El pasado 29 de septiembre del 2017 el maestro Filo, de la Escuela Autónoma Emiliano Zapata,  se presentó en el aula Enrique  del Moral, en la facultad de arquitectura de la UNAM. Fue invitado como ponente en el marco del seminario multisitio: Procesos de emancipación de los pueblos originarios y afrodescendientes.

El maestro originario de Huitziltepec, en la Mixteca poblana, participó en la mesa: “Arquitectura, arte, ritual y mito en la realidad de las culturas originarias y afrodescendientes.”

 

 

 

Empezó afirmando que un mundo, literalmente hablando, se está derrumbando; y pregunto al público:

 

¿Lo ven?

¿Lo escuchan?

 

Planteó que el mundo se encuentra en medio de una enorme crisis cosmogónica y civilizatoria en todos los órdenes de la vida  (geopolítica, geofinanciera, geoeconómica, ambiental…) y ante una bifurcación.

 

Por un lado, el advenimiento de un sistema más brutal que el capitalismo, más represor, más brutal, más sanguinario, más controlador, uno en el que la novela de George Orwell, 1984, sea un cuento para niños. O por otro,  el surgimiento de un mundo mejor, más justo y más humano, uno en el que sea posible el florecimiento y resurgimiento de la civilización mesoamericana, de los pueblos indígenas de México. Pero que no se construirá sólo, sino que habrá que luchar por él.

 

Procedió entonces a hablar desde su cultura, la náhuatl.

 

Explicó el significado que guarda la víbora de cascabel en la cultura náhuatl.

 

Comparó el significado que le da el judeocristianismo a la serpiente, como símbolo del demonio,  con el de los pueblos mesoamericanos, como símbolo materno de la tierra.

 

Luego explicó la obra de arte, un estandarte bordado a mano, que consigo llevaba. Habló de las dos víboras de cascabel cuyas cabezas se encuentran, y que al mirarlas de perfil, forman el rostro terrible de la madre Tierra. Y como de sus cabezas surge desafiante la efigie de una mujer indígena nahua, ricamente ataviada, una zihuapilé,  su nombre: Totlaltikpaknantzin.

 

 

Contó la historia del estandarte, desde los sentimientos que lo provocaron hasta los  muchos caminos recorridos. Puso en claro que éste es una obra de arte náhuatl que no aspiraba a ser expuesta en alguna galería sino a caminar los caminos de las rebeldías y resistencias del México de abajo.

 

 

 

 

Pasó entonces a hablar propiamente de arquitectura. Dio a conocer que en la Mixteca poblana hay una edificación única, ni más ni menos que un Teokali, una pirámide, un templo de la antigua religión náhuatl consagrado a Tonantzin, la madre Tierra.

 

 

 

Destacó que la construcción es en sí un desafío, pues no es una ruina arqueológica sino que es del presente, está viva, es decir, está en funciones.

 

Contó que apenas el domingo 24  de septiembre del año en curso,  frente a la Pirámide guadalupana se llevó a cabo una siembra de nombre, un ritual para nombrar, por la tradición náhuatl, a una bebé, acompañada, claro, de sus padres. Aclaró que no es la primera vez que se lleva  a cabo ese tipo de ritual; a varios  niños y jóvenes se les ha sembrado su nombre náhuatl. Puntualizó que, a diferencia de  un bautizo católico en el que se encomienda al bautizado a la Iglesia católica, en la siembra de nombre se encomienda a la madre Tierra.

 

 

 

 

Además, anunció que, como hace un año, un grupo de peregrinos saldrá de la Pirámide guadalupana la madrugada del 18 de diciembre, rumbó al cerro del Tepeyac. Caminarán durante 5 días atravesando pueblos y ciudades, ríos y barrancas, carreteras y autopistas, caminos y veredas, cerros y volcanes, y al amanecer del 22 de diciembre llegarán, cansados y adoloridos,  a la cima del Tepeyac; una vez ahí, le dirán a Tonantzin, la madre Tierra:

 

 “Aquí estamos. No nos rendimos. No nos vendemos. No claudicamos. Por cuidarte y defenderte estamos dispuestos hasta morir si es preciso. Y ya estamos listos ya para lo que se viene”

 

Y le ofrendarán  flores y cantos.

 

 

 

Al contar la historia de la Pirámide guadalupana, reveló que en realidad no es una sino 3 pirámides superpuestas una sobre la otra. La primera etapa con una altura de menos de un metro, la segunda de dos metros y la que se contempla actualmente de 6 metros de altura por 8.4 de base.

 

 

 

Rememoró  que a lo largo de 16 años se han realizados rituales en los equinoccios y solsticios; y también velaciones, que a grandes rasgos consisten en estar cantando y ofreciendo flores desde el anochecer hasta el amanecer.

 

Planteó que la guerra religiosa iniciada hace 5 siglos  por la invasión a estas tierra del occidente cristiano continúa, pero ha tomado otro rumbo; dijo que antes fue el cristianismo romano el que  se impuso a cruz y a espada, a sangre y fuego, pero hoy es el cristianismo anglosajón, la sectas gringas, las que están llegando a convertir a la gente de los pueblos.

 

 

Reiteró que el Teokali de Tonantzin obedece en su ordenamiento y estructura a ideas provenientes de la cosmovisión náhuatl, es decir a la creencia y el conocimiento que esta cultura  tenía sobre el funcionamiento y la estructura del Universo. No siendo casual que tenga, por ejemplo, 13 escalones, que son los 13 niveles celestes para alcanzar el Omeyocan.

 

 

Describió a la pirámide como un libro cuyas paredes  se despliegan y leen a la manera de los antiguos códices.

 

Manifestó que esta pirámide constituye un pequeño ejemplo del ingenio y la habilidad de los nahuas para conjuntar  armónicamente sus conocimientos calendáricos y arquitectónicos con la cosmovisión náhuatl. La asociación con el planeta Venus y el Sol y el significado de los números implicados en sus elementos arquitectónicos convierten a esta pirámide en el axis mundi que comunica el ámbito celeste con el inframundo. En su opinión se trata de una sencilla edificación que se manifiesta de manera  humilde como un monumento al tiempo y al espacio nahuas, revelando un mensaje simbólico de máxima sacralidad.

 

 

 

Ya para finalizar narró que en aluna ocasión alguien le reclamó y acusó de estar inventando una nueva religión a lo que el respondió:

 

“No estamos aquí para ser competencia de nadie, sino para algo mucho más serio: ocupar nuestro lugar.”

 

 

Terminó afirmando que es el tiempo del florecimiento y resurgimiento de la cultura náhuatl.