El pasado 2 de octubre fue organizado en Acatzingo, por integrantes del CNI, un  evento para conmemorar el 2 de octubre. Por la tarde, en el zócalo, se presentaron un cantante de hip hop, 2 bandas de rock y una de ska. A las 9 de la noche la EAEZ de Huitzltepec dio su palabra en voz del maestro Filo.

 

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Empiezo con un poema:

 

Y todo esto pasó con nosotros.

Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos.

 

Con esta lamentable y triste suerte,

nos vimos angustiados.

 

En los caminos yacen flechas rotas,

los cabellos están esparcidos.

 

Destechados están las casas,

enrojecidos tienen sus muros.

 

Gusanos pululan por calles y plazas

y en las paredes están los sesos.

 

Rojas están las aguas,

están como pintadas,

y cuando las bebimos,

es como si bebiéramos agua de salitre.

 

 

Antes del 2 de octubre de 1968, en Tlatelolco, ocurrió otra masacre más primera.

 

El 13 de agosto de 1521 cayó el último bastión de la resistencia azteca, precisamente ahí, en Tlatelolco.

 

Ahí fue vencida la nación mexihca.

Ahí fue apresado Cuauhtemoc.

Ahí se consumó la Conquista.

 

Los relatos indígenas de la Conquista, narran que eran tantos los cadáveres, regados y esparcidos por calles y canales, que difícilmente se podía caminar y navegar. Cuentan que por toda la ciudad se escuchaban desgarradores gemidos de heridos que sostenían con las manos sus propias entrañas. Cuentan que el polvo, el humo y la niebla inundaban y nublaban el aire. Cuentan que sólo reinaba la muerte y la destrucción.

 

Las conquista de la ciudad de México, Tenochtitlan y Tlatelolco, marcó el inicio de la imposición de la civilización cristiano-occidental sobre los pueblos indígenas de Mesoamérica. Fue el inicio de la guerra de exterminio contra nuestros pueblos.

 

La conquista del continente americano señala una nueva época en la historia de la humanidad, 1492 es la fecha que define el “nacimiento” de la modernidad capitalista.

 

El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población indígena; el comienzo de la conquista y el saqueo de Asia; la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista.

 

Herman Cortes no representó el mundo religioso de la Edad media europea, sino el mundo moderno capitalista: el lucro individual y el deseo de riqueza y poder.

 

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447 años después de la derrota de los mexihcas en Tlatelolco, otra masacre tuvo lugar ahí mismo, entre las ruinas arqueológicas, el 2 de octubre de 1968.

 

¿Cuántos caídos? ¿Cuántos muertos? ¿Cuántos desaparecidos? ¿Cuántos heridos?

 

Eso, es algo que nunca sabremos a cabalidad.

 

Al día siguiente la televisión reporto un día soleado y unos cuantos muertos.

 

Hubo entonces, en 1968, padres y madres que se lanzaron a la búsqueda de sus hijos. Algunos los encontraron torturados y heridos en cárceles y hospitales; otros lo hallaron ya sin vida, pero al menos tuvieron el consuelo de velar y enterrar sus cuerpos.

 

Porque hubo quienes ni siquiera eso. Nunca encontraron los cuerpos de sus hijos. Jamás volvieron a verlos. El gobierno simplemente los desapareció.

 

El ejército los enterró en fosas clandestinas; los incineró en crematorios en sus campos militares; los arrojaron al mar para que fueran alimento de tiburones.

 

Esos padres y madres murieron en vida, angustiados, desesperados, imaginando mil cosas. Pero nunca conocieron la verdad de lo ocurrido a sus hijos.

 

Sin verdad, no hay justicia.

 

Desde la “caída” hasta la “noche” de Tlatelolco, durante 447 años, muchas masacres han ocurrido. Miles y miles de víctimas han sido ofrendadas en el altar de la guerra que, el Capitalismo, lleva a cabo en estos suelos.

 

46 años después del 68, en 2014, el 26 de septiembre, hace ya un año, varias decenas de estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, acudieron a la central camionera de Iguala, en el estado de Guerrero, para conseguir autobuses y poder así asistir a la marcha del 2 de octubre en Tlatelolco, en la ciudad de México.

 

Ahora ya salió a la luz que desde Iguala había una ruta de transporte de drogas hacia Estados Unidos, en autobuses de línea, en compartimientos secretos. Ésta era controlada por bandas criminales con la complicidad de los gobiernos en todos sus niveles.

 

Los estudiantes de Ayotzinapa no lo sabían, pero uno de los autobuses que se llevaban estaba cargado de “mercancía”. La respuesta de las bandas criminales, y del ejército y las policías (federal, estatal y municipal) al ver afectados sus intereses, fue brutal y ya conocemos su saldo:

 

43 estudiantes desaparecidos, 3 asesinados, uno en estado de coma, varios heridos.

 

Es octubre del 2015 y no olvidamos.

 

Ya han pasado 5 siglos, y la guerra del capitalismo continúa hasta el presente; continúa cobrando día a día su cuota de muerte y destrucción; continúa día a día explotando, despojando, reprimiendo y despreciando a quienes abajo somos.

 

Puede llamarse España, Francia o estados Unidos, no importa. Porque el capitalismo no es un reino, un país, un gobierno o una empresa: es un sistema que permite y hace que unos cuantos estén arriba y que la absoluta mayoría estemos abajo, sosteniéndoles, manteniéndoles.

 

Es 2 de octubre y no olvidamos.

 

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Porque quien está arriba a costa de quienes abajo somos lo que somos, miente como forma de hacer política y adorna la muerte, la desaparición forzada, el encarcelamiento, la persecución y el asesinato con el escándalo de su corrupción.

 

Es criminal con fuero y sin vergüenza quien arriba es, sin importar el color de su política.  Sin importar si pretende esconderse detrás de un cambio de nombre y de bandera.

 

Siempre el mismo rostro, la misma soberbia, la misma ambición y la misma estupidez.

Como si al desaparecer y asesinar también quisieran desaparecer y asesinar la memoria.

De arriba y de quienes ahí anidan sus perversiones y bajezas, sólo recibiremos la mentira como salario y la injusticia como pago.

 

Puntuales llegan la injusticia y la mentira, todos los días, a todas horas, en todas partes.

 

No les sacia el despojarnos de trabajo, vida, tierra, naturaleza.

También nos roban a quienes con nosotr@s son: hijos, hijas, hermanas, hermanos, padres, madres, familiares, compas, amig@s.

 

Persigue quien arriba es.  Encarcela.  Secuestra.  Desaparece.  Asesina.

 

No sólo acaba con cuerpos, con vidas.

También destruye historias.

 

Sobre la desmemoria construye el de arriba su impunidad.

 

El olvido es el juez que no sólo lo absuelve, también lo premia.

Por eso, y más, nuestros dolores y rabias buscan la verdad y la justicia.

 

Tarde o temprano aprendemos que no se encuentran en ningún lado, que no hay libro, ni discurso, ni sistema jurídico, ni institución, ni promesa, ni tiempo, ni lugar para ellas.

 

Que hay que construirlas aprendemos.

 

Como si el mundo no estuviera cabal todavía, como si un hueco le hiriera el vientre, lacerado el corazón del color que somos de la Tierra.

 

Así aprendemos que sin verdad y sin justicia, no hay día ni noche cabal.  No reposa nunca el calendario, no descansa la geografía.

En muchas lenguas, idiomas, signos, nombramos a quien falta.

 

Y cada dolor y cada rabia toma un nombre, un rostro, una historia, un hueco que duele e indigna.

El mundo y su historia se llenan así de ausencias, y esas ausencias se hacen murmullo, palabra fuerte, grito, alarido.

 

No gritamos por lamento.  No lloramos por pena.  No murmuramos por resignación.

 

Es para que quienes faltan encuentren el camino de regreso.

Para que sepan que están aunque falten.

Para que no olviden que no olvidamos.

 

Por eso: por el dolor, por la rabia, por la verdad, por la justicia.

 

Desde Tlatelolco hasta Ayotzinapa y todos los Tlatelolcos y Ayotzinapas que hieren los calendarios y geografías de abajo.

 

Por eso la resistencia. Por eso la rebeldía.

 

Porque llegará el tiempo en que paguen quienes nos deben todo.

Pagará quien persiguió, pagará quien encarceló, pagará quien golpeó y torturó.  Pagará quien impuso la desesperación de la desaparición forzada.  Pagará quien asesinó.

 

Porque el capitalismo, el sistema que creó, alimentó, cobijó y protegió el crimen que se viste de mal gobierno, será destruido.  No maquillado, no reformado, no modernizado.  Demolido, destruido, acabado, sepultado será.

 

Por eso en este tiempo nuestro mensaje no es de consuelo ni de resignación para quienes se duelen por una o muchas ausencias.

 

De rabia es nuestro mensaje, de coraje.

Porque conocemos ese mismo dolor.

Porque tenemos en las entrañas la misma rabia.

Porque, siendo diferentes, así nos parecemos.

Por eso nuestra resistencia, por eso nuestra rebeldía.

Por el dolor y la rabia.

Por la verdad y la justicia.

 

Por eso:    No claudicar.  No venderse.  No rendirse.

Por eso:

¡Verdad y Justicia para Tlatelolco!

¡Verdad y Justicia para Ayotzinapa!

 

 

 

Desde el zócalo de Acatzingo.

Por la EAEZ de Huitziltepec,

Maestro Filo,

2 de octubre del 2915.