y lo inhumano son sus piezas claves. No hay arreglo posible. No lo hubo antes. Y ahora ya tampoco se puede atenuar su paso criminal.

 

La única forma de detener la máquina es destruirla.

 

En la guerra mundial actual, la disputa es entre el sistema y la humanidad.

 

Por eso la lucha anticapitalista es una lucha por la humanidad.

 

Quienes todavía pretenden “arreglar” o “salvar” al sistema, en realidad nos proponen el suicidio masivo, global, como sacrificio póstumo al Poder.

 

Pero en el sistema no hay solución.

 

Y no bastan ni el horror, ni la condena, ni la resignación, ni la esperanza en que ya pasó lo peor y las cosas no harán sino mejorar.

 

No. Lo cierto es que se va poner peor.

 

 

2.- “in ixtli, in yollotl”

 

La conformación del Concejo Indígena de Gobierno del Congreso Nacional Indígena está en proceso. Pronto, en un par de semanas se dará a conocer públicamente cómo será su conformación. Habrá un hombre y una mujer representando a sus pueblos por regiones y por estados.

 

La conformación de este Concejo Indígena de Gobierno no es una mera ocurrencia. Es el resultado de consultar a 43 pueblos indígenas en 523 comunidades de 25 estados de la república.

 

La conformación del Concejo Indígena de Gobierno será en mayo próximo, en San Cristobal de las casas, en el estado de Chiapas. Se darán a conocer formalmente las características que deben poseer quienes conformarán dicho concejo: ser indígenas, hablar la lengua, conocer su cultura, ser parte del CNI, haber acompañado la lucha de sus pueblos, ser propuestos y nombrados de acuerdo a los usos y costumbres de cada pueblo.

 

Una vez conformado nuestro Concejo Indígena de Gobierno, se procederá a nombrar a su vocera, sí, una mujer, quien participara como candidata independiente en los comicios electorales a la presidencia de la República mexicana en las elecciones de 2018

 

Este Concejo Indígena de Gobierno caminará los siete principios del CNI: Servir y no servirse; Construir y no destruir; Obedecer y no mandar; Proponer y no imponer; Convencer y no vencer; Bajar y no subir; Representar y no suplantar.

 

Las organizaciones, barrios, naciones, tribus, y pueblos originarios, organizados en el Congreso Nacional Indígena, hemos decidido gritar nuestro ¡YA BASTA!

 

Sí. Vamos por todo.

 

Hemos decidido que no vamos a permitir que se siga destruyendo nuestro país.

 

Hemos decidido no dejar que el pueblo y su historia mueran por la enfermedad que es el sistema capitalista. Un sistema que, en todo el mundo, explota, despoja, reprime y desprecia a los seres humanos y a la naturaleza.

 

En el Congreso Nacional Indígena hemos decidido luchar para sanar nuestros suelos y nuestros cielos. Y lo hemos decidido hacer por los caminos civiles y pacíficos.

 

Nuestras causas son justas, innegables.

No nos confundan, no pretendemos competir con ellos porque no somos lo mismo, no somos sus palabras mentirosas y perversas. Somos la palabra colectiva de abajo y a la izquierda, esa que sacude al mundo cuando la tierra retiembla.

 

Ahora, desde el Congreso Nacional Indígena estamos llamando a una lucha en que podemos participar todos, todas; sin importar la edad, el color, el tamaño, la raza, la religión, la lengua, la paga, el conocimiento, la fuerza física, la cultura, la preferencia sexual.

 

La lucha a la que llamamos e invitamos, el Congreso Nacional Indígena, es una lucha por la vida con libertad, con justicia, con democracia, con dignidad.

 

Ahora es la hora del Congreso Nacional Indígena.

En nuestro paso retemblará en sus centros la Tierra.

En nuestro sueño se derrumbará el cinismo y la apatía.

En nuestra palabra se levantará la de quien no tiene voz.

En nuestra mirada se iluminará la oscuridad.

En nuestro oído encontrará casa el dolor de quien se piensa solo.

En nuestro corazón encontrará consuelo y esperanza la desesperación.

Con nuestro desafío se asombrará de nuevo el mundo.

 

 

 

3.- “in in xochitl, in cuicatl”

 

Desde antes de la Conquista española los mazehuales ya estábamos divididos, pues no había una nación nahua, lo que imperaba era la hegemonía y la dominación aztecas sobre otros pueblos nahuas (tecpanecas, tlaxcaltecas, huejotzincas…) y también sobre otros pueblos que no eran nahuas (totonacos, mixtecos, popolocas…).

 

En la época de la Colonia, los nahuas fuimos divididos en encomiendas, actualmente lo estamos en entidades federativas; en el CNI estamos nahuas que vivimos en una decena de estados del país. Y aun dentro de nuestras propias comunidades estamos también divididos por los diferentes partidos políticos y religiones cristianas.

 

Al afirmar que somos mazehuales –gente originaria del mundo náhuatl- estamos diciendo que, como pueblos, hemos resistido la guerra de exterminio que el capitalismo nos impone, pues los siglos han pasado y seguimos teniendo un rostro y un corazón propios, o sea identidad; que somos portadores de una forma de comprender y vivir la existencia distinta de los moldes conceptuales conocidos por el hombre occidental.

 

Al conocer y reconocer nuestra historia, aprendemos que nuestro origen y rasgos culturales vienen de hace más de 500 años, de mucho más atrás en el tiempo, de la antigua Tollan, que no es otra que la sagrada Teotihuacán; que desde entonces no uno, sino muchos pueblos nahuas han pasado a lo largo de la milenaria historia de la cultura náhuatl; que nuestra historia no es sólo cosa del pasado, que es, también y sobre todo, cosa del futuro.

 

Soñamos, pues, con reconstruir juntos nuestro mundo. No para dar un vuelco imposible a alguna añorada época del pasado, sino para hacer uno nuevo, mejor; porque en el actual sólo hay caos, muerte y destrucción. Al lado, siempre, de las organizaciones, pueblos, naciones y tribus que conformamos el CNI.

 

Como mazehuales pensamos que, para fortalecernos, es bueno que nos encontramos para compartirnos lo que vemos y hacemos en los diferentes ámbitos de la vida de nuestras comunidades en el presente: en educación, salud, comunicación, seguridad, arte, economía, espiritualidad, política.

 

Es por eso que decidimos convocar y convocarnos al primer encuentro:

 

Mazehualtin

 

“Por la reconstitución integral del pueblo nahua”

 

Sí, nada más eso queremos: mirarnos y escucharnos como pueblo nahua. Pero no sólo entre integrantes nahuas del CNI, sino también con otros paisanos, con gente que, de una u otra forma, mantiene conscientemente alguna relación, apego, interés o vínculo con el mundo náhuatl.

 

Para la realización de este primer encuentro, estamos poniendo nuestro espacio: el Caracol que canta al Universo, en el municipio de Huitziltepec, en la Mixteca poblana. Se llevará cabo los días 11 y 12 de marzo del presente.

 

Nuestros invitados especiales serán integrantes nahuas del Congreso Nacional Indígena y una comisión de padres nahuas de Ayotzinapa, quienes, por cierto, ya confirmaron su asistencia.

 

Todos, todas, están invitados.

 

La flor de la palabra no muere,

Aunque en silencio caminen nuestros pasos.

En silencio se siembra la palabra.

Para que florezca a gritos se calla.

La palabra se hace soldado para no morirse en el olvido.

Al olvido sólo regresarán quienes rinden su historia.

Para vivir se muere la palabra, sembrada para siempre en el vientre del mundo.

Naciendo y viviendo nos morimos.

Siempre viviremos.

 

 

 

Tlazokamati. Gracias.