El Frente en Defensa de Wirikuta Tamasima Wahaa encabezado por el Consejo Regional Wixárika convocó en octubre del 2011 a una jornada de movilizaciones en defensa de Wirikuta, sitio sagrado del pueblo wixárika ubicado en el desierto de Real de Catorce, San Luis Potosí, el cual se encuentra amenazado por diferentes concesiones mineras otorgadas por el Estado mexicano a empresas canadienses.

Las jornadas comenzaron con una conferencia de prensa realizada el día 26 de octubre del 2011 en las instalaciones del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro.  Al terminar el evento, el maestro Filo, a nombre de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata (EAEZ), obsequió al pueblo wixárika en pie de lucha: una pintura que representa a Tonantzin-Guadalupe, la Madre Tierra, y compartió al pueblo wixaritari las siguientes palabras:

 

Hermanos y hermanas Wixaricas,

 

En verdad, sólo Tloke Nahuake,

el que está junto a todo y junto al cual todo está,

hace que alguien merezca las flores aquí en la tierra;

por eso llora mi corazón, recuerdo que he ido allá

a contemplar Xochitlalpan, la tierra florida.

 

En verdad es otro el lugar donde se descarna la vida.

Vaya yo allá, vaya yo a cantar,

al lado de las variadas y preciosas aves,

disfrute yo allá, de las bellas, fragantes flores,

sólo las que alegran a la gente, las que embriagan con gozo,

sólo las que embriagan y alegran con su fragancia…

 

Las grandes religiones de la humanidad han utilizado diversas plantas en su culto. Plantas sagradas, plantas que cambian el estado normal de percepción.

La antigua religión romana, hoy representada por la Iglesia católica utilizó, y utiliza, la uva en su culto. En el hinduismo fue, y es, la ganja, mejor conocida como mariguana.

En la antigua religión mexicana, la que se practicaba en estas tierras antes de la imposición del cristianismo, se utilizaban, y utilizan, diversas plantas para entrar a otro estado de conciencia.

Los antiguos nahuas las llamaron tlazoxochime, “flores preciosas”, “las flores que embriagan, las que alegran nuestros corazones”, las que arrebatan a quien las ingiere a otra realidad, tan real como la realidad misma; un mundo de belleza insólita y sorprendente, en el que canta la poesía, donde se recrean sensaciones y reflexiones más allá de lo imaginable.

En náhuatl antiguo Xochitl podía significar de manera figurada las plantas sagradas; y el incomparable mundo de portentos al que invitan es llamado Xochitlalpan, la Tierra florida. 

 Como prueba irrefutable del consumo de plantas en la religión originaria de estos suelos, en el Museo Nacional de Antropología se encuentra, en la sala azteca, la escultura de Xochipilli, el príncipe florido.

En el cuerpo de Xochipilli se encuentran talladas flores preciosas (el ololiuki, el tlitliltzin, el tabaco, el sinikuchi, la poyomatli); en el pedestal se encuentra grabado el hongo alucinógeno, el teonanacatl, la carne sagrada. Xochipilli es un indígena que está bajo el efecto de las plantas sagradas, es el éxtasis hecho piedra.

Más al norte del Anáhuac, los antiguos mexicanos descubrieron y consumieron, y consumen, otras plantas sagradas, entre ellas el jikuri, el comúnmente llamado peyote.

Hermanos y hermanas wixaricas, ustedes son los guardianes vivos de la antigua espiritualidad de esta tierra.

El Museo Nacional de Antropología guarda objetos de un mundo muerto, de las culturas indígenas como algo que ya pasó. Ustedes muestran y demuestran que la espiritualidad de esta Tierra sigue viva y es cosa del presente.

En la Caravana al Sur, en la Universidad de Oaxaca, en la mesa de Pueblos Indígenas en Resistencia, escuchamos “su aliento, su palabra”, supimos de boca de uno de ustedes de los planes del Poder para adueñarse, explotar y destruir Wiricuta, el lugar sagrado de los hombres y las mujeres wixaricas.

En aquella ocasión, nosotros, la Escuela Autónoma Emiliano Zapata, en la mixteca poblana, les hablamos de la resistencia cultural de los nahuas; expusimos que la pintura que se encuentra en la Basílica de Guadalupe y la narración de las apariciones de la Guadalupana al indígena Juan Diego, fueron realizadas por sabios-artistas indígenas.

A mediados del siglo XVI, al inicio de la invasión española y en medio de una autentica guerra religiosa y entre el horror de la muerte y destrucción, Marcos Zipactli y Antonio Valeriano, guardaron los símbolos y las palabras del universo de la cultura náhuatl; también afirmamos que estos han estado ahí, por 450 años, ocultos, a la vista de todos.

Hoy queremos compartirles que los antiguos nahuas no sólo guardaron sus símbolos y palabras sagradas, también intentaron, y lo lograron, conservar un lugar sagrado de la religión náhuatl.

Los franciscanos, encargados de evangelizarlos y, ergo, de destruir la cultura náhuatl, se oponían fervientemente a que se les permitiera acudir al cerro del Tepeyac. El propio fray Bernardino de Sahagún argumentaba que los indios no iban al Tepeyac a venerar a la Virgen María, que ellos iban al Tepeyac a buscar a su Tonantzin”; y que deberían prohibírselos.

Y es que desde siglos antes del inicio de la invasión cristiano-occidental, el cerro del Tepeyac era ya un lugar sagrado para los pueblos del Anahuac, ahí veneraban a Tonantzin: Nuestra Venerada Madre; no a una mujer con poderes sobrenaturales, sino a la Tierra. La Madre generosa que a todos alimenta y a la que al morir regresaremos. Actualmente el cerro del Tepeyac es uno de los polos espirituales más importantes del planeta.

Hace poco, apenas 2 semanas, en la ceremonia inaugural de la Plaza Mariana confluyeron los poderes político (Felipe Calderón y Marcelo Ebrard), económico (Carlos Slim) y religioso (Norberto Rivera). En los hechos, el Poder ha secuestrado el Cerro del Tepeyac, antiguo lugar sagrado de los nahuas, para hacer negocio…. y lo mismo quieren hacer con Wiricuta, su lugar sagrado de ustedes.

Hermanos y hermanas wixaricas, nuestra propuesta es que caminemos en procesión en silencio, desde el Templo Mayor, donde se fundó esta ciudad de México, hasta el Cerro del Tepeyac, y una vez ahí, en la cima del sagrado cerrito, llevemos a cabo una oración a la Madre más primera, es decir, a esta Tierra. Esta pequeña acción, según nuestro humilde entender, pondría su lucha, la de ustedes, por defender un lugar sagrado, en su justa dimensión.

Nosotros estamos aquí para solidarizarnos, para hermanarnos con su lucha; la cual es la misma que la nuestra: cuidar y defender a Tonantzin, Nuestra Venerada Madre, esta Tierra. Por eso, respetuosamente, de parte de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata, en Huitziltepec, en la mixteca poblana, queremos obsequiarles una pintura, la que más bien es un estandarte.

 

La Madre Tierra ha sido tan generosa con nosotros, nosotras, sus hijos e hijas, que nos ha dado plantas para alimentar nuestro cuerpo, y plantas para alimentar nuestro espíritu. Por eso, en esta sencilla pintura que representa a Tonantzin, Nuestra Venerada Madre, la Tierra, están plasmadas las flores preciosas de la cultura náhuatl, y también el jíkuri, de ustedes. Esta pintura es un símbolo pero también una pregunta:

¿Habrá vida para la Tierra, la Madre más primera? -No, no habrá vida para la Tierra – se apresuran a responder arrogantes las trasnacionales- habrá muerte, habrá guerra, habrá negocio.

Compañeros y compañeras wixaricas, hace falta una respuesta; la de la voz morena, la del color de la Tierra, o sea la nuestra. “Sí habrá vida para la madre Tierra”. Pero tendremos que cuidarla y defenderla…con amor, es decir, con toda nuestra fuerza espiritual… y hasta morir si es preciso.

Makamo ken mochihua in toix, in toyollo ¿Kuix amo nikan yehuatl ka in Tonantzin?

No tenemos nada que temer ¿Acaso no está aquí ella que es nuestra Madre?

Por la Escuela Autònoma Emiliano Zapata

Maestro Filo

Huitziltepec, Mixteca poblana.

Aquí el video de la participación del maestro Filo en la conferencia de prensa:

 

 

Al finalizar el acto, el maestro Filo acompañó a los compañeros wixárikas a la cima del Tepeyac en donde realizaron un ritual a la Madre Tierra.

Posteriormente bajaron  del sagrado cerro y se retiraron (sin haber entrado a la Basílica) a seguir con las actividades planeadas en Ciudad Universitaria.

Al llegar a la Ciudad Universitaria fueron recibidos por cientos de estudiantes y activistas a un costado de la torre de Rectoría. Desde ahí iniciaron una marcha que culminó en la Facultad de Ciencias, en donde se realizaron diferentes actos políticos, artísticos y culturales.

Al siguiente día, jueves 27 de octubre, se llevó a cabo un ritual de la religión wixárika  en la Zona Arqueológica de Cuicuilco, al sur de la Ciudad de México, donde se encuentra una pirámide circular, una de las más antiguas en estas mexicanas tierras.

 Dicho ritual fue celebrado por varios marakames (sacerdotes de la espiritualidad indígena) de diferentes comunidades wixárika. Uno de ellos  llamó al maestro Filo , quien todo el tiempo andaba llevando su pintura de Tonantzin-Coatlicue-Guadalupe, y le pidió que  se pusiera a su lado. El marakame le dio la bendición a la pintura guadalupana con sus plumas de águila y la mantuvo ahí, en el epicentro del ritual wixarica.

 

Aquí el video de parte del ritual en Cuicuilco (vía EmergenciaMx):

El maestro Filo y la pintura en el ritual:

Al final de la ceremonia,  en el lugar se dejó un bello altar en ofrenda a la Madre Tierra, al que se sumó la pintura de Tonantzin-Guadalupe que acompañaba al maestro Filo.

Posteriormente continuaron las actividades programadas en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

Mientras esperaban a los demás compañeros para iniciar la travesía en los camiones hasta el Ángel de la Independencia, de donde partiría la marcha que se dirigiría a Los Pinos para exigir al Ejecutivo federal que se cancelen las concesiones mineras otorgadas en Wirikuta a la empresa minera First Majestic Silver y cualquier otro proyecto que atente contra su sitio sagrado, el maestro Filo y otros compañeros wixaritaris elaboraron un estandarte para la pintura guadalupana que antes, en nombre de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata,  les había obsequiado a su lucha.

Durante toda la marcha se podían observar en lo alto las dos pinturas guadalupanas, una con los símbolos de la cultura wixárika y la otra con los de la cultura náhuatl, ambas, caminando juntas, hermandas en la lucha por cuidar y defender a Tonanzin, Nuestra Venerada Madre, esta Tierra.

 

Foto: frenteendefensadewirikuta.org