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De las 1200 del 1 de noviembre a las 1200 del 2 de noviembre la EAEZ se plantó con una ofrenda a un lado de la presidencia municipal de Huitziltepec.

 

De así haberlo decidido, pudimos haber tomado la presidencia muncipal. Pudimos haber puesto nuestra ofrenda frente a sus instalaciones, pero decidimos hacerlo a un lado para mostrar nuestro desprecio al Poder”, declaró el maestro Filo.

 

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Durante esas 24 horas, muchas personas de todas las edades se acercaban. Algunos, principalmente adultos se persignaban, otros simplemente observaban, los hubo quienes se quedaban a dialogar. Varios vehiculos que circulaban por ahí se detenían para contemplar la ofrenda.

 

Un joven señor, padre de familia, despés de platicar sobre Ayotzinapa y el horror que se vive a nivel nacional, preguntó interesado: ¿Y por qué aquí, por qué poner la ofrenda en la presidencia municipal? ¿Les dieron permiso?

 

El maestro Filo le contestó que no tenían por qué pedir permiso, que estaban llevando a cabo un acto político; que el edificio de la presidencia era el simbolo del Poder a nivel municipal; que estaban exigiendo justicia.

 

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Al inicio la ofrenda era pequeña, pero conforme fueron pasando las horas llegaban personas con flores, veladoras, frutas, agua bendita… Para la noche la ofrenda ya abarcaba todo el costado de la presidencia municipal.

 

Algunos integrantes de la EAEZ estuvieron todo el tiempo resguardando la ofrenda, también estuvieron repartiendo el número 23 del periódico escolar el Yacoñooy, el Flechador del Sol. Varias personas del pueblo llegaron a llevarles cosas de comer y beber; en la tarde llevaron gorditas y refrescos; en la noche café, panes, atole y tamales; en la madrugada un chavo llevó tequila “para el frio”; en la mañana llevaron atole, panes y tamales.

 

La ofrenda era un conjunto de simbolos y metáforas.

 

En el centro se encontraba un mural en el que se aprecia la Guadalupana enmedio de un grupo de personas (hombre, niños y mujeres), están marchando y llevan una pancarta escrita en náhuatl que llama a luchar por nuestra venerada Madre la Tierra, a la que llaman patria. Debajo de esta escena colocaron una bandera de México, ensangrentada y con un moño negro; sobre esta pusieron la emblemática pintura guadalupana de Hasta la Madre dice Ya Basta.

 

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Hasta arriba del mural se leía la frase: En México todos los días son Dia de Muertos.

 

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Ya sobre el piso colocaron una pequeña réplica de la famosa representación de Coatlicue,  la de la Falda de Víboras de Cascabel, cuyo original se encuentra en el Museo Nacional de Antropología; arriba de la Coatlicue  un letrero que rezaba: a los más de 100 mil muertos en los últimos 8 años de esta absurda guerra. Un poco más adelante una representación del eterno ciclo de la vida y la muerte. También dos banderas, la del pueblo yaqui y la de Congreso Nacional Indígena; entre estas dos un volúmen del códice de la poesía náhuatl:  Cantares mexicanos.

 

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Al lado derecho del mural hab{ia una manta con las palabras: “Presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa Guerrero” y “Libertad incondicional para los compañeros de la tribu Yaqui Mario Luna y Fernando Gutierrez”. Arriba, entre carteles que diseño el colectivo Cain de la ciudad de Puebla, una cartulina con antiguo poema: Con que he de irme cual flores que fenecen, nada será de mi fama aqí en la Tierra; al menos flores, al menos cantos. Abajo de la manta otras dos cartulinas; una con la leyenda “Justicia para la regidora asesinada Mercedes Vazquez Romero” y la otra con “Nunca más un México sin Nosotros”, haciendo referencia a los millones de indígenas muertos desde que inicio la guerra de Conquista por parte de Occidente. Sobre el petate una foto del niño asesinado por la Policia Estatal, en Chalchihuapan:  José Luis Alberto Tehuatle Tamayo.

 

 

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Al lado izquierdo del mural pusieron 43 hojas tamaño carta con los rostros de los 43 estudiantes desparecidos. Abajo un cartel con las palabras: Su dolor es nuestro Dolor.

 

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Entre flores de Cempaxochitl y una 50 veladoras, ese espacio tan sucio, tan corrupto, tan desonesto, tan criminal, la Presidencia municipal de Huitziltepec, durante esa 24 horas se sacralizó. Lo cual demuestra irrefutablemente que Otro Huitziltepec es posible.