Respuesta de la EAEZ a una alumna que lo preguntó:

En 1582 el Papa Gregorio XIII llevó a cabo la reforma del calendario juliano; éste había acumulando ya un error de 10 días, por lo que el equinoccio de primavera caía el 11 de marzo. Para tal corrección se aumentaron los 10 días de golpe, y de la noche del 4 de octubre amanecieron al 15, por eso ese año se conoció en Europa como el de la Confusión.  Esto significa que todas las fechas anteriores a la reforma gregoriana mantienen ese error de 10 días. El 12 de diciembre de 1531, fecha atribuida a la aparición de la pintura guadalupana, corresponde al calendario juliano; ergo, en el calendario actual, el gregoriano, esa fecha corresponde al 22 de diciembre de 1531.

La historia de las apariciones guadalupanas al indígena Juan Diego son parte de una obra literaria escrita en náhuatl del siglo XVI, época en la cual los conquistadores cristianos utilizaban su calendario juliano. De manera que la fecha a la que hace alusión esta narración (que al carecer de titulo es conocida comúnmente con el nombre de Nican Mopohua, a raíz de ser las dos primeras palabras con la que empieza) es el solsticio de invierno de 1531.

El solsticio de invierno es el día más corto del año y la noche más larga. Además, viendo de cara al poniente, es el día en que el sol alcanza su posición más al sur, o sea a la izquierda, pues a partir de ese día el sol empieza su recorrido de 6 meses para llegar a su posición más al norte, el solsticio de verano, el 22 de junio, el día con más horas de luz del año y el de la noche más corta. Los equinoccios de primavera y otoño, el 21 de marzo y el 21 de septiembre, se presentan cuando el sol pasa en medio de esos dos extremos sur-norte; en ambos equinoccios el día y la noche duran lo mismo.

En su mundo de poesías y metáforas, los antiguos nahuas vieron en el solsticio de invierno  al sol  como un recién nacido. De acuerdo a los antiguos mitos nahuas, la madre Tierra parió a las estrellas, a la luna y al sol. En el panteón azteca aparecen los nombres de Coatlicue, los Cenzonhuiznahua, la Coyolxauqui y Huitzilopochtli.

Es solsticio de invierno del 2012 y es tiempo de preguntar:

¿Qué pasó con el mundo espiritual de la antigua cultura náhuatl? ¿De verdad fue posible que el espíritu de una milenaria civilización fuera borrado de la faz de la Tierra?

La EAEZ responde que el espíritu del mundo náhuatl no fue aniquilado (a pesar de la brutal destrucción de templos, bibliotecas, palacios, esculturas, libros… y el asesinato selectivo de sabios y sacerdotes), tuvo que transmutarse para no morir; encontró una forma de conervarse para volver a nacer, y permanecer. El guadalupanismo mexicano (para diferenciarlo del guadalupanismo español, cuyo lugar de origen se encuentra en el monasterio de Puebla de Guadalupe, en la región de Extremadura) guarda la esencia del antiguo pensamiento náhuatl.

De hecho, en su origen mismo, el catolicismo y el guadalupanismo mexicano representan dos mundos diferentes, dos religiones distintas:

  • En el catolicismo, en Palestina, una de las provincias del Imperio romano, el dios judío, Jehová,  escucha los ruegos de su pueblo y entra en la historia terrenal. Ese momento es la Navidad, el instante en que “algo” del mundo divino entra a la Tierra. Jehová envía a su hijo quien nace de una mujer judía virgen, a través del Espíritu Santo.
  • En el guadalupanismo mexicano, Juan Diego, un macehual, un hombre común y corriente del pueblo náhuatl, en el contexto de una guerra de conquista espiritual, penetra al Xochitlalpan, al mundo sagrado indígena. Una vez ahí se encuentra cara a cara con dios, pero en su aspecto femenino. Es la Madre de Ipalnemohuani,  de Tloque Nahuaque, la madre de quienes son originarios de estas tierras; ella habla con él y le asegura que nada tiene qué temer; le ofrece remediar todas las miserias, penas y dolores de todos los que la busquen y cufien en ella. Le solicita que le levanten un Teocali, un templo, ahí mismo en el Tepeyac. Le pide que recoja flores preciosas de la cima del cerrito como prueba de que su experiencia fue verdadera.

La estrategia de los indígenas nahuas del siglo XVI, en medio de una cruenta guerra religiosa, entre muerte y destrucción, era conservar el Tepeyac como lugar sagrado de su propia religión, necesitaban un lugar donde mantener su propia espiritualidad. Porque desde muchos siglos antes de la imposición del cristianismo, el Tepeyac había sido el lugar en el que veneraban a Tonantzin, Nuestra Venerada Madre, la Tierra.  Y lo consiguieron, lograron mantener el Tepeyac como lugar sagrado. Y cómo no podían tener ahí, en público, a la vista de los conquistadores españoles, una obra de arte que representara a su Tonantzin, fue que un artista indígena se encargó de realizar una pintura que a los ojos católicos fuero sólo una advocación más de la virgen María, y que por parecerse a la de Guadalupe, en España, la nombraron así.

No fue un hombre común y corriente quien pintó la hermosa imagen. Fue alguien cuya cultura madre  era la náhuatl y que fue llevado a estudiar con los franciscanos. Este pintor fue alumno de la escuela de fray Pedro de Gante y fue uno de los más destacados. Lo ponían a hacer copias de santos y vírgenes. Este artista tuvo la osadía de plasmar símbolos de la cultura náhuatl en la pintura guadalupana. Colocó en el centro una flor de cuatro petálos, nada más ni nada meno que un Nahui Ollin (semejante símbolo lo llevan esculturas de la talla de la Coatlicue, el Calendario azteca y el Huehueteotl), el cual simboliza el origen del Quinto Sol. Y para que no cupiera lugar a la duda de que ella era Tonantzin, plasmó glifos de cerros floridos del Tepeyac sobre el vestido de la Guadalupana.

La imagen guadalupana fue pintada entre 1555 y 1556. Pero el autor del Nican Mopohua escribió deliberadamente el año de 1531 como la fecha del inicio del culto guadalupano. Esto se debe a que en los calendarios mexicanos (mayas, mixtecos, nahuas…), más exactos y complejos que el europeo, el ciclo de 52 años es fundamental para comprender su concepción espacio-tiempo.  De acuerdo a los antiguos mitos nahuas, antes de que existiera la era actual existieron otras 4. Estas 4 fuerzas cósmicas estaban  regidas por un elemento, a saber: tierra, aire, agua y fuego. Cada una predominó sobre las otras 3 durante largos intervalos de tiempo, miles y miles de años; hasta que finalmente se encontró la armonía con lo que nació la quinta era, es decir, el Quinto Sol, la era actual. En esta, cada fuerza tiene influencia sobre periodos de 13 años, que corresponden a uno de los 4 rumbos del universo. Por esto es que los antiguos mexicanos medían el tiempo en periodos de 52 años, al cabo del cual empezaba otro y así sucesivamente, cíclicamente.

En el calendario mexicano, el año que marca el inicio del Quinto Sol es un 13-Acatl. Cada 52 años se repite un ciclo y vuelve a caer un año 13-Acatl. En la parte superior de la Piedra del Sol, el famoso calendario azteca, aparece inscrito el año 13-Acatl, correspondiente al año 1479. Luego entonces el año 1531 marca igualmente un año 13-Acatl (1479 + 52 = 1531).   Así, para la cultura náhuatl, el solsticio de invierno del año 13-Acatl (12 de diciembre de 1531 del calendario juliano) marca el inicio de la resistencia espiritual por el cerro del Tepeyac.

En la EAEZ decimos que ambas obras de arte, la pintura guadalupana y el Nican Mopohua, pertenecen al mundo náhuatl; que Tonantzin y el Tepeyac representan la resistencia cultural de lo pueblos indígenas de México; y que el culto guadalupano en México representa el fin, la continuación y el comienzo de la antigua cultura náhuatl.

Este 22 de diciembre del 2012  no marca el fin del mundo, sólo el fin de una era. Es el fin de la larga noche de 5 siglos sobre los pueblos indígenas de México; lo cual incluye no sólo a los mayas sino también a los huicholes, purépechas, yaquis, triquis, mixtecos, ikoots, tlapanecos, zapotecos, nahuas,…

comunicado-ezln-21-12-2012

Porque ya se mira el horizonte; porque Occidente y su sistema capitalista han llevado a la humanidad y al mundo al borde del exterminio; porque más allá de cualquier profecía, lo verdaderamente importante es la situación actual en México, de desastre y emergencia nacional; porque  los macehuales decimos que ya estuvo bueno de tanto despojo, de tanta explotación, de tanto desprecio, de tanta represión, de tanta devastación ambiental, de tanta opresión, de tanta delincuencia, de tanta corrupción, de tanta violencia, de tantos muertos; porque hasta ella, Tonantzin Guadalupe, la Madre más primera, dice que ¡Ya Basta! es hora de levantar el estandarte guadalupano y juntos, juntas, gritar:

 

Democracia, Libertad y Justicia

Nunca más un México sin nosotros

Paz con Justicia y Dignidad

 

 

 

Por la EAEZ

Maestro Filo

pirámide en la mixteca poblana