Los mexicanos poseemos el inalienable Derecho a conservar:

La Historia

La Religión

Las Costumbres

Los Idiomas

Las Tierras

… que heredamos de nuestros antepasados …

Los Olmecas, los Mayas, los Toltecas …

Calmecac  de Huiziltepec

Puebla 

México

17 de Junio del 2002

Al presidente Municipal de Huitziltepec

C. Edgar Herrera Huerta,

En vista de tu negativa al Diálogo, he aquí “mi Aliento, mi Palabra”: Ma xikmati, ma huel yuh in moyollo noxokoyou, ka nehual “in inantsin, in itatsin” in huel nelli Teotl, in Ipalnemohuani, in Teyokoyani, in Tloke Nahuake, in Ilhuikahua, in Tlaltikpake, in Miktlane… ka nehuatl “in namoicnohuakanantsin, in namoicnohuakatatsin”, in tehuatl ihuan in ixkichtin inik nikan Tlalpan ansepantlaka…

En Abril del año pasado, del 2001, fue aprobada por el Congreso de la Unión, la Reforma Constitucional sobre Derechos y Cultura Indígena; esta burla legislativa, acaso la mayor cometida contra el Pueblo y la Historia de México, fue aplaudida descaradamente por el Fox.

Dicha Reforma no recoge el espíritu ni la letra de los acuerdos de San Andrés y modifica en forma sustancial la Iniciativa de Ley elaborada por la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) al señalar que el reconocimiento de los Pueblos y Comunidades Indígenas se hará en las Constituciones y leyes de los Estados de la República, situación que en realidad implica no realizar el Reconocimiento de nuestros Pueblos y nuestros Derechos.

Como protesta contra tal Reforma constitucional, hace un Año, el 16 de junio del 2001, de manera personal, decidí llevar a cabo, ante la presencia de testigos nacionales y extranjeros, un acto de  Rebeldía; este acto consistió en incinerar Documentos oficiales que me relacionaban de manera directa con el Gobierno. Los Documentos que se volvieron Fuego y Cenizas son:

1. Acta de Nacimiento.- expedida en los Estados Unidos Mexicanos en nombre del Estado Libre y Soberano de Puebla, y por el juez del Registro Civil del Municipio de Santa Clara, Huitziltepec.

2. Credencial de elector.- expedida por el Instituto Federal Electoral.

3. Pasaporte.- expedido por la Secretaría de Relaciones Exteriores a través de la Embajada de México en Berlin, República Federal de Alemania.

4. Inscripción al Registro Federal de Contribuyentes y Recibos de Honorarios.- expedidos  y autorizados respectivamente por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

5. Cartilla Militar.- expedida pro la Secretaría de Defensa Nacional.

Incinerado la credencial del IFE

Como consecuencia de la Reforma Laboral Indígena, el Gobierno del Estado de Puebla convocó a la Consulta Estatal sobre Derechos y Cultura Indígena en el Mes de octubre del año pasado (2001) … y fue ahí donde nuestro municipio, Huitziltepec, entró al contexto indígena de México.

El pasado 15 de octubre (2001), el Municipio de Huitziltepec participó, de manera oficial, bajo el auspicio del Gobierno municipal (en ese entonces  exiliado en la Junta auxiliar de Santa Ana Coapan), en el Foro de la Consulta Estatal sobre Derechos y Cultura Indígena celebrado en el Municipio de Huatlatlanca.

Ante estos Acontecimientos, los de Huitziltepec nos hemos dado cuenta de que hay una Historia de los Vencidos; vencidos en general, vencidos étnicos, vencidos culturalmente; y nos hemos hecho conscientes de que entender  qué ha pasado y qué puede pasar en Huitziltepec corresponde pues a la Historia interna de la Conquista y sus cosecuencias 5 siglos después.

Y aquí estamos, seguimos vivos, en defensa de nuestra identidad y supervivencia, los Rostros morenos de pómulos altos y ojos rasgados, ocupando el papel protagónico de la Historia de México, poniendo en claro que la Cultura Indígena no sólo es la memoria prehispánica, los museos, las zonas arqueológicas ni las tiendas de artesanías, sino la clave para entender nuestro país y a nosotros mismos.

El México indígena no es un Mundo pasivo y estático, es un mundo activo y que vive en constante movimiento; en este México fragmentado, vivimos los indígenas condenados a la vergüenza de ser el Color que somos, el Idioma que hablamos, el Vestido que nos cubre, la Música y la Danza que hablan nuestras tristezas y alegrías, nuestra Historia.

Desde la época de la Conquista hasta nuestros días, las relaciones entre el Estado y los pueblos indígenas han sido un problema central para el gobierno en turno en el poder. Durante la época colonial, las leyes indias pretendieron regular esas relaciones manteniendo una cierta autonomía de las comunidades indígenas tradicionales. En el siglo XIX el proyecto moderinzador liberal planteó radicalmente la alternativa crucial entre dos opciones:

1.- La aceptación de aquel estatuto comunal indígena que presuponía el usufructo de nuestra Tierras así como la preservación de nuestros diversos idiomas y costumbres y nuestros modos de autogobernarnos.

2.- La disolución de todas las comunidades, la expropiación de nuestras Tierras y de la conversión de Nosotros, sus pobladores, en ciudadanos mexicanos con “iguales” derechos y deberes que todos los demás.

Esta segunda opción fue asumida por los Liberales considerándola como la más justa con nosotros los indígenas y la más congruente con el proyecto modernizador de México. La aparición del movimiento agrarista durante la Revolución puso de nuevo sobre el tapete el problema indígena, pero la línea preconizada por ciertos intelectuales y antropólogos de la época retomó el proyecto liberal decimonónico y se orientó hacia la postergación y paulatino acabamiento de los idiomas y costumbres tradicionales, la imposición del idioma español, el castellano, como idioma común a todos los mexicanos, y la adopción plena de la ciudadanía nacional. Aunque en el periodo cardenista, la reforma agraria y la institución de los ejidos, permitieron el repunte del respeto a los Pueblos indígenas y a una mediana autonomía, el entonces recién fundado Instituto Nacional Indigenista acabó promoviendo, en nombre del progreso y de la justicia social, la ciudadanización niveladora y el rechazo del régimen autonómico. Como resultado final, la situación se agravó, y acabó en la situación actual.

En el México de hoy, la globalización y el agonizante Estado nacional son una pesadilla, que es la misma en todo el mundo, que nos promete la destrucción más terrible de la memoria histórica.

En el Gobierno del Cambio, que dice estar dispuesto a poner a México al día y ala vanguardia, está operando una verdadera campaña de exterminio en contra de los indígenas, de los sostenes fundamentales de la Soberanía nacional; malbaratando las empresas estatales, cediendo a las presiones de los mercados internacionales, abandonando sus funciones de servicio social, liberando precios de productos básicos y controlando salarios, vinculando el futuro de la moneda nacional al arbitro de los grandes centros financieros, plegando sus acciones de gobierno a las campañas publicitarias (para las que Fox es un expertazo) que el Mercado en venta de naciones exige, adjudicándoles a las fuerzas armadas nacionales el papel de policías de barrio en la Aldea global…

Los medios de comunicación de masas (Televisa y TvAzteca) tratan de inculcar el modelo de un México imaginario, no ya occidentalizado, sino plenamente marcado por los paradigmas estadounidenses en los que los indígenas mexicanos hemos quedado definitivamente excluidos; llegando a grado tal, que los gobernantes mexicanos piensan en inglés, en inglés gringo por supuesto, y sólo se traducen al español cuando ordenan la represión de las Fuerzas.

El Poder ha quedado repartido entre los grandes jerarcas políticos, financieros, religiosos y culturales; es decir, con las voluntades que hoy conducen el sanguinario vehículo del Neoliberalismo en nuestro México.

Al escepticismo hecho doctrina de Estado, a la indiferencia neoliberal y al realismo cínico de la globalización, los indígenas mexicanos hemos contrapuesto nuestra Memoria, nuestra Palabra y nuestros Sueños. Al lanzarnos con todo lo que tenemos en esta lucha, los indígenas mexicanos, como individuos y como colectivo, hemos obrado con un umpulso universalmente humano, el de la Rebeldía.

La Rebeldía nos ha hecho mil veces mejores que antes y nos ha convertido en una fuerza histórica, no por su trascendencia en libros o monumentos, sino por su capacidad de hacer historia. Los indígenas sonreímos  porque sabemos algo, sabemos que en la Historia de México faltamos nosotros. Pero sobre todo, sabemos que no es cierto que la Lucha ha terminado y que hemos perdido. Sabemos que la lucha apenas ha comenzado. Y lo sabemos no porque sabemos, sino porque soñamos.

En suma, los indígenas no somos parte del Ayer, por el contrario, somos parte del Mañana; por eso es que los indígenas resistimos apelando a las estrategias más diversas según las circunstancias de dominación a las que somos sometidos.

Soy el indígena rebelde que se niega a ser sometido, el que prefiere ser Digno, el que no se vende, el que no se rinde, el que cuando quiere ver al Futuro, no mira hacia arriba buscando signo monetario, el que cuando quiere asomarse al Mañana, mira hacia abajo y busca ahí a un Niño y en él busca y encuentra no lo que fue, sino el Espejo de lo que algún día será.

Por todo esto, aunque parece que los indígenas tenemos la mirada baja, en realidad la llevamos bien alto, mucho más alto que quienes allá arriba, como tú y tus colaboradores, creen estar muy alto. Y llevamos la vista en alto porque, cuando hablamos del Mañana, estamos mirando un Niño.

Así, los indígenas reclamamos dejar de ser los constantes perdedores de la Conquista y la Colonización española, de la hegemonía prácticamente criolla, del abandono padecido después de la Revolución, y de la marginación neoliberal a la espera de la liquidación total.

Nosotros exigimos al Poder que mande obedenciendo.

Desde la Presidencia Municipal del Municipio de Huitziltepec

Citlalxochitzin

México, Junio del 2002